Mi bella ciudad ha sido herida

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Soy barcelonesa hasta la médula. He nacido y crecido en Ciutat Vella, el casco antiguo de Barcelona. Amo cada una de esas piedras: romanas, visigóticas, paleocristianas, románicas, góticas, modernistas, modernas. Mi bella ciudad y sus gentes, las que la viven y la visitan, ha sido herida.

Barcino es una ciudad antigua. Su alma alegre y bulliciosa es la superficie visible de una base profunda y oscura, sumergida en el subsuelo. A la ciudad subterránea se entra por el Museo de Historia de la Ciudad. Allí se excavan sus capas, verso a verso, golpe a golpe. Destrucción y renacimiento. Siempre me sobrecogió la pequeñez humana ante la historia, esas piedras que nos sobreviven, el amor y la fe en la humanidad, la humildad e industriosidad, la esperanza para empezar de nuevo.

Mi ciudad ha sobrevivido guerras a sangre y fuego, bombardeos aéreos y represión. Las Ramblas, río de vida, escenario de correrías nocturnas y diurnas, antigua riera, ha sido, de nuevo, el triste escenario de una masacre. Otras batallas se han librado aquí, algunas relatadas por George Orwell en Homenaje a Catalunya. La que hoy hemos experimentado es de otro signo pero también sobreviviremos a ella.

La primera vez que viví un atentado, en Nueva York el 11 de setiembre, tuve una pequeña muestra de lo que es una guerra. Crecí temiéndola. Es peor que el miedo. En Barcelona sabíamos que podía ocurrir. Cambió mi vida. En mi barrio sabíamos que seríamos el espacio elegido porque el terror busca impacto internacional. Lo sabíamos todos pero confiábamos en que no ocurriera.

Barcelona está y estará llena de vida, porque mi ciudad renace como el ave fénix, porque su alma es por la paz y la cultura, porque cree en la paz y la justicia, porque sabe llorar y seguir luchando. Porque rebosa luz y esperanza.

Barcelona t’estimo!

Por Patricia Soley-Beltrán