La Plurinecedad del nuevo PSOE

Santiago Trancón

Ayer escribí en mi Facebook: “No existe una manzana de manzanas, pero sí parece que exista un melón de melones: el nuevo PSOE”. El esperpento nacional ya no cabe en los espejos del Callejón del Gato. El neo PSOE-Podemos ha roto los cristales a martillazos: mejor no tener que mirarse y analizar si la figura grotesca que aparece en ellos es cóncava o convexa. Acoso y derribo de la razón, la palabra, el pensamiento, el lenguaje como instrumento para entendernos, ayudarnos, apoyarnos e intentar mejorar la vida en común, el bien común, la verdad común.

Es tal la plurimelonada mental que ha mostrado el 39 Congreso del PSOE, tan abrumadora su indigencia intelectual y política, que uno entiende la ira de los profetas, los negros vaticinios del ciego Tiresias y el abatimiento de los prudentes. Todo ha sucedido tan rápido como una pesadilla, tan deprimente como una reunión de payasos, tan extravagante como un baile de pingüinos. Han triunfado los más necios, mientras los que todavía guardan alguna idea sensata en su cerebro salían por la puerta de atrás con tanta incertidumbre como cobardía.

Son tan ostentosas las contradicciones, tan increíbles los atropellos a los valores más elementales de un partido hasta ayer todavía respetado por su mesura y coherencia, que uno necesita emplear toda su capacidad de observación y razonamiento para entender qué ha pasado, como es posible el contagio de un delirio tan zarrapastroso. Porque no es posible que nadie proteste cuando un señor que ha defendido la democracia directa y el “empoderamiento” de las bases para ser elegido, se ampare en ello para erigirse en caudillo y elegir a dedo una ejecutiva monocolor, monosilábica, monosectaria (aquí se acaba la plurinacionalidad, la pluralidad y la integración), una camarilla de semianalfabetos (vean sus deslumbrantes currículos) que le sirvan de guardia pretoriana y comisariado chequista encargado de aplastar cualquier atisbo de oposición. Modos tan estalinistas ya los creíamos abolidos por lo que se llamó en su día democracia interna, hoy ya puro desecho orgánico.

Rodeado de esas cabezas privilegiadas, el fatuo, alzado ya con todos los poderes, ha proclamado enfática y engoladamente la cuadatura del círculo, el huevocastaña, la nación plurinación. Ha defendido a la vez la España indivisible y la España dividida, la soberanía única y la soberanía múltiple, la construcción de la plurinacionalidad y la destrucción de la Constitución y Estado. Con un descaro indisimulado, ha anunciado que está dispuesto a llegar al poder concediendo lo que sea a los separatistas y a sus aliados los pabloerrejonistas, demócratas todos ellos, como bien se sabe, de los pies al trasero.

Llegado a este punto uno está tentado a usar el sarcasmo sin freno, explorando todas las posibilidades descriptivas que el español, lengua muy rica en matices despectivos, le ofrece. ¿Cómo cuantificar o cualificar la masa gris que se extiende por el córtex prefrontal de un Ábalos, un Óscar Puente o una Lastra, que son los primeros nombres del neo-PSO que me vienen a la cabeza? (Quitémosle la E de una vez para dejar de confundir).

Digamos que uno tiene la obligación de desenmascarar tanta grosería, tanta memez, tanta neocarcundia y gangrena, porque no es tolerable, aunque sólo sea por respeto a quienes hemos sido antiguos votantes, que el mismo día que el nuevo líder acaudillado proclama la disolución acelerada del Estado (que de pronto se ha quedado sin nación), que ese mismo día, digo, el todavía militante Alfonso Guerra pida la aplicación del artículo 155 de la Constitución en Cataluña y afirme que “el único franquismo que queda es el que practican los dirigentes separatistas”. Imposible tragarnos tanta esquizofrenia: mientras Sánchez acusa al PP de no cumplir la Constitución, nada dice del desprecio diario de los secesionistas a esa misma Constitución, con los que se dispone a pactar porque, ¡esos sí!, son parte de “las fuerzas del cambio”.

¿Hasta dónde llegará este PSOemos con su proyecto de demolición del orden constitucional,  de degeneración de nuestra democracia, base de la libertad, la igualdad, la fraternidad y unidad de todos los españoles? Unidad de la nación, principio que proclamó, junto a los otros tres, la Revolución Francesa y que muchos olvidan, y no sólo por ignorancia.

Nada esperen, amigos (algunos, viejos camaradas), de este nuevo PSOE que ha logrado reunir en su seno a lo peor de su historia, lo peor de la tradición estalinista, revanchista y sectaria, un puñado de ambiciosos que todavía se creen que un día alcanzarán el poder a través de una alianza con los independentistas, a cuyo servicio se han puesto guiados por esa excrecencia nacionalista llamada PSC, que ha contaminado palabras tan nobles como socialismo y Cataluña.

Frente a tanta confusión y cobardía, un grupo cada día más numeroso de ciudadanos estamos dispuestos a impulsar un proyecto de izquierdas que frene este desvarío que nos está hundiendo en un pantano fangoso y paralizante. Se llama Centro Izquierda de España (antes CINC), del que los próximos días espero tengan más noticias, y esperanzadoras.

Por Santiago Trancón, exmilitante del PSOE

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