‘Portavozas y portavozos’, por Ramón de España

A falta de aportaciones más consistentes para el bien común, Podemos nos tiene muy entretenidos con los neologismos (supuestamente) feministas de su portavoz parlamentaria, Irene Montero, que hace unos días se definió como portavoza, a sabiendas de la incorrección de dicho término. Según ella, o eso deduzco yo, no podemos permitir que cosas tan absurdas, abstractas y convencionales –o sea, tan de derechas– como la ortografía y la gramática se impongan al pensamiento progresista. Y hay quien le ha dado la razón y hasta felicitado por la palabrita que se ha sacado de la manga. La reacción general, eso sí, ha sido de estupor y consternación, probablemente porque somos todos unos fachas y no sabemos reconocer la grandeza de espíritu ni que nos muerda la pierna.

El facha que esto firma considera que el feminismo es razonable y necesario, pero que tal vez sea mejor aplicarlo a la realidad social en vez de al idioma. En este caso concreto, además, la palabra voz es femenina y yo no he oído a nadie decir el voz (bueno, sí, puede que a Johan Cruyff, pero el pobre ya no está entre nosotros y es imposible comprobarlo). Añadir una a al final de portavoz resulta, pues, redundante, a no ser que, para diferenciar a hombres de mujeres, la señora Montero cree también la figura del portavozo. Ya puestos, ¿por qué no seguir innovando? ¿Qué tal les suena portamoza para las diputadas y portamozo para los diputados?

Podemos es un partido curtido en el espectáculo y sus líderes saben que lo importante es que se hable de ellos, aunque sea mal

Y la portavoza de Podemos también podría predicar con el ejemplo. ¿Es Irene un nombre lo suficientemente femenino o debería evolucionar hacia Irenea o Irina? ¿Por qué conserva el apellido Montero cuando podría cambiarlo por Montera? Dada la brillantez de sus ideas, aceptaríamos con agrado que pasara de Montero a Bombero y de Bombero a Bombera. Son unas sugerencias que, modestamente, pongo sobre la mesa (¿se han fijado que ahora, en política, todo se pone sobre la mesa?) para que la (hasta ahora) Irene Montero reflexione al respecto. Si necesita consejo, siempre puede recurrir a la pionera Bibiana Aído (o Aída), la que distinguía entre miembros y miembras, aunque hace bastante que no tenemos noticias de ella.

Cierto abuso de la corrección política ha acabado causando, junto a algunas cosas buenas en relación a términos humillantes, bastantes cosas malas para los idiomas y su uso. El feminismo tiene tareas más urgentes en el mundo real que en el de la lingüística, que no deja de ser un código para comunicarse, con sus reglas y sus convenciones. Eso sí, es mucho más difícil conseguir la equiparación de salarios entre hombres y mujeres que inventarse una palabra gracias a la cual saldrás en la prensa varios días. Podemos es un partido curtido en el espectáculo y sus líderes saben que lo importante es que se hable de ellos, aunque sea mal. Quedamos, pues, a la espera de la próxima ocurrencia de la señora Montero: sé que no nos defraudará.

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