¿Quién mirará al ‘president’ provisional?, por Josep Martí Blanch

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El ‘president’ autoproclamado provisional, Quim Torra, hizo público el nuevo Govern de Catalunya a la que en otros tiempos era la hora de los dibujos animados del sábado por la tarde. Dando por bueno que nada puede ser normal, puesto que vivimos en la excepcionalidad más extrema, lo cierto es que la Generalitat se ha instalado en una semiclandestinidad en la que todo el protocolo anda ya desaparecido. Así, formalizados los decretos de nombramiento, entramos en un nuevo agujero negro, puesto que el Govern no será tal hasta que los ‘consellers’ y ‘conselleres’ tomen posesión del cargo. Algo que no parece que vaya a ocurrir de inmediato, si es que ocurre, dado que dos están encarcelados (Turull y Rull) y dos en Bélgica sin billete de vuelta a Catalunya (Comín y Puig).

Que todo ande patas arriba no es óbice para dejar de señalar que hay buenos nombres en el Ejecutivo. Pere Aragonés, motor de la gestión económica en el anterior mandato, Jordi Puigneró, ingeniero con la cabeza bien amueblada, Elsa Artadi, persona capaz en el ámbito de la gestión, Miquel Buch, un exalcalde con una excelente hoja de servicios, Ernest Maragall, sabio reposado por la edad y la experiencia. Pero no nos engañemos, esto no va de buena o mala gestión, sino de para qué va a ponerse en marcha este nuevo Govern y cómo va a coordinarse y conjurarse alrededor de un único proyecto.

Divergencia de estrategias

Los primeros titulares, una vez conocidos los nombres del Ejecutivo, insistían en la restitución de los consejeros a los que el 155 descabezó y en la dificultad, cuando no imposibilidad, de que puedan asumir sus responsabilidades. Pero lo que pone a la vista la foto del nuevo Ejecutivo con una nitidez asombrosa, amén de la poca presencia de mujeres, es la divergencia de estrategias entre los seguidores de Carles Puigdemont, Quim Torra mediante, y Oriol Junqueras.

Entretodos

Mientras el primero transmite ordenes de seguir manteniendo el pulso al Estado mientras el cuerpo aguante, y restituye a Jordi Turull, Josep Rull y Lluís Puig, todos ellos miembros del PDECat; el segundo, desde la cárcel de Estremera, y habiendo anunciado desde hace ya tiempo que no asumiría ningún cargo, trabaja en los documentos que han de fijar una estrategia a largo plazo para el soberanismo. Una estrategia que no pasa por mantener a las instituciones catalanas en el choque desigual y suicida del presente. ¿Y Toni Comín? ¿No es un nombramiento de ERC? Pues no, no lo es. Lo fue en su día, pero ya no.

Es de suponer que en pocos días vamos a conocer a los comisionados que, de manera efectiva, van a hacerse responsables de las carteras que Quim Torra ha puesto en manos de los exiliados y encarcelados. Y es ahí cuando echará a andar definitivamente un Govern que, nombres al margen, tendrá infinitos obstáculos a salvar. Será difícil hacerlo mientras la mitad del Ejecutivo mire a Berlín, la otra mitad a Estremera y nadie lo haga al despacho del ‘president’ provisional. Se avecinan problemas y no todos los va a causar el Estado.