Rollerball predijo un 2018 con pan y circo. Falló. Solo hay circo, por Carles Cols

39

Los cuartos de final del campeonato mundial de Rollerball de este año 2018 enfrentarán al “tembible Madrid contra el poderoso Houston”. Ya se sabe cómo terminará el partido. SanchezBelmonteBarriosGonzález…, patinadores y motoristas del Madrid, perderán 3 a 1 contra el equipo que lidera Jonathan E., el Messi de la bola de acero. Rollerball, película que transitó por las salas de reestreno a caballo de los 70 y los 80 como film de culto, transcurre, así es, en el año 2018, entonces, cuando se estrenó, en 1975, futuro muy lejano. Se supone que la ciencia ficción no es nunca predictiva, que solo utiliza los miedos del presente para esbozar un futuro habitualmente distópico. No obstante, llegada la fecha, siempre apetece buscar coincidencias. El próximo 2019 será el año de Blade Runner, tan cerca cronológicamente, tan lejos narrarivamente. Este lo es de Rollerball. De momento, como se previó, no parece que vaya a ser el año del Real Madrid. Primera coincidencia. Lo anunciado es que no pase de cuartos de final.

El fin de las salas de reestreno en Barcelona condenó al limbo del olvido a películas que fueron de culto para una generación hoy ya cincuentona

La película, antes de proseguir, requiere un breve apunte, pues fue el tótem de una generación, la de los cincuentones de hoy, pero parece haber caído en una suerte de limbo para los nacidos en tal fecha que con el advenimiento de su adolescencia los cines de reestreno de Barcelona iban ya de capa caída y, con ellos, una cultura cinéfila de Spring, de Nápoles, de Maragall, de Texas, de Dante, vamos, de cines de barrio con programas dobles, aunque para nota, el Loreto, que en un más difícil todavía programaba sesiones triples. Se entraba a la sala, cigarrillo en mano, recién almorzado y se salía a la hora de los postres de la cena.

Fue en ese tipo de salas donde en Barcelona se hizo un hueco Rollerball, un imaginado 2018 en el que los gobiernos del mundo están en bancarrota (glups) y en el que la economía y la política están en manos de las grandes multinacionales (reglups). Y no se vayan aún. Hay más. El color corporativo de la empresa que patrocina el equipo del protagonista, James Caan en el papel de Jonathan E., es el naranja (requeteglups) y, por poner fin a este crescendo de similitudes, hete aquí que el palco de los estadios se intuye que es el lugar donde florentinamente se cocinan los tejemanejes de la alta política.

Rollerball era la versión ‘chopped’ de la La naranja mecánica de Stanley Kubrick y, también un poco, de Farenheit 451 de François Truffaut, porque otro predicción de la película era que en el año 2018 los libros habrían sido sustituidos por resumenes más fáciles de digerir por el público, de los que se encargaría un gran ordenador mundial, Energy (Cero en la versión hispana), una máquina imperfecta, pues es en una tonta avería pierde nada menos que todos los archivos sobre el siglo XIII, lo cual parece que no importa a nadie. Total, se trata de Dante y de unos cuantos papas corruptos, dice el responsable de ese trasunto de la wikipedia.

La ibexcracia

Hay que consignar, no obstante, que en ese 2018 estrenado en los cines en 1975 no hay pobreza, todo es abundancia, una versión rediviva del panem et circenses de Juvenal. Las corporaciones lo ponen todo para una vida hedonista y solo exigen a cambio a la sociedad que renuncie a la política y a la gestión de la economía. Ahí, las predicciones de Rollerball fallan. No por mucho. No por que no exijan eso, que lo hacen. En el 2018 real, sencillamente, sobra circo, falta pan.

La predicción de aquella película, por ponerle nombre y cara, hay que atribuírsela a William Harrison. No confundir con el noveno presidente de los Estados Unidos, ese infeliz que fue a la toma de posesión en mangas de camisa y que murió al cabo de un mes de neumonía. Este Harrison es otro. Es el autor de otras novelas y guiones, por ejemplo, del de Brubaker, pero lo interesante es otra curiosa coincidencia, ya que esto va de profecías y futuros distópicos.

Las corporaciones, en este este futuro distópico, se hacían cargo de la política y la economía desde los palcos de las canchas. ¿Distópico?

Harrison era un entusiasta seguidor de los Chicago Cubs, el pupas de la liga de béisbol norteamericana, incapaz de ganar la Serie Mundial tulo en 108 años. El caso es que en 1985, cuando Rollerball fascinaba aún en Barcelona, se estrenó el primer capítulo de la trilogía de Regreso al futuro, en el que Michael J. Fox viaja al 2015 y, ¡oh, sorpresa para él!, descubre que los Cubs ganarán aquel año las series mundiales. Aquella atrevida predicción falló, pero por solo un año. Los Cubs ganaron la competición en el 2016.

Total, que a lo mejor este 2018 no es todavía el año naranja y el Real Madrid va y en un añarde pasa de cuartos. Habrá que estar atentos al 2019, año de Blade Runner. sí, pero más alejado de la realidad que Rollerball.