Ser comunista hoy o la empanada de Alberto Garzón

Era una votación sencilla. Tuvo lugar en el Parlamento Europeo el pasado 27 de abril de 2017, justo después de que la Corte Suprema venezolana decretara la suspensión de la Asamblea Nacional.

Se trataba de instar a la Corte y al Gobierno venezolano a, en cumplimiento de su propia Constitución, retirar dicha resolución, liberar a los presos políticos y poner fin a la represión y violencia contra la oposición.

Sólo un 6% de los eurodiputados presentes ese día (35) votaron en contra de la resolución, frente a los 450 (77%) que lo hicieron a favor (100 se abstuvieron, un 17%).

¿Quiénes destacan entre ese selecto grupo de personas que encontraron razones políticas o morales de orden superior para no condenar un asalto a la democracia tan burdo que hasta el propio Maduro, instado por su fiscal general, se vio obligado a retirar?

Según el registro, una extraña mezcla. Votaron en contra los filonazis griegos Synadinos, Epitideios y Fountoulis, de Amanecer Dorado, a los que se sumaron Ciocca, Fontana y Salvini, de la derechista Lega Nord italiana, y Voigt, del partido nacional-democrático alemán (es decir, lo peor de lo peor).

Como también lo hicieron los 20 eurodiputados del grupo Izquierda Unida Europea más directamente vinculados con partidos comunistas. Entre ellos, Marina Albiol, Javier Couso, Paloma López Bermejo y Lidia Senra, de Izquierda Unida y afines; Papadakis y Zarianopoulos del Partido Comunista Griego; Ferreira, Lopes y Viegas, del portugués; Chountis, Kouloglou, Kuneva y Papadimoulis de Syriza, y Le Hyaric del Front Gauche de Mélenchon (16 miembros de ese grupo, entre ellos los cuatro eurodiputados de Podemos, se abstuvieron).

Alberto Garzón, líder de IU, recorre España estos días explicando qué es ser comunista hoy. Reconoce que el principal error del comunismo fue abandonar “la raíz republicana, que permite la defensa de la libertad de expresión, los sistemas pluripartidistas y la democracia procedimental”.

Justo el mismo error que está cometiendo en Venezuela, otra vez el mismo error, siempre el mismo error. Menos una vez: cuando el PCE de Carrillo aceptó esas tres cosas, una posición (eurocomunista) que critica por “moderada” y que desprecia porque “solo nos ha traído males”.

¿En qué quedamos? ¡Qué empanada más grande!

Por José Ignacio Torreblanca

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