Sr. Presidente, póngalo en manos de todos los españoles

Es tal la indignación que padezco, tanto por las patrañas montadas por los independentistas catalanes como por la pusilanimidad e ingenuidad mostradas por el gobierno de la nación con su presidente a la cabeza, que este lunes día 2 de octubre lo he pasado con malestar general producido sin duda por una mezcla de impotencia, cabreo y desilusión.

Quienes me vengan leyendo habitualmente recordarán aquel artículo de “Señor Rajoy, ya toca”, nada menos que hace ya dos años, así como el reciente “Cataluña: por la boca muere el pez” con alusión final a Rajoy en los dos últimos párrafos que les recomiendo que vuelvan a leer. Porque es que, que un presidente de un gobierno muestre la ingenuidad que viene ofreciendo Rajoy en todo lo que está aconteciendo en Cataluña, es para echarse a temblar. Que lo que para todo el mundo (excepto los independentistas) parecía un referéndum ilegal y que cualquier deriva de su celebración iba a suponer un menoscabo en la credibilidad de estos tramposos, a que por entrar en su juego hoy se esté cuestionando la credibilidad democrática de España es un lastre muy difícil de llevar.

No voy a entrar aquí en detalles de esa Junta de Seguridad que convocó Puigdemont a finales de la semana pasada en la que los responsables nacionales de las fuerzas de seguridad del estado entraron al trapo aceptando que la ocupación de los centros de votación no se hiciera hasta un rato antes de su apertura y se realizara por los mossos d´escuadra. Según cuentan, el propio Trapero dio instrucciones de que “el trabajo sucio que lo hagan los pikos”. Así se permitió que de madrugada llegaran las urnas, se ocuparan los centros de votación, los mossos fueran tomando nota entre aplausos poco antes de las 8,00 h y quien tenía que actuar con determinación para cumplir un mandato judicial, Policía Nacional y Guardia Civil, en la mayor parte de las ocasiones agredidos, queden como los malos.

Pasado este bochornoso episodio, seguramente a la hora que estoy escribiendo está usted en Moncloa recibiendo el parecer de Pedro Sánchez y Albert Rivera, más para ver que se les ocurre de nuevo que para tratar de actuar con arreglo a un nuevo impulso de apoyo de sus formaciones políticas a la acción de gobierno. Pues mire, no haga caso de lo que le digan. El primero ya sabe de su ambigüedad calculada para llegar a la Moncloa y sigue con la cantinela del dialogo (pregúntele llegados a este punto si el negociaría con sediciosos) y la propuesta de abrir el melón de la Constitución sin saber para qué, y el segundo le va a proponer aplicar el art. 155 y, con sus atribuciones, convocar elecciones en Cataluña en la utopía de que Ciudadanos las ganaría y por primera vez la Generalitat tendría una Presidente en la figura de Inés Arrimadas.

Llegados a este punto, no haga caso de ninguno de los dos. En el fondo, ambos actúan por intereses partidistas nefastos para el resultado de este partido. Si se dicen leales a España y al imperio de la ley, que formen a su lado sin ninguna condición, aplique ya el artículo 155 en toda su extensión para asumir todas las competencias de la Generalitat y actuar como proceda contra los secesionistas que ya han delinquido y convoque ELECCIONES ENTODA ESPAÑA.

Con el timón de la nación empuñado con determinación contra el desafío independentista y transmitido adecuadamente a todo el país, en esas elecciones encontrará la respuesta que el pueblo español le puede ofrecer, a través de cualquier opción política constitucionalista, cansado de soportar, por su hasta ahora tibieza, el desafío independentista.

Si pudiera observar, como yo hice el domingo por la tarde, gran parte de los balcones de la Gran Vía de Murcia, como en muchos otros sitios, llenos estos días de banderas de España, no dudaría en hacer lo que le aconsejo.

Por Gaspar Albertos

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