‘Tabarnia’, por Xavier Salvador

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Con los resultados de las elecciones del 21D ha aflorado de nuevo el movimiento que existía, tal vez como reflejo de los estériles debates de la sociedad catalana, para promover la independencia de una parte del territorio y la constitución de una nueva comunidad autónoma. Los límites de este hipotético espacio son las comarcas de Barcelona, Tarragona, entre las que se hallan los dos Vallès, Baix Llobregat, Maresme, Garraf y Penedès, entre las más destacadas.

Se da la circunstancia de que esa parte del territorio votó masivamente a opciones que defienden la continuidad de Cataluña en España. O formulado por pasiva: en esas ciudades y pueblos se votó en contra de la independencia catalana que defendían tres fuerzas políticas.

La hipotética Tabarnia es una quinta parte aproximadamente de toda la geografía de Cataluña. Concentra a 6,1 millones de habitantes y tiene una renta per cápita de 28.673 euros. El resto de la actual comunidad autónoma reúne a 1,3 millones de habitantes y posee una renta per cápita de 22.673 euros. Sus promotores, que se han organizado, utilizan todos los argumentos que el independentismo catalán ha esgrimido durante años: Cataluña expolia fiscalmente a Tabarnia; la zona no independentista tendría garantizadas sus pensiones; es lingüísticamente más plural; y, finalmente, los votos del territorio que no forma parte de Tabarnia son sobreponderados generando una discriminación electoral innegable. Por último, a grandes rasgos la utópica Tabarnia coincide históricamente con los límites del antiguo Condado de Barcelona. Así que incluso la legitimación histórica que siempre persigue el nacionalismo estaría garantizada.

Es obvio que, si no tiene sentido alguno en el siglo XXI promover la independencia de Cataluña del resto de España, y en consecuencia de la Unión Europea, menos razonable es todavía que un territorio aún menor albergara esperanza alguna de secesión. Pero sentada esta premisa, lo cierto es que como divertimento para la reflexión política tiene mucho interés. Existen dos Cataluña bien diferenciadas en lo demográfico, social, político, económico y lingüístico que han coexistido durante siglos, aprovechando una los recursos de la otra y siendo solidarios entre territorios. Algo similar a lo que podría decirse del encaje de España y Cataluña durante la historia de los últimos siglos.

La performance de Tabarnia es una muestra de cómo los restos del carlismo han ido apropiándose del discurso general de la comunidad catalana más moderna, cosmopolita y unitarista que la de interior

Quienes están recogiendo firmas en Change.org sobre esta cuestión acaban poniendo de manifiesto con la performance emprendida cómo la Cataluña rural y de interior es determinante para el movimiento soberanista de los últimos años. Es una muestra de cómo los restos del carlismo han ido apropiándose del discurso general de la comunidad catalana más moderna, cosmopolita y unitarista que la de interior.

Tabarnia es un juego político, pero suficiente intenso como llevar a la reflexión sobre el mapa y el panorama político en la Cataluña que deberá recuperar sus instituciones en los próximos días. Si el independentismo estuviera tentado de gobernar de nuevo en contra de la mitad más uno de catalanes disconforme con la independencia podría dar pábulo no sólo a iniciativas como la de Tabarnía, sino a una profunda y aún más acusada fractura interior de consecuencias incalculables en el futuro. La Cataluña rural en contra de la Cataluña urbana.

Todos los catalanes, de uno y otro signo, realizamos cesiones en nuestros derechos por solidaridad y voluntad de convivencia y cumplimos con nuestras obligaciones legales porque así lo establece el marco normativo que hemos aprobado durante años y sobre el que jamás hemos dicho ni mu. Por tanto, el Govern de la Generalitat que se forme después de estas últimas elecciones democráticas del 21D debiera tener en consideración también esta cuestión. No sólo apelar al miedo, la cárcel, los prófugos u otros subterfugios de división para administrar los recursos públicos harán de Cataluña el espacio próspero y cosmopolita que fue en otro tiempo. Todos somos conscientes de que costará mucho tiempo recuperar esos valores, pero aún llegaremos más tarde si no se es capaz de hacer un borrón e intentar abrir una cuenta nueva de futuro.