Unilateralidad y negociación, por Andreu Pujol Mas

7

Recientemente Oriol Junqueras, en este mismo periódico, declaraba que el Gobierno de Catalunya siempre había apostado por la bilateralidad, y que había sido el Gobierno español quien había empujado hacia la unilateralidad negándose a dialogar. En la misma línea, Toni Comín, desde Bruselas, mandaba un mensaje a Pedro Sánchez, diciéndole que el diálogo tiene que acabar en un referéndum acordado. Estas declaraciones no son ninguna novedad. A lo largo de estos últimos años el independentismo no se ha cansado de reclamar una salida acordada en una mesa de negociación. Así lo hicieron Joan Herrera, Marta Rovira y Jordi Turull cuando fueron al Congreso de los Diputados hace más de cuatro años, pidiendo que se transfirieran a Catalunya las competencias para consultar a la ciudadanía.

Entretodos

El desenlace de aquella visita a Madrid ya lo conocemos todos: no solo su petición fue denegada, sino que de los tres comparecientes uno está en la cárcel y otra está en el exilio. Por más que el entorno posconvergente a veces gesticule pensando en la hegemonía dentro del electorado independentista ya convencido, también la portavoz del Govern, Elsa Artadi, ha especificado que “ni la unilateralidad ni la desobediencia son nuestro escenario” y el mismo Carles Puigdemont ha pedido este mismo verano al presidente español que negocie la autodeterminación.

Lo que se debe tener claro es que estas apelaciones a la negociación no son un cheque en blanco, sino la persistencia en una idea expresada repetidamente durante años. Una idea que, por cierto, no excluyó que el 1 de octubre pasado al final se tuviera que actuar al margen de los designios del Gobierno español. La puerta sigue cerrada y el ariete está tomando carrerilla. Está en las manos del Gobierno español abrirla y que todo transcurra de forma razonada como pasó en el Reino Unido o en Canadá, o bien que se vuelva a repetir una situación, más tarde o más temprano, como la del pasado otoño.