Vaya empanada

Quien haya tenido el placer –llamémoslo así– de haber hablado en privado en los últimos seis años con dirigentes socialistas habrá salido hundido ante su derrotismo sobre la unidad de España. No falla: tras un rato de cháchara afable, acaban mirando al techo del despacho con carita de suspiro, hasta que con un susurro pesaroso sueltan su gran frase de rendición: «Cataluña se nos va. Ahora se puede ganar algo de tiempo, pero a la larga se irán». He escuchado variantes de esta expresión hasta en boca de personajes que aspiraban a presidir España (al tiempo que la daban por finiquitada). Sánchez, esa lumbrera, ha dado un paso más: es el tipo de socorrista que si viese ahogándose entre las olas a un abuelo que no sabe nadar lo que haría es quitarle el flotador, porque así igual aprende.

Resulta asombroso, y deprimente, ver a un país de la entidad de España, decimotercero del mundo en la mayoría de los parámetros, acongojado por un golpe de Estado antisistema y xenófobo, que avanza al son de la CUP, un partido friki y minoritario, convertido en vanguardia de una sublevación que rechazan la mayoría de los catalanes. Por supuesto que España podría hacer más:

–PP, PSOE y Ciudadanos deberían cerrar un acuerdo de Estado, al modo de los que se rubricaron contra ETA, para especificar que nuestra Constitución de 1978 es perfectamente válida y que no se tocará en nada que debilite la unidad nacional. El separatismo sufriría un enorme revés si el PSOE abandonase sus medias tintas felonas, que tantos votos le restan, y adoptase un claro tono patriótico. Urge también una reforma de la educación que acabe con la escuela como caldo de cultivo del separatismo.

–Actuación inmediata contra la sedición separatista, por tres motivos: porque pisotean la ley cada día, y todos estamos obligados por ella; porque un Estado que admite el desorden se torna quebradizo y porque la parsimonia actual transmite el mensaje subliminal de que algo de razón tienen los golpistas.

–Hay que reforzar TVE, convertirla en un gran vehículo de venta en positivo de España, al modo de la BBC, y crear un Ministerio de Cultura para fomentar nuestro poder blando. Debe mejorarse el discurso y presencia mediática del Gobierno. Su defensa de España, casi siempre solo coercitiva, no vende una escoba emocionalmente.

Intelectuales y artistas españoles (los Almodóvares de turno) podrían conjurarse para hablar bien de su país y criticar el separatismo, retrógrado y totalitario. Hoy ser un patriota español va tan contracorriente que hasta el admirable Gasol acabó rindiéndose y abogando por el referéndum.

Por último, Napoleón decía que las guerras se ganan con tres cosas: «Dinero, dinero y dinero». Estamos inmersos en una guerra sentimental y de propaganda por el corazón de los catalanes, esa es la verdad, y mientras los separatistas maquinan a tiempo completo e invierten dinerales, nosotros hacemos el avestruz, acomplejados por defender un país próspero, solidario y amable frente a unos fanáticos que solo traerían odio, pobreza y limitación de la libertad. ¡Tenemos tal empanada que hasta creemos que la CUP puede derrotar a España!

Luis VentosoLuis Ventoso

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