Inicio Opinión Vuillard, por Josep Maria Fonalleras

Vuillard, por Josep Maria Fonalleras

A veces, en circunstancias felices, como una iluminación, la cubierta de un libro es una síntesis, un epifonema que incluye la lectura entera. Fijémonos en dos cubiertas, ‘El orden del día’ y ’14 de julio’. Son dos libros magníficos, en los que se combina, en una felicísima mezcla narrativa, lingüística, histórica, la documentación exhaustiva con una agilidad novelística de primer nivel. Éric Vuillard, que este martes estará en Barcelona, ​​en la Central de la calle de Mallorca, consigue construir la punta del iceberg sin que se note la masa de hielo que está en el fondo, pero con la capacidad de hacer ver al lector que es justamente a partir de los relatos episódicos o del detalle prolijo y lateral que puede adentrarse en la esencia de la historia.

Entretodos

En ‘El orden del día’, hay una fotografía de Gustav Krupp, el magnate alemán. En ’14 de julio’, un fragmento de Delacroix donde no sale la libertad que guía al pueblo, sino el rostro asustado y ávido de un muchacho con una espada. En la primera novela, Vuillard disecciona el ascenso de Hitler y del horror del nazismo a partir de las élites que lo apoyan. En la segunda, describe la Revolución Francesa a partir de los ciudadanos anónimos a los que él concede un linaje, una presencia real. Como decía Benjamin, «la construcción histórica se vuelca en la memoria de los que no tienen nombre». Ambas obras son mucho más que eso (dos joyas), pero se concentran en estas cubiertas colosales.