Discriminación racial es más frecuente en espacios públicos

Mariella Sausa

Mariella Sausa

No era la primera vez que Sofía Carrillo Zegarra –periodista, conductora de televisión y activista de los derechos sexuales y reproductivos– escuchaba un comentario ofensivo en alusión a su color de piel. Hasta se podría decir que estaba más curtida que otros, pues lo había vivido desde niña y sabía qué hacer en esa situación, pues conocía plenamente sus derechos. Sin embargo, en esta ocasión la frase racista la sorprendió y hasta la paralizó. “Ya pasaron las doce del día, por eso te olvidas”, le dijo un inspector de Migraciones cuando Sofía regresaba de un viaje internacional y olvidó sellar su pasaporte.

“Inmediatamente identifiqué que era una broma racista y me sorprendió e impactó porque no esperaba recibir este comentario de un servidor público. Sé que el racismo persiste en el Perú, pero pensé que en estos espacios era políticamente incorrecto ser racista. Lo peor fue que cuando le increpé por lo que me dijo, él lo reafirmó. No me pidió disculpas, no se retractó, solo me miró y se rio. La situación me indignó tanto, que me dejó sin mayor reacción”, manifestó.


Es que Sofía Carrillo asegura que para ella misma, así como para muchos peruanos, es complejo aceptar que se tiene que vivir siendo discriminado, no solo por la raza o el color de piel, sino en general por el origen étnico. “Agredirme a mí no es solo una situación de violencia aislada y a mi persona, sino que se rechaza al pueblo afroperuano, a los indígenas; seguimos animalizando y ridiculizando a las personas por su origen étnico”, advirtió.

Pero Sofía no es la única. Hace una semana, Grecia Pillaca y su pareja, Celien Renggli, fueron agredidos por una familia en San Isidro. La joven, que defendía a una trabajadora del hogar a la que una mujer insultaba por pasear a un perro, fue discriminada por sus rasgos étnicos. “Tú que te metes chola de mierda. Yo soy rubiecita, ojos azules y tú qué eres. Váyanse a Comas a pasear a su perro”, fueron los insultos que recibió la muchacha quien, tras recibir la solidaridad del propio ministro de Cultura, Salvador del Solar, ha decidido iniciar acciones legales para denunciar el hecho.

Insultos se normalizan

Marco Antonio Ramírez, presidente de la Red Peruana de Jóvenes Afrodescendientes (Ashanti), señaló que esta es una situación cotidiana. Todos los días muchas personas pasan por experiencias similares a las de Grecia y Sofía, pero no denuncian porque piensan que se trata de algo normal.

“La gente se ha acostumbrado a recibir burlas y agresiones verbales y no son conscientes de que no se trata de bromas ni de chistes, sino de racismo y discriminación y que estos hechos pueden ser denunciados”, señaló.

Un estudio del Ministerio de Justicia, del año 2013, corrobora la afirmación de Ramírez, pues revela que el 81% de peruanos cree que el racismo existe todo el tiempo y que nadie hace nada al respecto.

Ramírez dijo que este tipo de burlas racistas profundizan las diferencias y lesionan la identidad y la autoestima de las personas, creando estereotipos y haciendo, por ejemplo, que los adolescentes afrodescendientes piensen que solo son buenos para actividades como el fútbol o el baile.

“El racismo hace que el acceso a la educación superior en este grupo poblacional sea mínimo. Solo el 2% de descendientes afroperuanos termina su educación superior. Y es que en este segmento poblacional, lo académico no está en la expectativa de vida de sus jóvenes”, comentó.

¿Por qué somos racistas?

Natalia González, investigadora principal del Instituto de Estudios Peruanos (IEP), explicó que el racismo es una herencia de la Colonia, que dividió al país en una república de indios y españoles. Señaló que esta situación aún está presente en la sociedad contemporánea y se incrementa con la desigualdad. “Pese a que los provincianos estamos en Lima y ahora existe un discurso de igualdad, en la práctica, en la ventanilla de un banco o en las oficinas del Estado, aún las personas que atienden a los ciudadanos tienen un prejuicio racista. No estamos preparados para que los discursos lleguen a la práctica, los patrones de discriminación aún son muy fuertes en el Perú”, puntualizó.

En ese sentido, detalló que dicha institución realizó el año pasado una encuesta entre estudiantes, padres de familia y docentes de diversas escuelas públicas de cinco regiones del país y una de las cosas que llamó la atención fue encontrar que todavía la gente identifica entre los problemas del país la pobreza asociada a su raza o etnia. “Pese a los esfuerzos que han hecho las autoridades y la sociedad civil por superar estos temas y promover la igualdad, aún hay gente que piensa que los indígenas o afrodescedientes tienen menos inteligencia”, dijo.

La investigadora sostuvo que las iniciativas del Estado y de la sociedad civil para proponer condiciones de igualdad aún son muy escasas y por eso las prácticas racistas persisten en las escuelas, en los medios de comunicación y en todas las instancias de la sociedad.

“Debemos reflexionar qué nos falta para reconocernos como iguales. También para cambiar la percepción de que la ley no se aplica a todos por igual”, manifestó.

Hay muy poca denuncia

Percy Castillo Torres, adjunto para los Derechos Humanos y las Personas con Discapacidad de la Defensoría del Pueblo, dijo por su parte que, pese a que la discriminación es un delito y está incluida en el artículo 323 del Código Penal y los insultos con contenido racista son tipificados como injuria, se denuncia muy poco en el país.

“El delito de discriminación tiene una pena de cárcel de entre 2 y 3 años, pero si lo comete un funcionario público, la pena puede llegar a 4 años. Para los insultos racistas se utiliza el tema de injuria, pero lamentablemente en ambos casos hay muy poca denuncia. Los casos no llegan a 100 por año y no reflejan la realidad. Hay una cifra negra”, comentó.

Mariela Noriega, directora de Ciudadanía Intercultural del Ministerio de Cultura, dijo que en la plataforma Alerta Contra el Racismo, que difunde información sobre el tema a la ciudadanía, se han recibido este año apenas 15 reportes por racismo y desde que se creó la herramienta, en 2013, se identificaron 163 casos relacionados con discriminación racial. Casi el 30% de reportes está vinculado a hechos ocurridos en los espacios públicos, que es donde más se discrimina.

Noriega refirió que una de las principales barreras para emprender acciones judiciales es la dificultad para adjuntar a la denuncia elementos de prueba. Por eso, dijo que desde el Ministerio de Cultura se trabajará en un protocolo de actuación, principalmente con la Policía Nacional, para que los funcionarios públicos sepan cómo atender las denuncias por racismo o discriminación.

No obstante, Castillo sostuvo que muchas personas no denuncian porque creen que no se logrará nada y que este es un delito sin sanción. Para cambiar esa percepción, dijo, lo que se necesita es un sistema permanente que informe y alerte sobre estos temas desde los colegios, los medios de comunicación y los diferentes sectores públicos y de la sociedad civil. “Es importante que no sea una campaña aislada sino algo que tenga permanencia, de lo contrario, no se producirá el cambio cultural que se necesita”, manifestó.

Se vienen más acciones

Precisamente para atender la problemática, Mariela Noriega señaló que la Dirección de Ciudadanía Intercultural está trabajando en nuevos proyectos para generar información y evidencia respecto al tema del racismo, con el fin de poder comprender mejor el fenómeno para así abordarlo de mejor manera. Asimismo, mencionó que se está buscando fortalecer la articulación interinstitucional con otros ministerios para atender los casos de racismo y discriminación étnica racial, sobre todo en los espacios públicos y en el ámbito laboral, que son las dos instancias donde se presentan todos los años el mayor número de quejas.

“Estamos trabajando en una intervención nacional con dos ideas claves: buscamos una movilización ciudadana para que la gente tenga claro que el racismo es un delito y sepa qué mecanismos hay para denunciar; y queremos mejorar y fortalecer la acción del Estado para que la atención de estos casos sea fácil y rápida y pueda llegar a sanciones cuando lo merezca”, dijo.

Noriega aseveró que estos conceptos también se trabajarán desde el Ministerio de Educación, a través del enfoque de Interculturalidad, que es el pilar para promover la valoración positiva de la diversidad.

Tenga en cuenta

  • Uno de los países que está trabajando mejor las políticas contra el racismo y la discriminación es Argentina, que a través del Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo ha implementado diversas políticas para promover la igualdad de las personas.
  • En el Perú, los ministerios de Cultura y de Justicia ven estos temas con competencias similares, pero además existe la Comisión Nacional contra la Discriminación (Conacot) que incluso puede poner sanciones por estos temas.
  • El problema es que el Conacot no es un ente muy activo, pues lo integran diversos organismos del sector público y no es fácil la coordinación y el apoyo entre todos.

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