Mujer.21: Ruth Buendía, Guerrera asháninka

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Su niñez en la comunidad nativa asháninka de Cutivireni, en la cuenca del río Ene, en Satipo, la marcó. Se la pasaba jugando a la ‘chapada’ por toda la comunidad, y bañándose desnuda en el río junto a sus amigos.

La inocencia les permitía mirarse sin malicia. “Nunca lo voy a olvidar. Mi niñez fue muy bonita”, recuerda con los ojos inundados de vida. Ella es Ruth Buendía, líder asháninka.

Su mundo de juego e inocencia fue destruido cuando tenía solo 12 años, con la llegada del terrorismo a su comunidad en 1989. La muerte tocó a su puerta y le arrebató a su padre. El hombre que más amaba fue asesinado tras ser acusado injustamente de apoyar al terrorismo.

“Un día me quisieron llevar (los terroristas) a lo que denominaban ‘congresos’. Pero mi madre se ofreció y yo me quedé. Se fue 15 días dejándome la responsabilidad de mis cinco hermanos y regresó muy maltratada”, cuenta Buendía. Los recuerdos siempre están allí, por eso se llaman recuerdos.

Debido a que su madre no podía mantener a sus hijos, la envió a Lima para trabajar como niñera: “Salir de la comunidad a Lima fue difícil porque yo no hablaba castellano. Aprendí a la fuerza”.

Tras cinco años de ausencia, retornó a Satipo, donde conoció la Central Asháninka del Río Ene (CARE) y comenzó su carrera como activista social: “Con la preparación que recibí, entendí sobre el derecho colectivo de las comunidades asháninkas”.

En 2007, con la presencia de todas las comunidades asháninkas del río Ene, fue elegida como la primera presidenta mujer de la CARE.

“Culturalmente, el asháninka es machista. Por eso, para mí fue un desafío demostrar que la mujer también puede gobernar y articular con los varones”, dice.

Por su lucha contra empresas hidroeléctricas y petroleras, las que intentaron dañar o construir sobre territorios pertenecientes al pueblo asháninka, Ruth ha recibido el Premio Medioambiental Goldman de 2014, el Premio Bartolomé de las Casas, y una distinción del Congreso de la República.

La lideresa, que hoy está casada y tiene cuatro hijos, exhorta al presidente Pedro Pablo Kuczynski a intervenir en el Vraem. “El Estado debe actuar más agresivamente en la agricultura, educación, salud, servicios básicos: agua potable, desagüe en las comunidades. El Estado no mira al Vraem”.

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