«Gripolución»: Contaminación y gripe, cóctel explosivo

La contaminación mata a 2.683 personas anualmente en España, según un estudio realizado por el Departamento de Epidemiología y Bioestadística de la Escuela Nacional de Salud Pública del Instituto de Salud Carlos III. Los fallecimientos por gripe ascienden a entre 2.000 y 3.000 cada año. Un otoño inusualmente seco –uno de los menos lluviosos de la historia–, el récord en las emisiones de CO2 y la llegada del frío, y con él la epidemia de gripe, podrían poner las bases para una «tormenta perfecta» sanitaria.

Así lo advierten desde el sindicato médico Amyts: «Tan grave como la epidemia de gripe sería que se juntara el pico de esta enfermedad con otro episodio de contaminación», ya que puede haber una situación de «colapso y de masificación» de las Urgencias hospitalarias. Y es que desde que la polución atmosférica empezó a aumentar, allá por octubre, las urgencias de los hospitales empezaron a experimentar «un importante incremento de pacientes con dolencias relacionadas con problemas cardiorrespiratorias agravados por la polución», señala en un comunicado Amyts.

Existen estudios poblacionales que han mostrado un incremento del número de atenciones urgentes e ingresos hospitalarios, tanto por patología cardiovascular como respiratoria, en relación con la alta contaminación ambiental (que se ha visto especialmente en la población vulnerable, como son los niños, los ancianos y los sujetos con patologías crónicas, que vive en zonas urbanas, más expuestas al tráfico de vehículos a motor de combustión interna y a las calefacciones durante los meses de invierno).

Sin ir más lejos, investigadores del Ciber de Enfermedades Cardiovasculares (Cibercv) probaron hace un par de semanas que los días en los que los niveles de contaminación atmosférica son más elevados en el área metropolitana de Barcelona se producen más infartos con elevación del ST (los ataques de corazón más graves), más casos de fibrilación ventricular (la complicación más grave asociada a un ataque al corazón) y más mortalidad por infarto.

Pero, ¿podría un incremento de la contaminación influir también en un aumento de casos de gripe? «Se han publicado recientemente estudios, realizados en China, que indican que las micropartículas podrían elevar el riesgo de exposición al virus de la gripe, especialmente en los días fríos. Si esto se confirma, el aumento de la concentración de micropartículas incrementaría el riesgo de exposición y, consecuentemente, de la transmisión del virus de la gripe», asegura Javier Martín Sánchez, del Servicio de Urgencias del Hospital Clínico San Carlos de Madrid y portavoz de la Sociedad Española de Medicina de Urgencias y Emergencias (Semes).

«Se han descrito mecanismos plausibles para la asociación causal entre las micropartículas y la incidencia de gripe. Se cree que las finas partículas podrían elevar tanto la transmisión del virus como la susceptibilidad de las personas a la infección. Y, curiosamente parece que la temperatura ambiental, el frío, podría potenciar el efecto de esta relación causal», continúa Martín Sánchez.

Además, «la contaminación reduce un poco el “escudo” que tenemos para protegernos de las enfermedades infecciosas, y el tener disminuidas las defensas hace que sea más fácil coger gripe u otra cosa», apunta Isabel Urrutia, coordinadora nacional del Área de Enfermedades respiratorias de origen medioambiental (EROM) de la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica (Separ).

Pero la cosa no se queda ahí, y es que el panorama aún podría empeorar. Porque, «a las personas que sufren una patología se les puede complicar fácilmente por los altos niveles de contaminación», explica a EFE el secretario general de Amyts, Julián Ezquerra, que vaticina un incremento «espectacular» si el buen tiempo y la ausencia de viento prevalece entre enero y principios de febrero, cuando el virus de la gripe está en su punto álgido.

«Los pacientes con patologías respiratorias crónicas (EPOC, bronquiectasias, asma o fibrosis quística, entre otras) pueden presentar complicaciones potencialmente mortales, fundamentalmente neumonías, si enferman de gripe. Por ello, la vacunación antigripal es una medida imprescindible en el arsenal terapeútico con que manejamos a estos pacientes», apuntan también desde Separ.

Efectos en niños

La contaminación del aire influye, además, de forma especial en los más pequeños. «Los niños no son adultos pequeños. Son los que están en mayor riesgo. Por su rápido crecimiento y desarrollo necesitan un mayor aporte de oxígeno y de sustancias nutricionales. Por ello, de manera especial durante los primeros diez años de vida, inhalan, ingieren y absorben transdérmicamente más sustancias tóxicas medioambientales por kilogramo de peso que un adulto. Si a ello unimos la menor capacidad para neutralizar, detoxificar y eliminar los contaminantes externos, sus efectos adversos van a ser más intensos y persistentes. El menor tamaño de la vía aérea también hace que se obstruya con mayor facilidad», explica Juan Antonio Ortega, coordinador del Comité de Salud Medioambiental de la Asociación Española de Pediatría (AEP). Además, por su menor estatura, los niños respiran compuestos orgánicos volátiles que contaminan el aire que son más densos y pesados que el aire y que los adultos no inhalan.

«Los efectos perniciosos de la polución se producen ya desde el embarazo –cuenta Urrutia– y los niños nacen con menos peso y de forma prematura». Así lo revela un estudio publicado la semana pasada en «British Medical Journal» en el que se concluye que la contaminación del aire del tráfico tiene un impacto perjudicial sobre la salud de los bebés antes incluso de que nazcan. Los hallazgos sugieren que la exposición a la contaminación del aire del tráfico de esta ciudad durante el embarazo se asocia con un mayor riesgo de bajo peso al nacer.

«Este trabajo refuerza las evidencias previas disponibles de la exposición durante el embarazo y, aunque se realizó en Londres, es extrapolable a cualquier ciudad de Europa. Los autores estudiaron el efecto del ruido y la contaminación atmosférica en el embarazo y observaron cómo la contaminación del aire, especialmente las partículas más pequeñas de 2,5 micras (relacionadas con el tráfico motorizado y sobre todo diésel) son las que más efecto tenían. La media anual de Londres es de unos 14 microgramos/m3. Por cada incremento de 5 microgramos/m3 el riesgo de bajo peso al nacimiento se incrementa un 15%. Madrid, Barcelona, Murcia… parten de una situación similar al estudio. Los datos no dejan lugar a dudas: el factor más importante en el deterioro de la calidad del aire es el automóvil. Sabemos que el 75-80% de los óxidos de nitrógeno PM10 y PM2,5 provienen del tráfico», cuenta Ortega.

También el Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal) ha estudiado la influencia de la contaminación en el embarazo. En concreto, la exposición ambiental al dióxido de nitrógeno (NO2, un contaminante que respiramos en las ciudades, principalmente a causa del tráfico motorizado con derivados del petróleo) durante la gestación y, en menor medida, después del nacimiento –según se desprende de un trabajo publicado en septiembre– se asocia con una reducción de la capacidad de atención en niños de cuatro y cinco años de edad. El efecto neurotóxico en el cerebro en desarrollo es algo a tener en cuenta, una exposición tan ubicua y tan presente como la contaminación atmosférica puede tener unos efectos en el proceso de aprendizaje relevante.

«Cualquier alteración, por pequeña que sea, de la calidad del aire provoca sus efectos en el epitelio y en los diferentes sistemas. Otra cosa es que las evidencias tarden en acumularse. Somos lo que respiramos. Por lo tanto, en mi experiencia, el reto es disminuir la polución todo lo que podamos y mucho más, al menor valor posible. De hecho, a medida que las evidencias se han ido acumulando en las últimas décadas, el nivel considerado como seguro se ha ido disminuyendo: así que cuanto menos mejor –subraya Juan Antonio Ortega–. La Comisión de Salud Ambiental de “Lancet”, ha hecho una poderosa llamada de atención del impacto de la polución en la vida de las personas. Es momento para tomar acciones y decisiones. Las acciones que se tomen hoy van a ser muy importantes para la salud global de las generaciones futuras», concluye el coordinador de la AEP.

Aumentar los recursos

Aunque no existe ningún protocolo de actuación específico que prevea la confluencia de episodios de alta contaminación y epidemia de gripe, desde la Sociedad Española de Medicina de Urgencias y Emergencias el mensaje para la población es de tranquilidad, «ya que los servicios de urgencias y emergencias tienen amplia experiencia en afrontar este tipo de circunstancias priorizando y aumentando los recursos, especialmente el número de camas hospitalarias, al verse incrementado el número de ingresos médicos durante estos periodos invernales».

La Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica, por su parte, recomienda a las personas que tienen enfermedades crónicas, niños, ancianos y embarazadas (los grupos de mayor riesgo) que estén atentos a la información atmosférica sobre el tipo de partículas en suspensión, el nivel y la calidad del aire de sus ciudades.

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