Las patatas fritas, el último enemigo de la OMS

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La Organización Mundial de la Salud (OMS) acaba de lanzar un nuevo llamamiento: terminar con las grasas trans en los próximos cinco años. Para ello han creado una nueva guía para luchar contra ellas, las que se generan con el procesamiento de los alimentos. La guía se llama REPLACE y lo que busca es que todos los países se conciencien de la necesidad de terminar con este tipo de alimentación para eliminar las grasas trans.

El organismo internacional estima que cada año se producen más de 500.000 muertes por enfermedades cardiovasculares relacionadas directamente con el consumo de grasas trans. ¿Dónde podemos encontralas? Principalmente en todos los productos elaborados por la industria, ya que su consumo se puede alargar mucho más que los productos frescos. Las podemos encontrar, principalmente, en grasas vegetales endurecidas, como la margarina, y a menudo están presentes en aperitivos, alimentos horneados y en los fritos, entre los que las patats fritas son el principal ejemplo. Eso sí, la OMS deja claro que se pueden usar alternativas más saludables que no afecten el sabor o al coste de los alimentos.

“La OMS hace un llamamiento a los gobiernos para que utilicen la guía REPLACE para eliminar de la alimentación de sus ciudadanos los ácidos grasos trans producidos industrialmente”, aseveró ayer el director general de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus. “La implementación de las seis acciones estratégicas de esta guía ayudará a eliminar las grasas trans y representará una gran victoria en la lucha mundial contra las enfermedades cardiovasculares”.

Cada letra de la guía REPLACE marca una de las seis estrategias que la entidad pide a los gobiernos que pongan en marcha. La “RE” hace referencia a “revisión” para que se analicen las fuentes dietéticas de las grasas trans producidas industrialmente, para así, poder hacer cambios en las políticas. La “P” para “promover” el reemplazo de las grasas trans que produce la industria y que podrían sustituirse por aceites más saludables. La letra “L” hace referencia a la “legislación”, al poder que tienen los gobiernos de los diferentes países para implantar medidas contra este tipo de grasas poco saludables.

En este punto, España es un ejemplo de ello. En febrero de este año, el Ministerio presentó un plan, aprobado con la industria, para reducir en torno a un 10% de la sal, el azúcar y las grasas de 3.500 productos. Los productos incluidos aportan el 44,5% de la energía total de los alimentos con azúcares añadidos de la cesta de la compra de la familia española. Una reformulación que, como indicó la ministra Dolors Montserrat, “va a permitir suprimir o reducir algunos de los componentes de los alimentos, manteniendo la seguridad, el sabor y la textura, haciendo por lo tanto que el producto sea más saludable y que siga siendo aceptado por los consumidores”.

Por último, la “E” de la guía de la OMS busca “evaluar” y controlar el contenido de estas grasas en el suministro de alimentos y los cambios en el consumo de grasas trans en la población.

“La ciudad de Nueva York eliminó las grasas trans producidas industrialmente hace una década, siguiendo el ejemplo de Dinamarca”, asevera Tom Frieden, presidente y director ejecutivo de Resolve to Save Lives, una iniciativa de Vital Strategies vinculada a la OMS. “La grasa trans es un químico tóxico innecesario que mata, y no hay razón para que las personas de todo el mundo sigan estando expuestas”, subraya.