Tatuajes: Sanidad quiere regular el uso del láser que se emplea para borrarlos

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Tatuajes: Sanidad quiere regular el uso del láser que se emplea para borrarlos

Hace ya algunos años que hacerse un tatuaje dejó de ser territorio restringido a marineros, presidiarios o personas de dudosa reputación para convertirse en una moda que va en auge (valga como prueba el festival Mulafest, que tiene lugar este fin de semana en Madrid), cada vez con más adeptos que cubren, a su vez, más partes del cuerpo con tinta. Precisamente por este mismo motivo también son más las personas que, por diferentes razones, se arrepienten de haber decorado su piel de forma permanente. Por suerte para este creciente grupo de personas existe una solución a esta circunstancia que, hasta hace no mucho, era para siempre: el láser.

Aunque no hay ningún registro al respecto, según los datos con los que cuentan los dermatólogos parece que las reacciones a los tatuajes son excepcionales y también los problemas vinculados a su eliminación. No obstante, y debido al alto número que se hacen y a que es una práctica globalizada, cada vez se ven mayor número de incidencias. Otra cuestión a tener en cuenta es que no existe una normativa clara sobre el uso de estas herramientas ni las condiciones que se deben cumplir para su empleo. Por eso, y ante este nuevo escenario, desde el Ministerio de Sanidad se plantea la posibilidad de elaborar un documento que regule la actividad de los centros de estética que trabajan con tecnología láser, como los que se dedican a eliminar tatuajes, debido a la diversidad de equipamiento que actualmente se dispone y a la poca y heterogénea normativa autonómica que hay.

A tal fin en enero de este año Sanidad se puso en contacto con la Academia Española de Dermatología y Venereología (AEDV). «Tenían el objetivo de establecer una regulación que defienda la seguridad del consumidor final de esos servicios. Estaban especialmente interesados en láseres tipo 4, entre los que se encuentran los láseres para eliminación de tatuajes», cuenta a A TU SALUD Agustín Viera, dermatólogo y coordinador del Grupo Español de Dermatología Estética y Terapéutica de la AEDV. «Se le envió al Ministerio un documento con nuestras consideraciones, nos ofrecimos para colaborar y propusimos crear algún grupo de trabajo conjunto que trabajase y ayudase en la elaboración de normativa. Quedamos a la espera de alguna nueva solicitud en un tema que nos es especialmente interesante y que creemos necesario. Los dermatólogos tenemos mucho que aportar en este sector porque somos los médicos especialistas que más conocimiento y experiencia tenemos en el manejo de láser para la piel, pelo y rejuvenecimiento», continúa.

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Porque, precisamente, una de sus reivindicaciones es la necesidad de exploración, por parte de un dermatólogo, previa al uso del láser de eliminación de tatuajes. «Creo que para un proceso seguro y efectivo sería fundamental valorar este punto, así como la capacidad para la prevención, manejo y tratamiento de los posibles efectos secundarios y colaterales que pueden aparecer», asegura Viera.

Una opinión que comparte su colega Donís Muñoz, autor de la «Guía práctica para la eliminación de tatuajes con láser Q-Switched» (el indicado para este tipo de procedimientos), quien entiende que éstos «se deben quitar siempre bajo control médico, directamente por un dermatólogo. Hay estudios que muestran que el número de complicaciones en la eliminación de los tatuajes es proporcional a la profesionalidad y experiencia de la persona que los quita. Porque hay gente que los elimina y no tiene ninguna preparación. Quitar tatuajes es difícil. El dermatólogo es el que conoce mejor la piel, el que puede predecir problemas, detectarlos a tiempo y tener capacidad para aplicar un tratamiento en el momento justo», añade.

Este especialista advierte de la banalización que se está haciendo del tema y del negocio que se ha creado en torno a su eliminación, algo que puede ser peligroso para quien acude a un centro que no tiene máquinas homologadas o profesionales adecuados. Porque España es uno de los países de Europa que tiene más detallado las tintas legalmente utilizables para realizarse un tatuaje, pero a la hora de borrarlos la situación actual es que cada comunidad autónoma regula por su cuenta este aspecto.

Sin embargo, a los centros de eliminación de tatuajes les parece también una buena iniciativa una normalización del uso del láser, si bien apunta, Alfredo G. Lanzarot, gerente de «Tattoo Cleaners» Madrid, (franquicia especializada en este campo y que cuenta con 11 centros en toda España), «el sector ya regula la actividad. Por mi parte, ante todo está la seguridad de nuestros clientes por lo que todo aquello que ayude a dar garantías y evitar problemas me parece oportuno. Habrá que ver exactamente qué medidas o regulación adicional proponen a la actual y condiciones a cumplir para llegar a ella. Si los puntos de esa regularización es que haya un dermatólogo que examine la evolución del paciente antes, durante y/o posteriormente, me parece correcto ya que nosotros en Madrid sí contamos con ese apoyo externo para cuando es necesario».

En su caso concreto, cuenta, es personal sanitario el que trabaja con el láser, recomiendan al cliente acudir a un dermatólogo antes de someterse al tratamiento y durante el mismo, «si vemos algún tipo de complicación les remitimos a dermatólogos con los que tenemos convenios», explica, al tiempo que destaca la importancia de las curas domiciliarias posteriores a las sesiones para evitar problemas derivados de este proceso, como irritaciones, infecciones o ampollas –las más comunes– y dejar entre seis y ocho semanas de reposo a la piel entre sesiones. No obstante, asegura el doctor Muñoz, «cada vez veo a más pacientes rebotados que han acudido a un centro de este tipo y luego presentan cicatrices engrosadas, queloides o infecciones».

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Las lesiones pigmentadas

Lo cierto es que hay pocos estudios que analicen la problemática, en crecimiento, de complicaciones tras tratamientos por láser y luz pulsada, especialmente cuando es realizado por personal sin formación adecuada y sin control médico o médico especializado. Uno, realizado en Alemania por S. Hammes en 2013, en el que se recogen las alteraciones y efectos secundarios que se observan cuando el láser es utilizado por personal sin formación adecuada (ver gráfico), desvela que las causas del error fueron en el 62,8% de los casos el uso de excesiva energía; 39,5% indicación inadecuada de energía; 20,9% tratamiento del paciente con piel muy oscura o bronceada; 7% no enfriamiento; y 4,6% información incorrecta.

Otro aspecto a tener en cuenta que apunta el doctor Viera es la especial gravedad de las lesiones pigmentadas, bien porque quieran ser eliminadas con tecnología láser o se encuentren en un área de tratamiento de un tatuaje que desea ser borrado. «El uso de láser en estas lesiones en áreas donde las hubiese sólo debe ser realizado tras haberse descartado todo signo de atipicidad dermatológica en la misma», advierte.

Porque el estudio histológico de lesiones pigmentadas previamente tratadas con láser genera cambios celulares que dificultan de forma importante el diferenciar la benignidad o malignidad de la lesión.

Por todo ello, el análisis de la evidencia científica existente recomienda que la eliminación con láser de lesiones pigmentadas y tatuajes se realice sólo bajo control por dermatólogos y que, en caso de que sea un sanitario con formación adecuada quien lo haga, previamente deba existir un informe dermatológico. «Se disminuye, de esta forma, la posibilidad de tratar erróneamente lesiones pigmentadas que sean o evolucionen a melanomas» », sentencia el doctor Viera.

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Razones para quitarlos

Cuentan desde Tattoo Cleaners que la persona que acude a su centro suele ser una chica de entre 18 y 35 años. Los motivos principales por los que quieren borrar un tatuaje se engloban en tres categorías. Los profesionales son el principal. «En algunos trabajos puede ser un problema, como los relacionados con las fuerzas de seguridad si quedan por fuera del uniforme, porque pueden resultar reconocibles», explica Alfredo G. Lancerot. La segunda causa más común que alegan sus clientes son de carácter social, como por ejemplo las marcas de radioterapia («que les recuerdan una experiencia que no resulta agradable y quiere borrar de su vida») o los tatuajes de pertenencia a determinados grupos con los que ya no se siente afinidad o identificación. Los motivos estéticos conformarían el tercer grupo, bien porque ya no gustan, se han degradado, o porque la idea de grabarse el nombre de la persona amada se reveló como una mala decisión (como le pasó a Melanie Griffith). Alba Vega, 26 años, se acaba de quitar un tatuaje confirmando el perfil tipo de quien se decide a eliminarlos de su piel por sexo, edad y razón. Lo tenía en la nuca, no era muy grande (3x2cm más o menos) y ponía su nombre. Se presenta en julio a una oposición y, como no tiene claro si en caso de aprobar podrá llevarlo decidió quitárselo, por si acaso. Empezó en agosto de 2016 y acabó hace unas semanas. En total siete sesiones de menos de cinco minutos «como mucho» porque «duele muchísimo. Es horrible», cuenta. Pese a ello, está satisfecha con el resultado. «Ya no se aprecia el nombre, se ve como una leve mancha, como cuando se quita una tirita y se marca el borde», explica. También con el tratamiento. Por suerte no tuvo ninguna complicación. Eso sí, nada de visitar al dermatólogo antes.