Abouyaaqoub se escondió en una masía de Subirats y dejó una huella

La mayor de los dos niños que viven en la masía jugaba hasta este fin de semana a hacer dibujos con un dedo sobre los restos de polvos fosforescentes con los que la policía científica de los Mossos d’Esquadra recuperó una huella dactilar de Younes Abouyaaqoub en una de las ventanas de su casa.

La policía ya tiene identificado al terrorista de la Rambla en varios puntos del recorrido a pie, y en solitario, que realizó desde Sant Just Desvern el jueves 17 por la noche, donde abandonó el cadáver de Pau Pérez en su Ford Focus, hasta la pista de tierra de Subirats en la que fue abatido por una pareja de seguridad ciudadana de Vila­franca.

La primera de las imágenes es de la cámara de seguridad de una gasolinera de Vallirana. Caminaba por la N-340, eran las diez y media de la noche. Ya no vestía la misma ropa del jueves de los atentados. La nueva vestimenta la debió de robar, porque todo, incluso las zapatillas, le iba grande.

El yihadista se coló en una vivienda y se bañó con el cubo del agua de beber de un perro

El 21 de agosto, el mismo lunes que fue identificado y abatido, You­nes Abouyaaqoub trató de hacerse con un coche. Merodeaba por los alrededores del Carrefour que hay a la salida de Sant Pere Molanta y, hacia las nueve de la mañana, se abalanzó sobre una mujer que acababa de estacionar y cerraba las puertas de su vehículo. La mujer se resistió, gritó, y el terrorista salió despavorido. La víctima llamó a los Mossos d’Esquadra, y la descripción del individuo no levantó sospechas. La cámara de seguridad de una empresa cercana grabó al terrorista.

El prófugo prosiguió su huida a pie, entre campos de vides, en dirección a Subirats. Desde la carretera avistó una masía. Sus dueños habían salido a las diez de la mañana con los niños. Younes Abou­yaaqoub debió de presenciar esa marcha porque aprovechó para saltar un muro trasero, de poca altura, y que linda con el huerto, para acceder a patio central de la ­casa.

En las líneas que prosiguen de este texto se ha omitido intencionadamente cualquier dato que permita identificar la casa y sus inquilinos, por expreso deseo de la familia, que este sábado accedió a abrir las puertas de su casa, pero con esa condición. No se puede asegurar que tengan miedo, pero cuando piensan que el que fue el hombre más buscado durante cuatro días, que el joven que asesinó a 15 personas en Barcelona anduvo por su casa y tocó a su perro, sus cosas, todavía sienten escalofríos.

El prófugo fue grabado por la cámara de seguridad de una gasolinera de Vallirana

El terrorista entró en el patio, y el perro de la familia, pese a lo grande que es, demostró lo manso que es en realidad cuando le hacen cuatro carantoñas y caricias. La masía está dividida en dos viviendas. Una alquilada a esta familia y la otra vacía desde hace unos meses. Younes Abouyaaqoub trepó hasta el balcón de la deshabitada y allí trasteó durante un buen rato, aunque no pudo encontrar mucha cosa, porque está prácticamente vacía.

Sólo encontró un bote de acondicionador del pelo y se lo bajó de nuevo al patio. Quiso entrar en la casa habitada. Agarró una herramienta con punta y trató de hacer palanca en el marco de la puerta principal, pero no lo logró. Lo intentó por varios puntos de la entrada. Pero no cedió. Tampoco se rindió. Trepó y trató de abrir una de las ventanas. Y precisamente en ese vidrio la policía científica de los Mossos aisló una huella perfecta que identificó después al terrorista.

Como no logró entrar en la casa, decidió lavarse. Se acercó al gran balde del agua para beber del perro y se aseó usando el acondicionador del pelo como jabón. La mujer y sus dos hijos regresaron sobre la una. El terrorista debió de escuchar el coche, las risas de los niños y los ladridos del perro, al percatarse que la familia volvía. Cuando accedieron a patio central, allí no había nadie. Pero era evidente que alguien había estado y se acababa de ir.

“El agua todavía bajaba desde el cubo del perro. Quedaba jabón. Vi que uno de los balcones de la otra casa estaba abierto y la puerta de mi casa forzada”, explica la mujer. Primero telefoneó a la inmobiliaria que gestiona el alquiler de las dos casas para advertirles de que habían entrado a robar. Después, cuando supieron que Younes Abouyaaqoub había sido abatido a tiros a unos ocho kilómetros de su casa, llamó a los Mossos d’Esquadra.

El martes al mediodía les volvió a telefonear. Y el miércoles a las ocho de la mañana se presentaron en la casa los mossos de la policía científica, los de información antiterrorista y los de seguridad ciudadana. Estuvieron hasta las cuatro de la tarde buscando huellas en las dos casas.

La familia les hizo crepes, y el pequeño interrogó a la policía mientras tomaba las huellas dactilares a su madre, porque no acababa de entender por qué lo hacía si eso en las películas se hace con los malos. “Tu mamá es buena, tranquilo. Como también encontraremos su huella, es para que la podamos distinguir de la del malo”, le explicó la policía.

El sábado por la tarde en la ventana de la masía aún quedaban los restos de polvos fosforescentes de la policía científica y el chivato con el que los Mossos habían marcado la huella dactilar del terrorista. “Mañana mismo les llamo para poder quitarlo y borrar sus huellas”. Definitivamente de su casa y de sus mentes.

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