Acoso sexual, grietas en el muro de silencio

Hollywood ha abierto la tapadera. Centenares de actrices han salido del glamuroso mundo de las pantallas para denunciar a cara descubierta lo que sucede en la vida real, en la suya y en el de una mayoría de mujeres. El caso del Harvey Weinstein, acusado por acoso y abuso sexual, ha hecho salir a presión y por todo el mundo una realidad conocida pero hasta ahora prácticamente silenciada. Sucede en la oficina de una ciudad, en el Parlamento Europeo, en cualquier calle, en una gran empresa financiera, en la universidad, en el cine español… El paso al frente de estas actrices empieza a cambiar las cosas.

El acoso sexual es un aspecto olvidado de la violencia de género, señala Cristina Cuenca Piqueras, socióloga de la Universidad de Almería (UAL). En una definición genérica debe de entenderse como “cualquier comportamiento verbal o físico de naturaleza sexual que tenga el propósito o produzca el efecto de atentar contra la dignidad de una persona, sobre todo cuando se crea un entorno intimidatorio, degradante u ofensivo”. Pero esta definición no flota en el aire sino que se enmarca en una sociedad en la que pese a los avances en la igualdad entre hombres y mujeres se mantienen relaciones de género desiguales y donde se sigue (o se intenta) subordinando a las mujeres en el ámbito profesional y en la sexualidad, subraya Begonya Enguix, profesora de Antropología de la UOC.

Cerca de 50 actrices señalaron al productor Harvey Weinstein

Perviven desigualdades en los patrones de relación personal y persiste en algunos sectores la idea de que el hombre tiene derecho sobre el cuerpo de la mujer, indica, el “privilegio” de hacer y decir lo que le da la gana por el hecho de ser hombre. Pero lo que está cambiando es que ellas ya no lo toleran. Y esta no tolerancia ha dado un paso más estos días con la campaña lanzada en las redes por la actriz Alyssa Milano, que con el hashtag #MeToo animaba a todas a denunciar los casos que han sufrido para hacer aflorar la magnitud del problema. La campaña arrasó y sigue viva. Decenas de mujeres han denunciado en Estados Unidos al director James Toback y también al fotógrafo de moda Terry Richardson. La gran empresa de gestión de fondos de inversión Fidelity hacía público el despido de sus directivos por acoso sexual. Actrices españolas han levantado la mano. Suma y sigue.

Hacía falta poner así nombre al acoso, se reclama también señalar a los acosadores y romper con el silencio cómplice que les ha acompañado. La socióloga Cuenca Piqueras señala que, a diferencia de Estados Unidos, en España es una cuestión apenas estudiada y a la que casi ni se le ha puesto nombre a no ser que ya sean casos de abusos graves. Aparecen hechos aislados, pueden volver a la memoria algunos casos como el de la concejal Nevenka Fernández, que hace más de una década denunció a Ismael Álvarez, alcalde de Ponferrada, pero que luego caen en el pozo del olvido. Hay que denunciar, aunque se difícil, y sobre todo crear una conciencia social, porque sino la victimización es doble, explica esta socióloga. Y aquí no se trata de hablar de víctimas, sino de señalar a los acosadores.

El abogado Àlex Fontelles ha trabajado a fondo en el día a día de este problema oculto. En el entorno laboral el acoso se puede dar entre personas del mismo rango en las empresas o de forma vertical, es decir, cuando el acosador tiene un cargo superior. En ambos casos, indica, el acosador tiene sensación de control y las víctimas de ven superadas. Ellos van buscando el camino, primero de forma suave con pequeños comentarios y si no se les para cada vez sus conductas acosadoras son más graves.

Algunos hombres creen que tienen derechos sobre el cuerpo de la mujer

Cuando el acosador tiene un rango profesional superior la situación aún es más compleja, ya que se superponen dos poderes: la “autoridad” masculina de una sociedad machista y el cargo en la empresa. Se instala el miedo; miedo al acosador, a perder el trabajo, a ser rechazada.

El problema es que la persona acosada –la inmensa mayoría son mujeres– se culpabiliza al creer que ha fallado en algo, que no ha sabido actuar. Y sabe que denunciar le va a complicar la vida. En muchas ocasiones, señala el experto laboralista de Fontelles Advocats, es ella la que ha de acabar marchando de la empresa o cambiando de departamento y en esta espiral de injusticias tiene “derecho” a la rescisión del contrato.

Además la vía jurídica no frena el calvario ya que se han de demostrar muchas cosas de las que no es fácil tener pruebas y responder a preguntas muy invasivas. Asimismo, cuando se activa la vía penal se paraliza la laboral. Sea como sea, en las empresas tampoco acaban de funcionar los protocolos internos.

Se pueden abrir investigaciones pero las compañías en muchos casos no quieren que se filtre nada, siguiendo con lo que ha sido hasta ahora este manto de silencio y en muchos casos dejando a quien denuncia en una situación muy débil.

En el ámbito laboral las víctimas apenas lo explicitan por miedo

Hay diferentes análisis sobre si hay profesiones con un mayor peligro de que proliferen los acosadores sexuales, pero este no es el tema. El problema es muy transversal y refleja una sociedad en la que se siguen vulnerando los derechos de las mujeres. Pero estos días ha aparecido un importante punto de inflexión: ellas se están tirando por la ventana los presuntos roles tradicionales aprendidos y esto es lo que permite romper el muro de silencio.

Uno de los estudios más amplios sobre el acoso sexual lo realizó la Agencia de Derechos Fundamentales (FRA) de la UE en el 2014 (véase la información adjunta) e indica que entre un 45% y un 55% de las mujeres europeas han sufrido acoso sexual. La Agencia europea alertaba de que pese a estos altos porcentajes una inmensa mayoría no habla con nadie de ello y, asimismo, muy pocas trasladan este grave problema a las direcciones de sus empresas. Por ello, entre las principales conclusiones se destacaba la necesidad de que las compañías promuevan la vigilancia para sobre el acoso sexual y animen a las mujeres a denunciarlo.

De esto hace tres años y la ola de denuncias ha tenido que llegar desde Hollywood. “Un momento puede crear un movimiento. Este es nuestro momento. Este es nuestro movimiento”, escribía la actriz Alyssa Milano

hace poco más de una semana. Desde entonces, cada día en diversos países mujeres conocidas públicamente levantan la mano para intentar acabar con la impunidad de los acosadores. La impunidad penal y, sobre todo, la social.

En todas las profesiones

La encuesta realizada en el 2014 por la Agencia de Derechos Fundamentales (FRA) de la UE analiza entre otras muchas cuestiones la incidencia del acoso sexual en los diferentes ámbitos profesionales. Como se observa, las mujeres ejecutivas son las que mayores casos de acoso relatan, una cuestión que según la FRA puede deberse a su mayor exposición a situaciones en las que se ejercen estas coerciones suceden, o cuando se debe viajar por motivos de trabajo. Asimismo se indica que estas mujeres profesionales, con un alto nivel educativo, pueden ser más conscientes de estas situaciones de acoso y, por tanto, están más dispuestas a hablar sobre ello. La encuesta también indica que el acoso es alto en las profesiones masculinizadas y advierte que las mujeres con empleos y contratos precarios están más expuestas al acoso sexual.

En toda la Unión Europea ellas están infrarrepresentadas en las posiciones de responsabilidad en todas las profesiones, una situación que no ayuda a crear entornos en los que prevalezca de verdad la igualdad de género.

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