Inicio Sucesos África, para los misioneros: «Una parte maravillosa del mundo que sigue oprimida»

África, para los misioneros: «Una parte maravillosa del mundo que sigue oprimida»

Publicado 25/05/2019 10:00:39CET

   MADRID, 25 May. (EUROPA PRESS) –

   Misioneros españoles han asegurado que África es «su primer amor», una parte «maravillosa del mundo» pero que sigue estando «oprimida» y que necesita desarrollarse para enfrentarse a la falta de comunicaciones, infraestructuras, educación, sanidad y alimentación. A pesar de las dificultades e incluso de los peligros, pues recientemente, se han producido asesinatos y secuestros, afirman que ser misionero en África «compensa». Este sábado 25 de mayo se celebra el Día de África.

   Con 12 años, la misionera española en República Democrática del Congo Victoria Braquehais ya tenía claro que quería viajar a África. «Un día llegó a mi casa la revista de los Misioneros Combonianos y leí una frase: ‘Como el humo tiende a subir, como el agua a bajar, así de pronto surgió mi vocación’. Es lo que yo sentía», recuerda.

   Para ella, África es su «primer amor» pues este continente siempre ha estado «muy unido» a su «experiencia de Dios». «Me revela su rostro, hay algo de Dios en la gente, en la naturaleza», asegura, al tiempo que reconoce que, aunque ella ha nacido en España, cuando vuelve a África tras unas vacaciones en su país natal, se siente «como en casa».

   Braquehais realiza su misión en el poblado de Kanzenze, situado en la provincia de Lualaba, al sur del país y aunque indica que no puede hablar de las necesidades de todo el continente porque es algo «muy ambicioso» –en África hay 54 países–, sí enumera algunos de los problemas más acuciantes en República Democrática del Congo.

   «Arreglaría las comunicaciones, las infraestructuras, las carreteras y el tren, eso activaría la economía y favorecería los contactos», asegura la misionera en una entrevista con Europa Press. Además, señala las necesidades de acceso a cuidados médicos, a alimentación y educación. En este sentido, resalta la labor de Manos Unidas. «Nos apoya muchísimo», afirma.

   Sobre los misioneros asesinados recientemente en Burkina Faso, en Mozambique y en República Centroafricana –donde la misionera española Inés Nieves fue asesinada esta semana–, Braquehais asegura que «el amor no mide» y que, a pesar de las dificultades y peligros, ser misionero en África «compensa». «Por supuesto, no es solo que compense, entregar la vida por Jesús es una gozada», destaca.

AMENAZAS MÁS ALLÁ DEL ÉBOLA

   En todo caso, precisa que en la zona del Congo donde trabaja ella no siente «ningún peligro», más allá de los «normales» porque sí están expuestos a enfermedades como la malaria o las fiebres tifoideas. Además, en estos momentos el país atraviesa el brote de ébola más letal de su historia, con más de mil muertos y cerca de 2.000 contagiados.

   Al poblado de Kanzenze, donde trabaja Braquehais, le toca de lejos porque la epidemia se está extendiendo por el este y ella está en el sur, pero en cualquier caso recuerda que este virus «no es la mayor amenaza» en el país africano.

   «Aquí hemos tenido miles de muertes por cólera y esto no salido en ningún telediario, seguimos teniendo la malaria que es como una enfermedad invisible y es una de las principales causas de muerte infantil. Luego está el tema de la malnutrición, los niños se mueren literalmente de hambre», advierte.

   Para el misionero español en Benín Rafael Quirós, sacerdote de la diócesis de Barbastro-Monzón, África es «una parte del mundo maravillosa con grandes posibilidades», que «sigue estando oprimida, sobre todo, por los intereses económicos a nivel mundial» pero con «gente muy alegre, con ganas de vivir, de sonreír y disfrutar la vida a pesar de sus miserias y sus pobrezas».

   A su juicio, la necesidad más urgente de los africanos es «poder desarrollarse, tener oportunidades para poder, ellos mismos, sacar adelante a sus familias y sus vidas». Así lo explica a Europa Press desde la parroquia de Fô-Bouré, de la que es responsable, y que se encuentra ubicada en la mitad norte de Benín. Desde ella, impulsa proyectos para formar a las mujeres en derechos o para llevar luz a los hogares del pueblo.

   Quirós recuerda que los africanos necesitan «lo básico, una sanidad mínima, una educación mínima, poder comer, sobre todo, en temprana edad, y que se les deje desarrollarse, que no se les oprima ni se les tenga controlados».

   El misionero español coincide con Braquerais al asegurar que «por supuesto merece la pena» ser misionero en África a pesar de los peligros, incluso después de casos como el de la misionera Inés Nieves o como los que les han «pillado cerca» en Burkina Faso y en el norte de Benín, donde «ha habido secuestros».

   «Por supuesto que merece la pena ser misionero en África, por supuesto que merece la pena anunciar que hay un Dios que nos quiere y que devuelve la dignidad a las personas. A pesar de las dificultades, es una alegría, es una gozada estar allí y compartir nuestra fe y nuestra vida», ha subrayado Quirós.