Arranca el juicio de la pornovenganza en la Guardia Urbana

Las cosas han cambiado mucho desde aquel 28 de abril en que debía celebrarse el juicio de la pornovenganza en la Guardia Urbana. La afectada Rosa P. – agente de la policía local- se presentaba al juicio con el viento a favor. Iba acompañada de su novio Pedro y su abogado estaba convencido de que las pruebas con las que contaba les permitiría ganar el caso. Rosa debía testificar ante la juez como víctima de la difusión de una fotografía sexual por parte de un exnovio, Oscar S. que en la fecha de los hechos ostentaba el cargo de cabo y que posteriormente fue ascendido a subinspector, también en la Guardia Urbana. El caso se remonta al 2008 cuando, según la versión de la mujer, puso fin a la relación con el subinspector y éste se vengó enviando una imagen en la que aparecía practicándole una felación. La fiscalía pide 3 años de prisión para el hombre por un delito de revelación de secretos.

El juicio se retoma este jueves aunque en una situación muy diferente a la de aquel 28 de abril, en que no pasó nada. El juicio se suspendió porque la fiscalía pidió una leve modificación en la calificación de los hechos y el abogado de la defensa solicitó una prórroga para estudiarlo con detenimiento. La vista se suspendió y puede que eso lo cambiara todo. Cuatro días más tarde, Pedro fue asesinado y los presuntos responsables de su muerte fueron Rosa y su amante Albert L que permanecen en prisión preventiva desde el 16 de mayo.

El caso de la pornovenganza provocó un giro de guión: Rosa dejó de ser víctima para convertirse en verdugo. La investigación de los Mossos sobre el crimen reveló que el caso de la pornovenganza fue un punto de inflexión en la relación entre los dos acusados, Rosa y Albert. Después de que Rosa denunciara la difusión de la fotografía sexual en una entrevista en La Vanguardia , Albert volvió a interesarse por la chica con la que había mantenido una relación durante cuatros años. El acercamiento de la expareja se intensificó hasta tal punto que, días antes del crimen, Rosa confesó a una amiga suya que la relación con Pedro “iba fatal” y que “echaba de menos a Albert”. El intercambio de mensajes entre Rosa y su amiga se produjo tan solo dos días después de la entrevista en este diario. A la cita Rosa se presentó con Pedro que siempre la arropó en todo momento. Durante la conversación, la mujer se desmoronó al revivir el sufrimiento que padeció tras la filtración de la fotografía sexual. En ese momento, Pedro la rodeó con el brazo y la animó para que no desfalleciera.

El día del juicio, el 28 de abril, Rosa llegó acompañada de Pedro y esperó junto a él su turno para declarar en una sala anexa reservada para los testigos. Su declaración nunca se produjo. El juicio se pospuso quince días pero volvió a suspenderse tras el asesinato de su novio. La mujer llegó a plantearle a su abogado que siguiera adelante con el juicio a pesar de que su novio apareció calcinado en el maletero de un coche en el pantano de Foix. “Es lo que Pedro hubiera querido”, adujo. El abogado, perplejo ante semejante propuesta, la convenció para posponer el juicio y, acto seguido, renunció a su defensa. En ese momento ya no albergaba ninguna duda sobre la implicación de Rosa en el crimen.

La prueba clave del juicio de la pornovenganza es una conversación telefónica grabada por la mujer en la que el acusado admite que filtró la fotografía sexual porque “estaba encabronado” después de que la mujer pusiera fin a la relación. La juez deberá decidir si da validez al audio. La acusación la ejercerá únicamente la fiscalía tras la renuncia del abogado. Rosa volverá a comparecer en el juicio, aunque esta vez lo hará sin abogado y esposada.

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