Asesinato machista en Navidad

Hace unos pocos días se cumplieron 20 años del asesinato de Ana Orantes. Su marido la quemó viva después de que ella denunciara a cara descubierta en Canal Sur las agresiones sufridas durante toda su triste vida. Raquel dedicó a su madre una carta, coincidiendo con el aniversario. “Me encantaría decirte que todo ha cambiado, que hay voluntad política, pero no es así”. El lunes pasado, el día de Navidad, fue asesinada Kenia Álvarez Vázquez. Su pareja le asestó varias puñaladas en el cuello. Eran vecinos de Sant Adrià del Besòs. Ella sólo tenía 30 años.

Este último crimen machista engrosará la lista de asesinatos de un 2017 al que le quedan pocos días para terminar. Hasta el domingo pasado, la cifra era de 46 mujeres asesinadas por sus parejas o exparejas. ¿Muchas? ¿Pocas? ¿Más o menos que el año anterior? Es igual. La cifra es sólo la punta del iceberg de un problema social que sigue ausente de la agenda política.

Volvamos al barrio de la Mina. Ninguno de los vecinos consultados acertaban ayer a concretar si la víctima llevaba mucho o poco tiempo viviendo con Carles Sánchez Torralba, de 35 años. El hombre acumulaba antecedentes y entraba y salía con frecuencia de las comisarías y de la cárcel, en alguna ocasión. La víctima también había sido detenida. Los que más les conocían sitúan la formalización de la relación en marzo pasado. Desde entonces, la mujer ya le había denunciado en dos ocasiones. Ninguna de las denuncias prosperó. La víctima no las ratificó y se negó a colaborar ni con los investigadores, ni a recibir asistencia de los programas de atención que llevan los mossos. Nunca se adoptaron medidas cautelares.

El día de Navidad algunos vecinos del barrio les escucharon discutir fuertemente en la calle. Nadie llamó a la policía, porque no era la primera vez que se peleaban. Y porque falta aún mucha concienciación que empuje a esos vecinos, a todos esos testigos, a descolgar el teléfono y alertar de que están gritando violentamente a una mujer.

A medianoche, dos vecinos sí se acercaron hasta la comisaría de los Mossos de la Mina. Habían visto a Carlos deambular cerca de las vías del tren cargando con un bulto muy grande. No les gustó nada la escena. Acompañaron más tarde a la policía hasta el descampado en el que vieron al hombre. Semienterrado, bajo una montaña de basuras, escombros y matojos de hierba cortada en ese momento, estaba el cuerpo sin vida de la joven. Presentaba varias puñaladas mortales en el cuello.

Los Mossos d’Esquadra alertaron al titular del juzgado número dos de Badalona, en funciones de guardia, quien se presentó en el lugar para proceder al levantamiento del cadáver. El presunto asesino se intentó esconder entrando y saliendo de pisos de conocidos, en su mismo bloque, cuando supo que le buscaban. La policía activó al Arro, especializados en seguridad ciudada-na, para evitar que los vecinos del barrio lo lincharan, cuando lo sacaron detenido.

El hombre estaba en un estado lamentable. Había ingerido numerosos medicamentos y lo poco que pudo pronunciar es que había intentado quitarse la vida. También había consumido abundante cocaína. Tras ser asistido por un médico de guardia, fue trasladado a las dependencias del grupo de homicidios de la región policial metropolitana norte, que en el día de hoy le tomarán declaración. Después pasará a disposición judicial.

A las 46 mujeres que hasta el domingo habían sido asesinadas, hay que sumar a la joven de Vila-real y la del día de Navidad en Sant Adrià. En total, 48 víctimas de la violencia machista, y el año no ha terminado aún. Precisamente sobre este gravísimo problema alertó el pasado domingo Felipe VI en su discurso navideño. “Una violencia criminal y cobarde que degrada nuestra convivencia”, dijo refiriéndose por primera vez a lo que definió como una “lacra inadmisible”. Ayer, la presidenta del Institut Català de les Dones, Núria Balada, difundió un comunicado de repulsa. Mantuvo su compromiso con la erradicación de esta violencia combatiéndola desde todos los frentes, y reivindicó la necesidad de seguir apostando por una respuesta social determinante.

En los últimos años las políticas de seguridad en materia de violencia machista no han sido una prioridad de los responsables de las últimas conselleries de Interior. Unos porque nunca se sintieron cómodos, y otros porque se vieron arrollados por las políticas de prevención antiterrorista que se han quedado con buena parte de los recursos y las iniciativas. A día de hoy, en Catalunya, en políticas preventivas de seguridad sólo están planificadas las charlas de concienciación en los centros educativos y los programas de atención a las víctimas. Nada más.

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