El acusado de la pornovenganza no se reconoce en la imagen

El caso de la pornovenganza gira en torno a la filtración de una fotografía sexual de una agente de la Guardia Urbana presuntamente por parte de un subinspector después que la mujer pusiera fin a los encuentros sexuales que mantenían. El asunto cuenta con otra derivada de gran relevancia pero que no tiene nada que ver con el procedimiento de ayer, como es el crimen de otro agente de la Urbana cuyo cuerpo apareció calcinado en un coche en el pantano de Foix y por el que hay dos agentes en prisión preventiva. Uno de ellos es Rosa P., la mujer que aparecía en la foto sexual difundida y que era la novia del fallecido.

El juicio de la pornovenganza arrancó ayer nueve años después de que se produjera el envío de la imagen. El acusado Oscar S., para quien la fiscalía pide tres años de prisión, se ciñó a una estrategia de defensa que consistió en negar la mayor y en arremeter contra la vida amorosa de la víctima sugiriendo que pudo ser ella o alguno de sus amantes los responsables del envío. Durante la declaración, el subinspector negó los hechos y refutó que el miembro viril que aparecía en la imagen fuera el suyo: “no reconozco el pene de la fotografía como el mío, señoría”. Tampoco se reconoció en la prueba clave del caso, una conversación telefónica que fue grabada por la víctima en que el acusado presuntamente admitía haber mandado la imagen porque “estaba encabronado”.

El acusado insinuó que fue la propia mujer la que le mandó la fotografía

Por su parte, la víctima Rosa P., a quien quitaron las esposas cuando entró en la sala, culpó al subinspector de mandar la fotografía y traicionar la confianza que como pareja permitía que se hicieran fotos manteniendo relaciones sexuales o, entre otras cosas, confiarle la contraseña de su e-mail que utilizó, según la versión de la mujer, para enviar la imagen a todos sus contactos. Preguntada sobre cómo es capaz de reconocer al acusado, Rosa respondió:“tiene una cicatriz en el miembro. Verán que es él”.

Oscar admitió que en los encuentros sexuales con Rosa era habitual hacerse fotografías con una cámara y que luego almacenaban en ficheros, tanto ella como él. Ésta era una práctica, aseguró el subinspector, que le enseñó la mujer y que ya había empleado antes con otros hombres. De esta manera, insinuó que fue la propia mujer la que mandó la fotografía, después de que él rompiera la relación.

La misma estrategia del abogado defensor prosiguió durante el interrogatorio a la mujer. Con un sentido relato al borde del llanto, Rosa P. recordó el calvario que vivió al sentirse señalada por sus compañeros de la Urbana. “Siempre fui la chica de la foto”, y por esta razón se siguió refugiando en los brazos del subinspector durante los diecisiete meses posteriores al envío de la fotografía. “El resto de la gente me veía como una puta por eso me acerqué a él” y también porque “tenía miedo de no aprobar las prácticas”, ya que hacía apenas un año que acaba de entrar en la Guardia Urbana.

Rosa P. recordó el calvario al borde del llanto: “Siempre fui la chica de la foto”

La agresividad planteada por el abogado defensor se tornó en impertinencia y le valió la amonestación de la juez. “La mujer puede tener las relaciones sexuales que quiera, aquí venimos a juzgar el envío de una fotografía”. El letrado elevó el tono para poner en duda que Rosa quedara tan afectada como decía por la difusión de la fotografía, ya que siguió acostándose con el acusado. También recordó que fue galardonada con una medalla en la Guardia Urbana. “Como decía que la marginaban”, arremetió el letrado. Rosa en ese momento se desmoronó. No pudo contener las lágrimas y su padre, que se sentó justo detrás, la consoló dándole achuchones en la espalda.

Cinco agentes de la Guardia Urbana, amigos del acusado, trataron de echarle un capote y se sometieron a un interrogatorio dirigido por el abogado defensor que nada tuvo que ver con la difusión de la fotografía y se centró en otros aspectos para corroborar que el estado psicológico de Rosa no se vio afectado por la filtración. “Vi al menos dos fotos sexuales más de Rosa con otros hombres”,“no la vi afectada”, “su actitud era normal”, “se perfumaba y se maquillaba”, declararon los agentes

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