Esposado ¿y empujado?

Un incidente en el que se vieron involucrados los dos agentes de la Guardia Urbana detenidos por el asesinato de otro urbano, cuyo cuerpo apareció calcinado en el maletero de un coche, amenaza ahora con abrirles un nuevo frente judicial por homicidio. Un vendedor ambulante murió al precipitarse supuestamente de forma accidental en un operativo en el que participaron los dos agentes implicados en el crimen. La investigación reabierta por los Mossos ha permitido aportar nuevos elementos que afianzan las sospechas sobre los dos urbanos. Dos testigos vieron como el vendedor llevaba las esposas puestas cuando yacía en el suelo después de caer al vacío.

Los hechos que pueden ser objeto de investigación en una nueva causa judicial contra los dos agentes de la Guardia Urbana detenidos por el crimen de Foix se produjeron el 9 de agosto del 2014. Rosa P. y Albert L., arrestados por el crimen de Pedro R. –guardia urbano y novio de la detenida– patrullaron durante años en el turno de mañana de la unidad de apoyo diurno de la Guardia Urbana (USD). Su afinidad se tornó muy próxima y desembocó en una relación sentimental. Ese día ambos participaron en un dispositivo contra la venta ambulante en el distrito de Sants-Montjuïc y en ese operativo un vendedor –que en realidad era un sintecho– acabó muerto al precipitarse por un terraplén. La versión oficial sostuvo que cayó de espaldas cuando era per­seguido por los dos policías.

La investigación que abrieron los Mossos fue archivada después de determinar que la muerte fue accidental. Sin embargo, tras la detención de ambos por el crimen, la policía catalana anunció que revisaría esta polémica actuación. En mayo de este año los Mossos interrogaron a dos testigos que relataron que “la persona precipitada llevaba puestas unas esposas metálicas con las manos a la espalda”. Los dos testigos son un sargento y un agente de la Guardia Urbana que se desplazaron inmediatamente hasta el lugar de los hechos al recibir el aviso del incidente. Así consta en el sumario del caso.

El sargento, al ver que el vendedor yacía inmóvil en el suelo, ordenó que “de manera inmediata le retiraran las esposas para que pudieran realizar las maniobras de recuperación”. El propio mando policial quiso comprobar si el herido tenía pulso. Ante esa situación, el sargento pidió explicaciones a los agentes, Albert y Rosa, que aseguraron que después de caer el hombre se levantó y fue hacia ellos, con lo que tuvieron que reducirlo y esposarlo. Rosa fue atendida en el ambulatorio por unos cortes en la pierna que le causó el fallecido antes de caer. Sólo hubo un testigo que presenció los hechos directamente, que falleció el año pasado en un accidente. La minuta policial elaborada por un responsable concluyó que la muerte fue accidental. La juez de Vilanova sopesa inhibirse para que la investigación por la muerte del vendedor se dirija en una pieza separada desde un juzgado de Barcelona.

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