Guía práctica para distinguir medusas: las más frecuentes en España y las que pican más fuerte

El Mediterráneo es uno de los mares a nivel mundial donde esta especie es más inofensiva

Son los principales enemigos de los bañistas pero no todas son iguales. Entre el 5 y el 10 por ciento de las playas del Mediterráneo español presentan medusas por encima de la media, según ha informado el investigador del Instituto Multidisciplinar para el Estudio del Medio Ramón Margalef (IMEM) de la Universidad de Alicante (UA), César Bordehore, quien ha advertido que aunque a nivel global no se ha producido un aumento de medusas en la costa mediterránea, “se han detectado que en algunas playas hay tendencias al alza, algunas con máximos puntuales y otras con presencia elevada de medusas de manera sostenida”.

El IMEM ha puesto de manifiesto que “se está estudiando cómo reducir las poblaciones de medusas y también la incidencia sobre las personas, es decir, evitar cuantas más picaduras mejor”.

Las picaduras más fuertes y urticantes corresponden a la Medusa luminiscente (pelagia noctiluca), Avispa de mar (carybdea marsupialis) y Medusa cruz (olindias phosphorica), ha explicado Bordehore, quien recomienda que ante una picadura lo principal es “eliminar los restos de tentáculos con unas pinzas o una tarjeta de plástico, sin frotar, y realizar lavados con agua de mar, nunca con agua dulce”.

Además, ante una picadura de medusa, también llamadas aguamalas, lo principal es eliminar los restos de tentáculos con unas pinzas o una tarjeta plástica, sin frotar, y realizar lavados con agua de mar. “Nunca utilizar agua dulce”, ha advertido el experto de la UA, quien añade que “una vez bien lavada la zona, si tenemos acceso a calor, se puede aplicar a unos 40-45ºC durante 10-20 minutos”.

En caso de que el bañista tenga algún síntoma sistémico como mareos, dolor de cabeza o articular, alteraciones del pulso o de la presión sanguínea o hinchazón, entre otros, “es importante acudir a los servicios médicos”.

Las especies más comunes en la costa mediterránea española son la Medusa luminiscente (Pelagia noctiluca) de color rosado rojizo, semiesférica, con cuatro brazos orales gruesos y ocho tentáculos marginales de hasta dos metros de longitud; y la Acalefo azul (Rhyzosmoma pulmo) con umbrela acampanada de color blanco azulado y ribete de color violeta, ocho brazos orales gruesos de color blanco azulado.

En el grupo de medusas ‘residentes’ está la Avispa de mar (Carybdea marsupialis), presente en aguas poco profundas, de forma cúbica y color transparente azulado o blanquecino con cuatro tentáculos largos; y la Medusa cruz (Olindias phosphorica), hidromedusa transparente con cuatro líneas radiales blancas opacas. Con una umbrela rodeada de pequeños tentáculos de color azul o burdeos, “no se observan enjambres extensos en esta zona pero puede ser muy abundante localmente”, ha detallado el investigador de la UA.

Por otra parte, las picaduras más fuertes y urticantes corresponden a las de la Medusa luminiscente o, la Avispa de mar y la Medusa cruz. “La Carabela Portuguesa (physalia physalis), que tiene una parte que flota sobre el agua, es poco frecuente en nuestras costas pero es sin duda es el ejemplar más peligroso. Si la viéramos hay que alejarse rápidamente ya que los tentáculos pueden estar presentes en sus inmediaciones en un radio de más de 10 metros”, ha advertido Bordehore.

Según el experto, por esta zona no hay presencia de especies peligrosas de las que haya que preocuparse, de hecho, ” el Mediterráneo es uno de los mares a nivel mundial donde las medusas son más inofensivas. En zonas tropicales podemos encontrar especies que generan graves efectos sobre la salud como la medusa Irukandji, diminuta y mortal en la zona del SO del Pacífico”, ha agregado Bordehore.

Gracias al proyecto europeo LIFE Cubomed, liderado por el IMEM y el Instituto de Ciencias del Mar- CSIC, se han recopilado datos de picaduras de más del 70 por ciento de los 1.200 puestos de socorro que existen en la costa mediterránea y, ha apuntado Bordehore, “hay entre un 5 y 10 por ciento de puntos negros que deberían estudiarse para realizar un diagnóstico y ver si se puede reducir la presencia de medusas y reducir el contacto con bañistas”.

Imagen de unas medusas en el Oceanogràfic de ValenciaImagen de unas medusas en el Oceanogràfic de Valencia– MIKEL PONCE

“Hay que tener en cuenta que las picaduras de medusas hay que evitarlas siempre, sean débiles o dolorosas, ya que el cuerpo puede sensibilizarse tras varias picaduras y provocar reacciones alérgicas permanentes. Hemos detectado y publicado en una revista médica el efecto sobre una paciente a la que una picadura de medusa le generó una alergia permanente a Anisakis y a gambas lo que le condiciona su alimentación de por vida”, ha relatado el experto.

Existen varios factores que determinan la aparición de estos animales marinos pero, como explica el experto de la UA, se diferencian las que “vienen y van con las corrientes donde las condiciones que les afectan tienen que ver con grandes masas de agua y, otro grupo de medusas que son costeras y viven en los primeros metros del agua”.

A este segundo grupo, “lo que les afecta son las condiciones locales, desde la presencia de zooplancton, alimento que aparece por una elevada concentración de nutrientes en el agua, a la configuración de la línea de costa como bahías cerradas, espigones o puertos”, ha señalado. Estas condiciones junto con la interacción con corrientes pueden provocar una acumulación de medusas en lugares muy concretos.

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