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Hallado oculto en una aldea de Orense un septuagenario condenado por abusar de su nieta menor

Las autoridades piden que no se revele el nombre de la pequeña aldea, que con decir que está en la comarca orensana de Trives es suficiente. Allí se ocultaba un varón de 71 años condenado a seis de prisión y a diez de libertad vigilada por abusar durante años de su nieta pequeña. Cuando empezaron los abusos, la niña tenía ocho años. La Policía Nacional lo ha encontrado tras seguir el rastro de varias personas que lo ayudaban durante esta fase de ocultación.

El fugado ahora ya en manos de la justicia es el abuelo paterno de la víctima. En su condición de familiar, con frecuencia se quedaba al cuidado de la niña y era durante esos periodos de acompañamiento cuando se dedicaba a realizarle tocamientos. Hubo un proceso judicial que culminó en condena que fue firmada el 29 de septiembre de 2017. Se conoce que cuando el condenado pensó que deveniría firme, decidió ocultarse.

El detenido, en el momento de descender del vehiculo policial en que fue trasladado tras su detención en la aldea donde se ocultaba (Policía Nacional)

No es que el detenido viviera como una ermitaño en esa aldea de menos de 100 habitantes, no. Fuentes policiales explican a este diario que su realidad era que “vivía solo en una casa en la aldea y ocupaba toda la vivienda”. “Salía muy poco del domicilio, a penas para acercarse a la única tienda bar del pueblo a comprar comida o tomarse muy de vez en cuando un café”, explican fuentes del caso.

El fugitivo permaneció viviendo en la pequeña aldea de menos de 100 habitantes durante un año sin que saltara alerta alguna

Todo el mundo en la aldea creía saberlo todo, pero nadie avisó de nada y nunca le preguntaron al interfecto. Fue esta especie de ley del silencio rural uno de los factores que facilitó que el fugitivo permaneciera aproximadamente uno año viviendo en tales condiciones.

La nota policial difundida por el caso deja muy claro que la supervivencia del arrestado hubiera quedado del todo comprometida si no hubiera sido porque recibía ayuda exterior periódica. Se trata de un apoyo que, ante todos los indicios reunidos, se preparó con cierta antelación.

El fugitivo, antes de desaparecer, había firmado autorizaciones y poderes en favor de una tercera persona para que pudiera disponer y consultar de sus fondos bancarios. El sujeto habilitado para realizar en el futuro dichas labores contaba, además, con antecedentes por estafa. Retiraba dinero siempre en la misma sucursal bancaria.

Un médico extendía recetas a nombre del fugitivo de manera telemática porque un amigo le había pedido ese favor

El apoyo al fugado no se quedaba ahí. Una hija del hombre encargado de gestionar el dinero del fugitivo estaba retirando medicamentos en una farmacia, que supuestamente eran para su progenitor pero que finalmente se descubrió que tenían como destinatario al condenado escondido. Las pesquisas determinaron que un médico estaba haciendo recetas telemáticas en respuesta a un supuesto favor que le había pedido este colaborador del fugado.

Interrogado el médico, dijo no conocer de nada al paciente y que si bien hacía las recetas a nombre del fugitivo era porque le habían pasado una foto de su tarjeta sanitaria, según explican a este diario fuentes del caso.

Los seguimiento facilitaron el arresto

Los agentes responsables del caso rastrearon las propiedades inmobiliarias de este grupo de apoyo al fugado y concluyeron que el abuelo condenado por abusar de su nieta se ocultaba en una aldea de la comarca de Trives.

Los agentes aprovecharon una de las escasas salidas a la calle del fugitivo para acercarse a él e informarle de que estaba detenido. En estos casos en que existe una condena judicial, la entrada en prisión es casi inmediata.