La juez investiga si el guardia urbano murió de un disparo

¿Cómo murió el agente de la Guardia Urbana de Barcelona Pedro R.? Su cuerpo fue hallado en el maletero de un coche el pasado 4 de mayo completamente carbonizado pero la investigación todavía no ha sido capaz de despejar ese interrogante. Los dos detenidos –ambos agentes de la policía local– sólo han reconocido que colaboraron a quemar el cadáver, se culpan mutuamente pero tampoco dicen cómo murió. ¿Fue su novia Rosa, o fue Albert, el amante de ella? ¿O fueron los dos?

La autopsia que consta en el sumario apunta que Pedro murió víctima de una “estrangulación manual”. Pero, ¿si fue estrangulado por qué había sangre en varias estancias del chalet donde el fallecido convivía con Rosa?. A la falta de más pruebas, la hipótesis actual indicaría que después de matarle el cuerpo fue descuartizado. Cuando los investigadores encontraron el cadáver en el maletero del coche le faltaban las extremidades. Aun así, forenses consultados por este diario dudan que la sangre procediera del descuartizamiento. La explicación científica es que la sangre de un cadáver no salpica, solo lo hace cuando la persona todavía está con vida. Por tanto falta una explicación que justifique la presencia de tanta sangre en el lugar del crimen.

La instructora va más allá que la autopsia, que apuntaba que la víctima fue estrangulada

En medio de todo este embrollo en el que bucean los investigadores, la juez de Vilanova que lleva el caso apunta una nueva vía hasta ahora desconocida. Pedro pudo morir de un disparo. Los investigadores hallaron material fundido en el coche que fue calcinado y que se correspondería con una bala.

En un auto dictado en agosto, la juez subraya que “en el maletero donde se encontraba el cuerpo, se hallaron dos piezas de apariencia metálica”. “Respecto a una de ellas, los análisis realizados determinan una composición de cobre y zinc con partes de plomo que por su composición y proporción química podría ser compatible con un elemento balístico (bala blindada con núcleo de plomo)”.

No faltaba ninguna bala en las armas reglamentarias de los guardias detenidos

Es la primera vez que la investigación apunta a esa posibilidad. Esta vía explicaría las salpicaduras de la sangre. Aun así, los Mossos d’Esquadra ya investigaron si los dos urbanos acusados llevaban encima sus armas reglamentarias el día del crimen, pero ni Rosa ni Albert iban armados, al menos de momento no se ha podido acreditar. La mujer estaba de baja y su pistola estaba en comisaría, y el otro arrestado aseguró que guardó el arma en su taquilla, como siempre hacía, cuando salió del trabajo. Los Mossos también corroboraron que en sus armas reglamentarias constaban todas las balas. No faltaba ni una. Las partes sospechan que la juez cuenta con un informe forense ampliatorio al que todavía no han tenido acceso.

Con el procedimiento del jurado que se abre a partir de ahora, las defensas y las acusaciones han solicitado nuevas pruebas. Una de ellas consiste en analizar la sangre encontrada en el apartamento para comprobar si realmente procede de la víctima.

Este caso plagado de sorpresas y giros inesperados de guión, vivió un nuevo sobresalto en agosto. El acusado Albert L. pidió declarar voluntariamente ante la juez para explicar cómo la otra detenida mató a su novio. Tanto si es una nueva estrategia de defensa para autoexculparse como si es cierto, la realidad es que por primera vez desde que se investiga esta causa un acusado detallaba el método que se empleó para cometer el crimen.

Según lo que le contó la otra detenida, aseguró que Rosa y su novio Pedro discutieron y ella aprovechó que le dio la espalda para “golpearle con un objeto contundente”. Esta acusación inesperada obligará a la otra detenida a volver a declarar para contrarrestarla. La inculpación situaría a Rosa a en un grado mayor implicación puesto que el hecho de asestar un golpe a traición podría ser considerado de asesinato con alevosía, según relataron fuentes jurídicas.

El agente acusado: “Rosa me dijo que lo mató con un golpe por la espalda”

Albert dio un paso al frente consciente de que la versión que explicó ante la juez el pasado 16 de mayo flaqueaba sobre todo en ese punto.

Él siempre mantuvo que ayudó a Rosa a deshacerse del cadáver pero nunca le preguntó cómo mató a su novio. Esto no tenía lógica. Así, a fin de dar un poco más de credibilidad a su versión, respondió a la pregunta a instancias del fiscal. “Pero usted, ¿nunca le preguntó a Rosa como le mató?”, inquirió el fiscal. “Me dijo que le había dado un golpe por la espalda con un objeto contundente”, respondió Albert. “¿Con un hacha, por ejemplo?”, incidió el fiscal. “No lo sé, no me concretó”, zanjó el acusado.

El resto de la declaración no aportó nada nuevo. Aseguró que actuó movido por la compasión hacia su amiga y que se limitó a trasladar el coche con el cadáver hacia una pista forestal del pantano de Foix donde le prendieron fuego.

La comparecencia de Albert, que se celebró el pasado 6 de agosto, fue completamente sorpresiva. Aprovechando que los abogados, el fiscal y la juez asistieron a una vistilla en los juzgados de Vilanova para encarar el procedimiento del jurado, el abogado de Albert indicó que su cliente quería declarar y que estaba dispuesto hacerlo en aquel mismo momento. Y así fue, el detenido fue trasladado inmediatamente a la sala de vistas para apuntalar su versión.

Hasta la fecha, ninguno de los dos detenidos había dado ninguna pista sobre cómo murió Pedro. Su novia Rosa aseguró que vio al otro detenido irrumpir en su casa con una mochila de la que sobresalía un hacha y que le ayudó a quemar el cuerpo porque la amenazó con hacerle daño a sus hijas. La juez tampoco se cree la versión de la mujer. En el mismo auto, asegura que la relación de Rosa y Albert no era conflictiva puesto que en uno de los whatsapp que constan en la causa la acusada le confesó a una amiga que “Albert era un chico especial”. Y otra amiga explicó que Albert, un mes antes del crimen, le regaló un anillo de compromiso. La urbana Rosa P. saldrá de prisión el próximo 26 de octubre para asistir al juicio de la pornovenganza en el que un subinspector de la Guardia Urbana – con el que mantuvo una relación– está acusado de filtrar una foto sexual suya.

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