Los detenidos se culpan el uno al otro de matar al urbano

Las declaraciones del pasado martes en el juzgado de instrucción 8 marcarán un punto de inflexión en el procedimiento judicial abierto por el crimen de un agente de la Guardia Urbana cuyo cadáver apareció calcinado en una pista forestal cercana al pantano de Foix. Los dos policías detenidos se culparon el uno al otro de haber cometido el crimen. La primera en hacerlo fue Rosa P., que prestó declaración ante la juez durante tres horas en las que dio todo lujo de detalles. Relató que el otro agente detenido, Alberto L. se presentó en su casa, le pidió que fuera al piso de arriba con sus hijas y luego acabó con la vida de su novio. Después del crimen, la amenazó. “Voy a hacer que tus hijas se ahoguen en su propio vómito si no me ayudas”, aseguró que le dijo. Y ella lo encubrió acompañándole al pantano de Foix, donde Albert L calcinó el cadáver.

Esta fue la versión de la agente. La actuación de la mujer estuvo guiada por el miedo ante la amenaza del policía. Este elemento es importante porque si al final se considera probado en un juicio podría significar un atenuante y una reducción de la pena impuesta. La agente de la Guardia Urbana negó que mantuviera una relación sentimental a escondidas con el policía detenido, Alberto L., al que describió como una persona violenta. Rosa P. se presentó como una víctima y admitió que encubrió el crimen por el “miedo insuperable” que le infligió el otro arrestado. Para reforzar esa tesis, recordó que el día después de que se identificara el cuerpo de su novio pidió ser escoltada por la unidad de protección de la Guardia Urbana, petición que le fue concedida. Esta fue la misma versión que contó la agente policial el pasado sábado cuando acudió a declarar voluntariamente a los Mossos. Tras la comparecencia quedó detenida.

El otro agente de la Guardia Urbana presuntamente implicado en los hechos, Alberto L., también utilizó la misma estrategia de defensa. Culpabilizó a la otra detenida de haber cometido el crimen y aseguró que se limitó a encubrirla. Ambos buscan esquivar una condena de asesinato y asumir un delito de encubrimiento cuya pena es de seis meses a tres años de prisión.

En el relato de los hechos que prestó durante media hora ante la juez, Alberto L. contó que recibió una llamada de la otra acusada, Rosa P., en la que le solicitaba su ayuda después de haber acabado con la vida de su pareja, Pedro R. El detenido explicó que, cuando llegó a casa de la mujer, el cadáver ya estaba en el maletero.

También reconoció haber ayudado a la mujer a encubrir el crimen proporcionándole una coartada. De hecho, el abogado del agente detenido reconoció que su cliente admitió la participación en los hechos posteriores a la muerte”. Aun así, circunscribió su actuación al encubrimiento y nunca fue más allá.

Durante los tres cuartos de hora que duró su declaración, Alberto L. relató que mantenía una relación sentimental a escondidas con la otra detenida Rosa P., y de esta manera justificó que acudiera a ayudarla después de matar a su novio. La argumentación del policía detenido representa un giro en la versión que mantuvo ante los Mossos d’Esquadra, en la que negó cualquier tipo de participación en los hechos. Durante la declaración de Rosa P. estuvo presente el abogado del otro investigado, un hecho poco habitual en las causas declaradas secretas, que en teoría son secretas para todas las partes menos para la Fiscalía. La abogada de la agente expresó su protesta por este hecho ya que pudo contaminar la declaración posterior del otro policía. La protesta fue desestimada por la juez. En la declaración del agente Alberto L. también estuvo presente la abogada de Rosa P.

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