Los dueños del castillo hinchable, acusados de homicidio

Durante varios días, la policía científica de los Mossos d’Esquadra ha trabajado en las dependencias de la empresa de fabricación y venta de hinchables Tecnodimensión, en Bescanó, inflando, desinflando y haciendo todo tipo de pruebas con el castillo de aire que el domingo pasado se desató y salió volando y mató a una niña de 6 años, en Caldes de Malavella. La conclusión a la que han llegado los investigadores es que la atracción no estaba bien amarrada y salió volando. Con el nuevo atestado de lo sucedido, los Mossos citaron nuevamente ayer por la noche a los propietarios del restaurante Mas Oller, pero esta vez como investigados. Ambos están acusados de un delito de homicidio imprudente y otros seis de lesiones, por los pequeños que resultaron heridos.

Jaume Matas, el dueño del restaurante, ya declaró el lunes por la tarde en las dependencias del grupo de investigación de los Mossos de Santa Coloma de Farners. Fue una primera declaración muy breve. Entró y salió como testigo. Ni siquiera se hizo acompañar de abogado. Ayer las circunstancias fueron otras. Matas y su mujer, a cuyo nombre está el restaurante porque le fue cedido por sus padres hace 22 años, fueron citados como investigados y acudieron acompañados por los letrados Carles Monguilod y Jordi Corominas.

La policía, tras analizar el castillo accidentado, ha concluido que voló por no estar bien sujeto al suelo

La actitud de los acusados no ha variado en estos días. El hombre explicó que adquirió el castillo hinchable a un amigo, feriante. Que, pese a ser una atracción de segunda mano, estaba en buen estado. Ni siquiera había acabado de pagarlo. Le entregó hace un mes y medio una pequeña cantidad, en concepto de paga y señal, y quedaron en acabar de fijar el precio más adelante.

Lo cierto es que los investigadores de la policía científica han podido comprobar estos últimos días que el castillo hinchable está en perfectas condiciones. Tampoco tuvo nada que ver que una de las ventanas laterales de la atracción tuviera la cremallera abierta. Esa circunstancia se anotó en el primer informe del accidente. Pero no influyó. Los Mossos supieron después que fue un trabajador del restaurante el que abrió esa cremallera para desinflar el castillo para bajarlo del tejado donde cayó al salir volando.

En cualquier caso, aunque hubiera estado abierta la cremallera, ese no hubiera sido motivo para que el inflable saliera disparado. Lo cuenta Jesús Pallarés, responsable de la empresa de inflables y que estos días cedió su nave y sus conocimientos a la policía catalana. “Si la lona se raja o esa ventana se abre, el castillo se desinfla. Punto. No sale volando”, apuntó.

Entonces, ¿qué provocó que se izara como un globo y se trasladara 40 metros hasta precipitarse sobre el tejado? Los investigadores sólo ha encontrado una razón: el viento, una corriente de aire térmica, puntual y espontánea, que se originó en ese momento y levantó un hinchable que incomprensiblemente no habían amarrado bien al suelo.

Los Mossos insistieron en su interrogatorio en cómo se montaba y desmontaba el castillo. Los acusados aseguraron que siempre se encargaba el mismo trabajador del restaurante. Monguilod sostiene que la tragedia no se pudo evitar y que, “más que una imprudencia, fue un desgraciado accidente”.

El futuro incierto del restaurante Mas Oller

No está en los planes de los dueños del Mas Oller reabrir próximamente las puertas de su restaurante. El establecimiento tiene más de medio siglo de vida, y hace 22 años sus propietarios lo cedieron a una de sus hijas, que tomó las riendas del local con su marido, Jaume Matas. Del matrimonio fue el proyecto de instalar una gran carpa que funcionaba como un bar de copas al aire libre para todo tipo de celebraciones familiares. También a ellos se les ocurrió la idea de instalar en la explanada superior del enorme recinto del restaurante una atracción hinchable para que los críos jugaran mientras sus padres comían. Primero tuvieron una ballena y después, hace un mes y medio, un castillo de unos cinco metros de altura. La atracción se inflaba por la mañana y se desinflaba por la noche. Funcionaba los fines de semana, cuando más familias acudían al restaurante. Eran los propios trabajadores del establecimiento los que montaban y desmontaban el castillo. No era difícil. Se amarraba el hinchable al suelo y se ponía en marcha el ventilador que lo inflaba de aire. El alcalde de Caldes de Malavella, Salvador Balliu, contó anoche que todos los establecimientos del municipio que tenían hinchables los han desmontado. Balliu espera que la tragedia del Mas Oller sirva para aprobar una nueva legislación que aclare las confusas normativas que ahora mismo tutelan este sector.

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