Los padres de Charlie Gard lamentan que su abogada presida una asociación eutanásica

El juez fallará dentro de diez días si puede viajar a EE.UU. o debe ser desconectado

El doloroso caso del niño londinense de once meses Charlie Gard, inmóvil debido a una enfermedad mitocondrial y que sobrevive con asistencia mecánica, se va tornando rocambolesco. Los padres del bebé, que abanderan una causa por la vida apoyada por el Papa Francisco y Donald Trump, han descubierto con perplejidad y preocupación que una de sus abogados es la presidenta de una asociación pro eutanasia.

Estos días se está celebrando en Londres una vista en la que el juez Nicholas Francis, que en abril falló que debe dejarse morir a Charlie, ha de concluir si ratifica su decisión anterior o permite que el niño viaje a EE.UU. para recibir un tratamiento experimental. La resolución se conocerá en diez días. Connie Yates es una de las abogadas que defiende en el juicio el punto de vista de los padres, que desean dar una última oportunidad a su hijo. Pero ahora se ha destapado que es la presidenta de Compasión en la Muerte, una asociación hermanada con la principal agrupación pro eutanasia británica, Dignidad en la Muerte, conocida anteriormente como Asociación para la Eutanasia Voluntaria.

Los padres, Chris Gard, de 33 años, y Connie Yates, de 31, han expresado a través de sus representantes su «preocupación por el profundo conflicto de intereses» de su letrada. La abogada guardia silencio, pretextando que no puede hablar durante el juicio.

En paralelo continúa el debate médico sobre si existe cura para la enfermedad que ha debilitado a Charlie hasta dejarlo totalmente inmóvil y sostenido por una sonda y un ventilador. El hospital donde se encuentra, el Great Ormond Street del centro de Londres, aboga por que se le deje morir. Aun así, ayer abrió sus puertas al neurólogo neoyorquino Michio Hirano, de la Universidad de Columbia, quien sostiene que existe un posible tratamiento para Charlie. El hospital asegura que los daños cerebrales del bebé son «irreversibles» y que «no tiene calidad de vida ni opción alguna de tenerla». Hirano, que ayer examinó al bebé, discrepa. Replica que padece un desorden cerebral, que puede mejorar si su tratamiento logra una mejoría del rendimiento muscular.

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