Los urbanos acusados exponen a la juez una relación tóxica

Uno de los dos mintió. O quizás los dos. Pero las declaraciones judiciales de los dos agentes de la Guardia Urbana acusados de la muerte de un compañero mostraron que ambos mantenían una relación tóxica. Era el 16 de mayo, tres días después de haber sido detenidos. Con el relato de los hechos que realizaron ante la juez y a los que ha tenido acceso La Vanguardia, se culparon el uno al otro pero limitaron su actuación al encubrimiento. Sólo reconocieron que ayudaron a deshacerse del cadáver y que fue el otro el que cometió el crimen.

Rosa P. , detenida y novia del fallecido, aseguró que encubrió el crimen bajo la amenaza del otro acusado de matar a sus hijas. El otro arrestado, Albert L., aseguró que sólo la ayudó porque era su amigo. La investigación policial no llegó a concluir quién fue el autor material del crimen, pero incriminó a los dos detenidos, cuya principal hipótesis era que querían deshacerse del novio de ella para volver a estar juntos. Desde el día del asesinato de Pedro hasta que fue descubierto su cadáver, los detenidos pasaron hasta cinco noches juntos en casa de la mujer. Ese detalle fue clave para los investigadores. Un testigo relató que Albert le dijo que mantuvo relaciones sexuales con Rosa después del crimen.

“Me dijo que iba a matar a Pedro”

La acusada Rosa P. respondió durante dos horas ante la juez a todas las preguntas que se le formularon. Las respuestas fueron muy largas, intercaló una palabra tras otra sin dudar, sólo interrumpidas por algún llanto que afloró al hablar de sus hijas.

Durante su declaración describió al otro acusado como un hombre violento y de quien “tiene miedo”. Estuvieron juntos durante cuatro años a escondidas de su marido, con el que finalizó la relación en noviembre. Reconoció que estaba inmersa en un triángulo amoroso en el que estaban su marido, su novio Pedro y su amante Albert. “Yo cuando estaba con Rubén (su exmarido) tenía mis relaciones con Pedro y, cuando Rubén se fue, seguí con Pedro pero dejé de tener contacto con Albert”.

Ahora bien, al principio de la relación con Pedro, en agosto, reconoció que “tuvo dos relaciones sexuales contadas” con el otro detenido. Luego se mantuvieron alejados hasta que en enero él le mandó “mensajes amenazantes” reprochándole que tuviera una nueva relación con Pedro. “Me amenazó, me dijo que era una puta, que estaba muerta, que iba a ir a por mí, que iba a matar a Pedro pero que todavía no, que no me merecía tanto”.

En abril retomaron la amistad. Él se interesó por el juicio de la pornovenganza que se iba a celebrar a los pocos días y en el que Rosa P. fue víctima presuntamente de la difusión de una fotografía sexual por parte de un subinspector de la Guardia Urbana.

A Rosa P. le pareció normal el interés. “Nunca he tenido nada serio con él y no lo iba a tener ahora porque no me da confianza”. Aun así, pocas semanas antes del crimen, el otro acusado le pidió que

se casara con él. “Me trajo un anillo cuando estaba patrullando. Se bajó del coche, me lanzó la caja y me dijo: “Esto por si te lo piensas”. Rosa se lo devolvió al día siguiente.

“Albert estaba obsesionado conmigo. Tiene un cuadro mío más grande que la tele”

Rosa relató que la tarde del 1 de mayo, el día del crimen, recibió un mensaje de móvil de Albert que le decía que quería hablar con ella. “Espera a que se duerma Pedro y hablamos”. Esa noche, Rosa estaba doblando ropa en la planta baja de su chalet de Cubelles junto a su novio. De pronto, el otro detenido irrumpió en la casa. Según el relato de la mujer, el hombre saltó la valla, iba con una braga tapándose la cara con ropa oscura y con un hacha en la mano, con guantes de jardinería. La mujer, al verle entrar, decidió irse al piso de arriba para proteger a sus hijas dejando a

Pedro en la estacada en el piso de abajo. Desde arriba, Rosa oyó “muchos golpes y muy continuos” y cuando se asomó por la ventana vio al otro implicado “con el hacha llena de sangre y con salpicaduras en la cara”. Rosa relató que el crimen fue “porque Albert tiene una obsesión conmigo. Tiene un cuadro mío más grande que la tele. Tiene también un corcho con fotos mías”. E insinuó también que estaba celoso de su novio porque “a Pedro le he dado una familia y Albert está solo”.

“Quiero una familia y tú me vas a dar una familia”

En la declaración judicial, Rosa justificó su actuación por el miedo que le infundio el otro acusado. Claudicó ante cualquier indicación del otro detenido bajo la amenaza de que iba a matar a su hijas si no colaboraba. Según ella, Albert llevaba su pistola reglamentaria de la Guardia Urbana. Así, después de cometer el crimen, “lo único que hice fue limpiar lo que él me obligó a limpiar”. La detenida explicó que merodearon por la casa de su exmarido con el móvil de Pedro para que el rastreo posterior de los móviles que realizaría la policía le incriminara. Todo eso también bajo la coacción de Albert, quien la llamaba continuamente y se presentaba con el arma en su casa. “Volvió a venir con el arma. Las niñas estaban conmigo. Nos vamos a hacer una foto. Quiero una familia y tu me vas a dar una familia”. El fiscal le preguntó por qué no fue a la policía a denunciarlo, y ella respondió que “tenía miedo de Albert y lo sigo teniendo. No fui a los Mossos porque no tenía pruebas. Tampoco soy tonta, esto pasa dentro de mi casa”. “Que yo sea policía no quiere decir que no tenga miedo”, respondió.

“Me abrió el maletero y tenía el cuerpo dentro”

La declaración de Albert L. duró apenas 40 minutos y estuvo condicionada por las explicaciones que dio Rosa, que fue la que declaró primero y que fue presenciada por su abogado. Su relato ante la juez fue completamente contrario al de la otra acusada. El día del crimen Albert relató que Rosa le llamó “porque a Pedro se le había ido la mano y tenía un poco de miedo”. Cuando llegó, la mujer no le contó nada. Al día siguiente lo invitó a una barbacoa a su casa. ¿Me quieres cortar leña para hacer una barbacoa?, aseguró que le dijo Rosa. Curiosamente, el acusado le compró un hacha días atrás para cortar leña porque la mujer se lo pidió. “Dos semanas antes me contactó para hablar y me dijo ‘¿no tendrías un hacha para cortar leña, que no tengo?’, y luego mi sorpresa fue que ya tenía otra”. La autopsia de Pedro concluyó que murió estrangulado aunque el piso estaba lleno de sangre y el cuerpo calcinado estaba amputado, así que se sospecha que pudieron descuartizarlo antes de quemarlo, un extremo que sin embargo no aparece en el informe policial que consta en el sumario.

La barbacoa finalmente no se hizo. “Rosa me bajó un plato de pollo con patatas cuando estaba cortando la leña”, luego “me abrió el maletero y tenía el cuerpo dentro”. Vi el cuerpo de lado, había sangre y goteaba por debajo del coche”.

“Compré gasolina para quemarlo”

La participación de Albert fue, según él, de apoyo a la mujer después de cometer el crimen. “Me hizo chantaje emocional, me decía ¿qué pasará con las niñas?”. “Es muy manipuladora y consigue convencerme”. Aun así, lejos de denunciar la situación, dada su condición de agente de la Guardia Urbana, Albert admitió que compró dos bidones de gasolina en una gasolinera de la ronda Litoral con los que Rosa prendió fuego al coche que contenía el cadáver en el maletero. “Compré gasolina para quemarlo”. Durante toda su intervención, Albert asume un papel secundario guiado exclusivamente por la otra detenida. Fue hasta cinco días seguidos a dormir a su casa, pero sólo iba porque se lo pedía Rosa y él se quedaba en el sofá. De hecho, cuando los Mossos d’Esquadra llegaron al domicilio para informar a Rosa de que su novio había sido hallado muerto, “él estaba durmiendo en el sofá”. A pesar de todo esto, el acusado nunca le preguntó a la mujer cómo lo mató. “Se ponía a la defensiva y no había manera” de que entrara en razón, dijo.

“Tengo todas las chicas que necesito o más”

El acusado, Albert L., se presentó ante la juez como un amigo de Rosa, con el que mantuvo una relación pero con la que no “compartían los mismos fines”. “Ella quería tener hijos y yo prefería viajar”. En los días anteriores al crimen, ambos tuvieron un acercamiento “como amigos”. Él visitó la casa de la detenida dos veces antes del crimen. “Fue por el tema del juicio” de la pornovenganza. La investigación judicial apuntó que el homicidio escondía un móvil sentimental y el fiscal le preguntó si el propósito del detenido era recuperar a Rosa, a lo que este respondió: “Con todo el respeto, mire en mi Tinder o mi Badoo y verá que tengo las chicas que necesito, más de las que necesito”. El acusado trataba así de despojarse de las sospechas de que estaba obsesionado con la mujer. Aun así, admitió que en enero mandó un mensaje al novio de Rosa, para decirle que su novia era una “puta” ya que le seguía mandando mensajes estando con él. “Él me dijo que muchas gracias”.

“Me dijo que él mató al hombre en Montjuïc”

Un incidente anterior al crimen salpica a los dos agentes de la Guardia Urbana implicados. Fue en agosto del 2014 cuando un vagabundo murió durante un dispositivo en el que participaron los acusados Rosa P. y Albert L. en Montjuïc. La víctima atacó a la mujer con un cuchillo y los otros dos agentes del dispositivo (Albert y un agente que falleció el año pasado en un accidente) sacaron el arma. En la declaración ante la juez, la detenida aprovechó la ocasión para recordar el incidente y aseguró: “Me dijo que lo había matado, no quería que nadie me tocara”.

En cambio el otro acusado, Albert L., aseguró que cuando sacó el cuchillo, “sacamos las armas y nos dijo ‘ahí os quedáis’ y saltó para abajo” por un precipicio. “Se tiró para atrás como los buzos”. Dos testigos declararon ante los Mossos d’Esquadra –que han reabierto el caso– que cuando vieron al hombre en el suelo, después de caer, llevaba las esposas puestas.

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