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Prisión para 20 de los traficantes del Raval

Cada operación policial se bautiza con una palabra que acostumbra a esconder una historia. La última gran investigación en el Raval de los Mossos d’Esquadra, la Guardia Urbana y la Policía Nacional que ha barrido momentáneamente con la venta de droga en la vía pública lleva el título de la operación Coliseo. ¿La leyenda? El tatuaje de un policía del grupo de salud pública de la comisaria de Ciutat Vella de los Mossos d’Esquadra. La imagen de la obra de tinta sobre su piel se utilizó de avatar del grupo de WhatsApp al que estaban adscritos todos los investigadores.

El sábado por la mañana pasaron a disposición judicial 29 de los 59 detenidos en el transcurso de la gran redada que los tres cuerpos policiales llevaron a cabo el martes principalmente en el sur del Raval, con entradas en domicilios muy concretos de sospechosos en Badalona, El Prat de Llobregat y Cornellà. De madrugada, el juez que durante el último año dirigió la investigación, de guardia este fin de semana, decretó el ingreso en prisión de veinte de los arrestados tras una jornada maratoniana en la que tomó declaración a todos los sospechosos.

Los Mossos, la Guardia Urbana y la Policía Nacional repiten equipo conjunto de investigación contra el tráfico de drogas

Los responsables policiales no podían mostrarse ayer más satisfechos. Sostienen que este último gran operativo ha limpiado momentáneamente la zona sur del Raval de la venta de droga en la vía pública que los clanes rumanos habían consolidado en los alrededores de la sala de venopunción Baluard.

La operación Coliseo se entiende mejor sabiendo que primero fue Bacard y despuésSuricat, los grandes dispositivos anteriores que sacudieron los bajos fondos de Ciutat Vella, pero sobre todo del Gòtic y del Raval. Bacard se centró en las mafias de dominicanos que se habían hecho fuertes en los narcopisos, actuaban con una gran violencia y tenían atemorizado al vecindario. Suricat sirvió para golpear a la mafia pakistaní que había ocupado con más sigilo el espacio dejado por los dominicanos y logró aniquilar los narcopisos que estaban creando graves problemas de convivencia en los barrios.

En las dos primeras operaciones los jueces enviaron a sospechosos a prisión y algunos siguen entre rejas a día de hoy. Esos primeros dispositivos sirvieron para pacificar los barrios pero la realidad de la droga y su tráfico no tardó en emerger. Sin narcopisos en los que comprar y consumir, los clanes pakistaníes que se habían librado de Suricat perfeccionaron su sistema buscando a rumanos que captaban al consumidor a pie de calle, donde finalmente consumían a cualquier hora del día. Durante la pandemia, en medio de una ciudad fantasma, los pocos que se atrevían a romper el toque de queda eran los toxicómanos que consumían en portales, aceras y parques para estupefacción de los vecinos, especialmente los que viven en los alrededores de una sala Baluard desbordada. Fue entonces cuando el grupo de investigadores integrado por mossos, guardias urbanos y policías nacionales inició Coliseo con el objetivo
de eliminar esa venta y consumo en la vía pública.

La pandemia complicó muchísimo los seguimientos y a los traficantes la llegada de material por lo que se vieron obligados a buscar nuevos suministradores que no pasaron desapercibidos por los policías. En Coliseo los investigadores han subido un escalón en la pirámide del tráfico de drogas. Los principales arrestados son sobre todo suministradores que en las intervenciones telefónicas se les oía desesperados buscando material en donde fuera. “¿Tienes algo?”, repetían una y otra ven entre sus contactos.

Anoche, tras compartir y celebrar las novedades sobre los ingresos en prisión, uno de los policías del grupo colgó una bola del mundo incendiada con la leyenda: “The End”. Un final momentáneo porque nuevos clanes no tardarán en intentar ocupar el hueco dejado.