Prohíben decir “Amén” y bendecir los alimentos a los niños de una guardería cristiana en Suecia, obligándoles sin embargo a cantar al sol y a la lluvia

Redacción/J.M. Martínez (R).-. Los niños de una guardería cristiana en Umeå (Suecia) ya no pueden decir “Amén” por decisión del Ayuntamiento de la ciudad tras acogerse a la Ley de Educación, que prohíbe cualquier tipo de manifestación religiosa en la enseñanza pública y privada. Además, han sido prohibidas las oraciones para dar gracias a Dios y la bendición de los alimentos. En su lugar, los niños interpretan una canción agradeciendo los productos recibidos al sol y la lluvia, escenificando así un viejo rito pagano.

Otra de las prohibiciones a la dirección del centro es la “enseñanza de la Biblia” a los pequeños. “Es triste que no podamos continuar con las tradiciones, pero el canto es también muy agradable, señaló el gerente del centro de preescolar, Britt Marie Mårtensson, a SVT Noticias Västerbotten.

Nos queda saber si las autoridades suecas obligarán también a las guarderías con mayoría de hijos de musulmanes a que observen la citada norma.

Adoctrinamiento feroz desde la infancia

Llegados a este punto, el lector se preguntará cómo el pueblo puede aguantar todo esto sin rebelarse. La clave está en un adoctrinamiento feroz desde la infancia sumado a una censura implacable, con unos métodos que alcanzan una eficacia mayor a la de países unánimamente considerados totalitarios.

Empezaremos hablando de la EXPO. Se trata de una Inquisición moderna que entre otras funciones se dedica a registrar no solo a organizaciones sino también individuos que por sus opiniones ellos consideren “racistas”, “antisemitas” o “antidemocráticos” y se congratula de tener la mayor base de datos de “ultraderechistas y antidemocráticos”. Este archivo está abierto a investigadores, periodistas y a la policía, pese a que la constitución sueca prohíbe registrar opiniones sin consentimiento, algo que el Estado se pasa por los huevos al permitir a esta subvencionada organización hacerlo impunemente, y comparte su información con organizaciones y ONG’s parecidas de otros países. Dicho de otra forma, si te oyen oponerte a la inmigración y al multiculturalismo de Estado, te fichan como “nazi” y te añaden con nombres y apellidos a una lista. Como decía un periodista ya en 1997:A falta de otra ocupación, se ha convertido en un deporte entre los empleados de la Expo localizar e identificar a las personas que en algún momento de su vida han mostrado simpatía por algún movimiento de derecha, o que tengan un acusado de nazi entre sus familiares. A veces parece que es suficiente tener un ex colega que era primo de un nydemokrat (miembro del partido Nueva Democracia sueco, considerado de ultraderecha) para terminar en la lista negra de la Expo (que parece producida en colaboración con el SAPO -servicios de inteligencia suecos-) “.

En el pasado, muchos vivían con el temor de ser mencionados en Justitia debido a un mal negocio. Hoy el temor de muchos es ser identificados como extremistas en el Tribunal Popular de la Expo.

Esta organización fue fundada por el famoso escritor Stieg Larsson y el televisivo Robert Aschberg, cuyo abuelo Olof Aschberg fue un banquero judío que financió a los bolcheviques en 1917, quienes como agradecimiento le nombraron director del banco internacional soviético Ruskombank. Este alopécico progre caviar, maoísta en su juventud, lanzó un nuevo programa de televisión llamado Troll Hunters, donde él personalmente visita en su casa a suecos que escriben en internet contra la inmigración. “Cuando Aschberg los encuentra deben ponerse frente a él para explicarle por qué se comportan como lo hacen y rendir cuentas”,”El tiempo en que eráis libres de difundir el odio ha pasado. La caza ha comenzado”, dice. En cualquier país normal no puedes ir al domicilio de alguien que no te guste encima armado con un bate, y montarle una manifestación delante de su residencia privada, pero como ya quedado claro, Suecia dista mucho de ser un país normal.

Pero la Expo no es ni mucho menos la única entidad que actúa de esa forma. Uno de los periódicos más leídos de Suecia, el Expressen, contrató a hackers para entrar en el servicio de comentarios Disqus y acceder a los emails e identidades de los que se habían quejado anónimamente de la inmigración. El periódico envió a un reportero y un cámara a interrogarles sobre lo que habían escrito en diferentes páginas, y publicó sus nombres y fotografías, lo que hizo que al menos uno de ellos perdiese su trabajo. Sin embargo, cuando se trata de noticias en las que están envueltos inmigrantes, nunca publican su nacionalidad ni fotos, para no dañar así la imagen de la inmigración. Como resultado de eso, han proliferado medios disidentes online donde no se censura ni se omiten detalles del origen étnico, que reciben más comentarios que los medios oficialistas.

En Suecia nadie puede saber que tu postura es contraria a la inmigración, porque es muy probable que incluso te despidan del trabajo. Ha habido muchos casos de gente que ha tenido que marcharse del país, hacia Dinamarca u otros cercanos, porque no podían más con situación, la presión es muy grande y estás señalado como en cualquier dictadura bananera. Incluso una periodista somalí, que denunciaba el comportamiento de sus compatriotas en Suecia, dijo que había más libertad de expresión en su país que en Suecia , donde se la silenciaba por decir la verdad. Cualquier crítica a la inmigración es solventada con una acusación de racista o nazi.

El artista callejero Dan Park fue condenado a 6 meses de prisión y 60.000 dólares de multa y gran parte de su galería de arte, satírica y crítica con el correctismo político, fue confiscada y quemada por considerarse “denigración de un folkgrupp” (”folkgrupp” es una palabra sueca para sectores de la población con protección especial, como musulmanes, gitanos, homosexuales y mujeres). Con el objetivo de tenerle encerrado, el fiscal trató que se le hiciese un examen psiquiátrico para declararle demente, exactamente el procedimiento que usaba la URSS para encarcelar a disidentes. Recientemente en Año Nuevo de 2015, estando en Dinamarca para la exhibición de las obras censuradas en Suecia, fue golpeado por un grupo de antifascistas mientras le llamaban nazi.

Y en 2014, la censura fue más allá al aprobarse una ley que penaba las críticas a la inmigración, al colectivo LGTB y a las autoridades en internet.

Hacia la dictadura de iure

El reciente “acuerdo de diciembre” puede ser descrito como un golpe de Estado blando, y ha allanado el camino para la destrucción de Suecia. Seis de los ocho partidos del parlamento han decidido excluir del proceso parlamentario al único partido que se opone a la inmigración masiva. Con esto se podría decir que se da lugar a una nueva fase, que podría ser descrita como de dictadura de consenso, en la que todos los partidos de masas han formado un frente común contra los Demócratas Suecos que se prolongará al menos hasta 2022.En los ocho años siguientes, este gobierno tendrá poderes dictatoriales. Tienen garantizado así el que sus propuestas de presupuestos anuales, cimientos de cualquier otra política, sean siempre aprobados. En ellos se incluyen los cerca de 14.000 millones de dólares que cuesta mantener la inmigración extraeuropea, un coste extremo para un país de apenas 10 millones de habitantes y que a corto plazo será insostenible.

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