¿Qué le ocurrió a Diana Quer?

Un año después de la desaparición de Diana María Quer, la investigación se encuentra encallada. “No avanza”, reconoce Joaquín Amills, presidente de Sos Desaparecidos, organización a la que pertenece Diana López Pinel, la madre de la joven madrileña cuyo rastro se perdió la madrugada del pasado 22 de agosto en A Pobra do Caramiñal (A Coruña). Las mismas fuentes señalan que el desbloqueo del teléfono móvil de Quer, encontrado en la ría de Arousa a finales de octubre, “ha sido inútil”.

Si bien las esperanzas de la familia de Diana por encontrarla continúan vivas, lo cierto es que el paso del tiempo va debilitando los ánimos del entorno familiar y afectivo de la desaparecida. “Es un cúmulo de sentimientos que te van minando. Es mucho tiempo”, aseguraba López Pinel en una entrevista reciente en el programa Espejo Público de Antena 3. “Es un auténtico calvario sobrellevar esto cada día”, declaró el padre de Diana, Juan Carlos Quer, con motivo del decimonoveno cumpleaños de su hija, el pasado 12 de abril.

La principal hipótesis

El hecho de que la policía judicial de la comandancia de A Coruña, con el apoyo de la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil, no encuentre nuevos indicios que den un giro inesperado al caso no significa que no pongan empeño en resolverlo. De hecho, tanto desde SOS Desaparecidos como desde el entorno familiar de Diana en repetidas ocasiones se ha valorado positivamente el trabajo del equipo de investigadores. “Están haciendo una gran labor”, reconocía el padre de la joven hace pocos meses. Mientras que Joaquín Amills aseguraba que la Guardia Civil ha estado trabajando “muy en serio” en el caso, lo que para la familia significa que “no se olvida”.

No obstante, los resultados de las entrevistas y escuchas telefónicas realizadas, las pistas que se han seguido y los pocos hallazgos que se han encontrado –el más significativo, el del móvil de Diana- no han dado resultados positivos. Si bien han servido para apuntalar una hipótesis principal: la noche de domingo en la que desapareció, la joven pudo ser forzada a subir a un coche durante el trayecto de regreso a casa después de participar en la fiesta local Carme dos Pincheiros.

La principal incógnita

Y aquí aparece el primero de los interrogantes: ¿Conocía Diana a los supuestos raptores o fue asaltada por uno o varios extraños? A falta de confirmación oficial, se filtró a la prensa que la Benemérita ha estado investigando a 200 sospechosos, aunque no ha trascendido por el momento cuántos de ellos se han llegado a descartar. Por su parte, la Guardia Civil se muestra hermética a la hora de facilitar datos sobre la operación, como por ejemplo cuántos agentes siguen trabajando en ella, con el caso archivado judicialmente y, por ende, con el secreto sumarial levantado.

Aquel verano, Diana, con la mayoría de edad recién estrenada, pasaba unos días de vacaciones, como tenía por costumbre, en esta localidad costera junto a su madre –sus padres están divorciados- y su hermana, Valeria. El anuncio difundido de la desaparición la describe como una chica de 1,75 metros de estatura, melena muy larga, lisa y morena, ojos de color castaño oscuro y 55 kilos de peso.

La última foto de Diana Quer: la joven se hizo una 'selfie' junto a una amiga horas antes de desaparecer La última foto de Diana Quer: la joven se hizo una ‘selfie’ junto a una amiga horas antes de desaparecer (La Vanguardia)

La noche del 22 de agosto decidió ponerse un pantalón corto rosa, camiseta blanca y sudadera y zapatillas negras con cordones para salir con un par de amigas. Según varios testigos, fue y vino de las fiestas del pueblo, que se celebraban en el parque Valle-Inclán, a la pizzería “Mi manda Picone”, situada en el número 10 del paseo de O Areos, que se encuentra a un kilómetro de distancia del chalet donde veraneaba, en Cabío (Xobre, A Pobra).

Para ir hacia su casa, Diana tenía que caminar en línea recta por este paseo de la playa, iluminado en el primer tramo y oscuro, en el segundo, donde abundan las naves y edificios destartalados. La investigación llegó a la conclusión de que fue en algún punto de este recorrido donde su rastro se perdió, seguramente cuando se encontraba a tan sólo 700 metros del chalet.

El tramo del paseo de A Pobra que transcurre junto a la playa en el que desapareció Diana Quer El tramo del paseo de A Pobra que transcurre junto a la playa en el que desapareció Diana Quer (Google Maps)

Pero antes de que esto sucediera, la madre de Diana la llamó al móvil a la 1.21 horas de aquella fatídica madrugada con el objetivo de llevarla de vuelta a casa. La joven rechazó la oferta a pesar de que le quedaba poca batería en el terminal, y le aseguró que regresaría enseguida a la vivienda familiar. No obstante, alargó la velada al menos una hora más, ya que no fue hasta alrededor de las 2.30 horas que decidió despedirse de sus dos amigas. Diez minutos después, se topó con una conocida en el paseo, a la altura de la pizzería. Fue la última vez que la vieron con vida.

Desde allí emprendió el camino de regreso al chalet, donde debía llegar en unos 20 minutos, y se calcula que estuvo cerca de él hacia las tres de la madrugada. De la investigación policial ha trascendido que durante el trayecto, la joven estuvo interaccionando con el móvil y que a las 2.43 de la madrugada envió un inquietante mensaje de Whatsapp a una amiga para advertirle que un hombre la estaba increpando. “Me estoy acojonando, un gitano me está llamando”, y luego especificó que le había dicho: “Morena, ven aquí”.

¿Se subió Diana a un coche?

Un comentario al que su amiga contestó con un “¿Y qué le has dicho?”. Pero Diana nunca llegó a responder y ni siquiera dio señal de haber leído el mensaje. Luego, cruzando datos, el equipo de investigación dedujo que en el momento de ser increpada, la joven pasó cerca del páramo donde aparcaban los feriantes, que también piropearon a otras chicas aquella noche, según se desprende de las declaraciones de varios testimonios. La policía los investigó sin encontrar indicios de su implicación en el caso.

A partir de ese momento, el análisis de las antenas de telefonía móvil de Taragoña, Boiro y A Pobra do Caramiñal concluyen que el terminal -un iPhone6 S de color blanco- se movió por una ruta coincidente con la autovía de O Barbanza desde A Pobra hasta Taragoña (Rianxo), donde fue detectado poco antes de las tres de la madrugada. Y aquí aparece el segundo interrogante: ¿Diana iba a bordo de aquel vehículo o sólo viajó hasta Taragoña su terminal? Y si ella iba en el coche, ¿por qué alguien intentó desbloquearlo hasta en siete ocasiones antes de lanzarlo a las profundidades de la ría?

“Eso a mi me generó mucha angustia porque si Diana va en el coche y está consciente, con haberla amenazado o forzado, ella hubiera dicho la contraseña. O iba inconsciente o no iba en el coche”, comentó la madre de Diana en una entrevista concedida a una televisión.

López Pinel también se extraña de que la joven tenía habilitada la huella digital en el dispositivo, pero “no se utilizó” para desbloquearlo ni tan siquiera se presionó a Diana para que dijera la contraseña, deduce la madre de Diana Quer, que lleva un año de angustia pensando en las diversas posibilidades sobre qué le pudo ocurrir a su hija aquella noche.

El hallazgo del móvil de Diana Quer, el avance más significativo de la investigación

Si bien, el desbloqueo del teléfono no ha comportado de momento ningún avance significativo de la investigación, el estudio pormenorizado de los millones de datos recogidos por las antenas de telefonía móvil del lugar aquella madrugada ha arrojado algunos detalles útiles para el caso. Por ejemplo, se sabe que el teléfono permaneció operativo hasta las 4.15 horas de la madrugada, hora en que quizás se agotara la poca batería que le quedaba.

Otra de las hipótesis que se barajan es que el aparato se apagara por el impacto perdiéndose así su rastro hasta que el pasado 27 de octubre un mariscador lo encontró sumergido en las profundidades de la ría de Arousa, en el mismo lugar donde se perdió la señal del dispositivo. No obstante, el aparato resultó bastante dañado y tuvo que ser sometido a un largo proceso de restauración para acceder a la información que contenía.

Restauración de un terminal móvil por parte de la Guardia Civil Restauración de un terminal móvil por parte de la Guardia Civil (Atlas)

El paradero de Diana continúa siendo un misterio. Una pesadilla que empezó para Diana López Pinel, la madre de la desaparecida, cuando la mañana del 22 de agosto, fue a la habitación de su hija con la intención de despertarla y comprobó alarmada que la cama estaba hecha y que aún no había regresado. Empieza en ese momento la búsqueda de la joven en la que la Guardia Civil llegó a realizar hasta 300 entrevistas a familiares, amigos y conocidos de Diana.

La investigación de la desaparición también conllevó el análisis de las cámaras de seguridad que filmaron a los 600 vehículos que transitaron entre las tres y las cuatro y media de la madrugada desde A Pobra hasta Rianxo. Sin embargo, no se encontraron indicios suficientes para incriminar a ninguno de los diez sospechosos sobre los que se estrechó el cerco, entre ellos el conductor del Audi A3 en el que Diana y su hermana Valeria fueron vistas subiendo los días previos a la desaparición.

La policía tomó declaración también a una veintena de jóvenes que habían tenido contacto con Diana antes de perderle el rastro y a personas con antecedentes en la zona; además, registró el chalet familiar así como los negocios del padre –enfocados en el ladrillo y la automoción- e, incluso, estudió la posibilidad de que pudiera tratarse de un secuestro con un móvil económico. Pero con el paso de los meses nadie ha pedido recompensa alguna por ella, por lo que esa teoría ha ido perdiendo fuerza.

Diana Quer aparece en algunas fotografías con una goma de pelo similar encontrada en la zona donde supuestamente desapareció Diana Quer aparece en algunas fotografías con una goma de pelo similar encontrada en la zona donde supuestamente desapareció (Atlas)

Otro de los detalles que han trascendido del caso es que la madre de Diana encontró una goma de pelo en el lugar donde cree que podría haber sido asaltada su hija, concretamente, en el sitio donde envió un Whatsapp a una amiga para alertarla de que tenía miedo porque alguien la estaba increpando. Se da el caso de que Diana aparece en algunas fotografías con la goma de pelo en la muñeca.

Sin embargo, tras su análisis, los investigadores determinaron que “la muestra estaba muy contaminada” y no se podía extraer ninguna información útil de ella, según aclara a La Vanguardia el presidente de Sos Desaparecidos. Este es el tercer interrogante: ¿Realmente aquella goma-pulsera es la de Diana Quer? Y si fuer así, ¿esto indicaría que la chica forcejeó con los supuestos raptores en el lugar donde fue hallada?

El archivo provisional del caso

A pesar de las pesquisas que ha comportado la desaparición de Quer, el pasado 19 de abril la familia y el equipo de investigación del caso recibieron un jarro de agua fría cuando el juez de Riberia Félix Isaac Alonso decide archivar de manera provisional la causa ante la falta de evidencias y el estancamiento de las investigaciones. “Se encuentran abiertas varias líneas de investigación policial”, señala el juez en su resolución, pero “en ninguna de ellas consta en el momento actual la existencia de indicios superiores a las meras sospechas frente a personas determinadas”.

El sobreseimiento del caso conlleva el levantamiento del secreto de sumario, donde figuran más de 200 sospechosos y pinchazos telefónicos con escuchas. La familia rechaza la decisión judicial porque teme que esto pueda dar pistas a las supuestas personas que están detrás de la desaparición de la joven sobre la estrategia policial para dar con su paradero. De aquí que se muestren prudentes a la hora de hablar con periodistas o facilitar cierta información sobre el sumario del caso.

Una investigación salpicada por los problemas familiares de la familia Quer

A pesar de esta resolución judicial, el equipo de investigación continúa buscando nuevos indicios y pruebas para conseguir que el caso vuelva a reactivarse judicialmente. Muestra de ello es que el pasado 11 de julio la policía rastreó una finca colindante a la playa de Coroso, en Ribeira (A Coruña), después de que un vecino alertara que hace un año vio cómo enterraban algo en el solar. Una nueva pista más que resulta en balde.

Durante estos últimos doce meses de complicadas averiguaciones y muchas elucubraciones sobre lo que le pudo ocurrir a Diana Quer aquella fatídica madruga del pasado 22 de agosto, también ha trascendido públicamente las dificultades por las que atravesaba el entorno familiar de la joven. No sólo por la relación distante entre sus padres –divorciados desde 2013- sino también por las discusiones que, fuentes cercanas a la familia, aseguran que se producían a menudo en el seno familiar. De hecho, el propio padre de la desaparecida llegó a asegurar en una entrevista: “Mis hijas no estaban bien con su madre”, y casualmente, pocos días después de la desaparición un juez retiró la custodia de Valeria a la madre de Diana.

Cuestiones que han teñido de un matiz de prensa rosa una de las desapariciones más mediáticas de la historia de España hasta el punto que Juan Carlos Quer llegara a afirmar: “El caso de mi hija no es una página de Sucesos, detrás hay una vida”. Y a pesar de todo, su familia no ha perdido la esperanza de encontrarla, tal como se desprenden de estas palabras de su madre: “Terminaremos encontrando a Diana”.

Un año después de la desaparición, se encuentran abiertas varias líneas de investigación

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