“Que vengan rápido las ambulancias, que la niña se nos va”

Sólo los perros de la familia alteraban ayer el sobrecogedor silencio que envuelve en tristeza desde el domingo el restaurante Mas Oller de Caldes de Malavella. Los ladridos y los lamentos del matrimonio de ancianos que hace medio siglo abrieron las puertas del popular comedor y que hace 22 años lo cedieron a una de las hijas y su marido, Jaume Matas, actual propietario y que ayer declaró en la comisaría de los Mossos d’Esquadra de Santa Coloma de Farners. El hombre explicó que compró de segunda mano a un feriante el castillo hinchable que el domingo se soltó de los anclajes, salió disparado 40 metros y provocó la muerte de una niña de seis años y heridas a otros seis menores. Todos los pequeños evolucionan favorablemente de sus heridas.

La investigación avanza y los Mossos esperan entregar en las próximas horas un primer atestado al juez. El trabajo principal lo ha asumido hasta ahora la policía científica, que llevó a cabo una primera inspección del castillo hinchable en el restaurante y otra más minuciosa en sus dependencias.

El modelo de castillo hinchable accidentado debía estar sujeto al suelo por seis anclajes. Pero los responsables del restaurante sólo lo amarraron a dos y utilizaron cuerdas y un par de árboles de los extremos de la explanada para acabar de amarrar la atracción. Los anclajes eran perfectamente visibles ayer en la explanada del restaurante en la que se instaló la atracción hace mes y medio, sustituyendo a otro hinchable anterior, con forma de ballena, que había tenido muy buena acogida entre las familias con niños que llenaban los fines de semana el establecimiento.

El dueño del local dice que nunca pensó que necesitara un permiso para la atracción

Pero ¿por qué salió disparado el castillo con los niños dentro? Algunos de los comensales que el domingo abarrotaban el restaurante contaron que les pareció oír una explosión. Los investigadores han comprobado que no hubo ni explosión ni detonación. Tanto el motor de hinchado de la atracción como las válvulas de aire estaban en buen estado. Y ya tienen una primera hipótesis de lo que pudo ocurrir. Durante el montaje del castillo no se cerró una de las dos cremalleras laterales que la instalación tiene, en forma de ventana, para vaciarla de aire cuando se quiere recoger.

Esas dos cremalleras laterales están cubiertas de una lona que se sella con velcro. Los que montaron la instalación no se dieron cuenta de que una de las dos cremalleras no estaba cerrada, pero el velcro mantuvo cerrado el hinchable hasta el domingo. Seguramente porque en ese momento había varios niños a la vez en el castillo, el cierre no aguantó la presión por el peso y se abrió. El aire salió de golpe y el cas­tillo, en dirección contraria, dis­parado.

El castillo hinchable, de seis metros de alto por cuatro de ancho, se levantó diez metros del suelo y se desplazó, impulsado por el aire, 40 metros, hasta precipitarse sobre unas lonas que hacen sombra sobre las mesas de la terraza. Todo sucedió en cuestión de segundos. Lo explicó ayer a este diario Pere Oliveres, de 56 años, y jefe de mantenimiento del hospital Trueta de Girona. El domingo comía en Mas Oller con otros tres amigos, tras participar en un torneo infantil de fútbol con el equipo de Caldes. Les tocó una de las mesas de la terraza cubierta, frente a la explanada en la que estaba instalado el castillo. Habían terminado de comer, estaban con los cafés y Pere se estaba fumando un cigarro de espaldas a la atracción. “Oí un fuerte ruido. Como una explosión. Me giré y el castillo ya había desaparecido. Miquel sí lo vio y me contó cómo la atracción desapareció en cuestión de se­gundos”.

Dos enfermeras que comían en Mas Oller ayudaron a que los niños no se ahogaran

Todavía conmocionado, el hombre recordaba ayer los gritos de los padres, los lloros de los niños y cómo todo el mundo abandonó las mesas en busca de sus hijos. Narró los minutos interminables en los que el tiempo no avanzaba. “Telefoneé al alcalde y le conté. En nada teníamos aquí ambulancias, policías locales, mossos y helicópteros, pero la espera se hacía eterna. No llegaban. Fue horrible. Terrible”, añadió. Y recordó emocionado cómo la madre de una de las niñas heridas repetía una y otra vez: “Que vengan ya, por favor, que venga ya la am­bulancia, que se nos va, que la perdemos”.

En Mas Oller también comían el domingo dos enfermeras. Se encargaron de las primeras maniobras. Los padres aguardaban junto a sus hijos. Un par de matrimonios se repartieron los cuidados porque entre los heridos había hermanos. “Ninguno se movió del lugar en el que cayeron. Los que estaban al sol se cubrieron con manteles, pero no se por qué teníamos todos claro que lo mejor eran no moverlos, solo volverlos y colocarlos boca arriba”. Las enfermeras se acercaron a los dos pequeños más graves y se cuidaban de limpiarles la boca para que pudieran seguir respirando.

El personal del restaurante también se desvivió por ayudar. Sacaron manteles, botellas de agua, todo lo que se les pidió sin entender cómo podía haber pasado todo aquello. El lugar ayer estaba cerrado y en silencio. Faltaba recoger una gran bolsa amarilla de basura con los manteles que se utilizaron para los primeros momentos. Unos de cuadros verdes, otros marrones. Manchados.

Jaume Matas, el propietario, acudió a la comisaría de los Mossos de Santa Coloma. Fue una declaración muy breve. El hombre aportó la póliza del seguro del restaurante y explicó que estaba convencido de que cubría la responsabilidad civil de cualquier actividad que se realizara en el recinto, incluido el castillo hinchable. Contó también que nunca comunicó al Consistorio que iba a montar la atracción porque no sabía que debía hacerlo. El alcalde de Caldes de Malavella, Salvador Balliu, reconoció a este diario que ni uno solo de los establecimientos del municipio que tienen hinchables infantiles ha pedido permiso ni ha presentado el informe de un técnico conforme está bien instalado. Las cosas cambiarán a partir de este domingo. Por el momento, todos esos hinchables se han desinflado.

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