Un seísmo que destapa la desidia

Casi un año exacto después del terremoto de los Abruzos, que causó 300 muertos, otro seísmo –esta vez de sólo magnitud 4– bastó para matar a dos personas y herir a otras 40 en la isla italiana de Ischia, un destino turístico muy popular, frente a Nápoles. Unos 2.600 vecinos hubieron de ser evacuados.

El hecho de que un movimiento telúrico moderado, en la noche del lunes, provocara derrumbes y víctimas desencadenó reacciones de indignación entre los expertos y en la opinión pública. Quedaron de nuevo en evidencia vicios nacionales como la escandalosa falta de medidas preventivas adecuadas, el incumplimiento de las normas arquitectónicas y urbanísticas más elementales y el hecho de que muchas construcciones se levantaran incluso sin permisos de ninguna índole.

La isla de Ischia es un popular destino turístico frente a Nápoles

El diario La Repubblica denunciaba ayer que “en un país miembro del G-7 se pueda morir por un terremoto de magnitud 4”. El presidente del Consejo Nacional de los Geólogos, Francesco Peduto, fue también contundente. “Es francamente alucinante que un terremoto de esta magnitud pueda provocar daños y víctimas en nuestro país, que se confirma como extremadamente vulnerable –afirmó Peduto–. Lo que deja más perplejo es la falta de acciones concretas para la prevención”. El presidente de los geólogos se lamentó de que, después de todas las promesas realizadas a raíz del terremoto de Amatrice, el 24 de agosto del 2016, la mayoría de iniciativas hayan quedado casi en nada. “El Gobierno y el Parlamento deben asumir la responsabilidad de decidir sin dejarse influenciar por intereses y grupos de presión diversos”, concluyó Peduto.

Las construcciones ilegales son una plaga en Italia, sobre todo en el sur. Según el Instituto de Estadísticas, el 20% de los nuevos edificios se levantaron sin permiso en el año 2015. En regiones meridionales como Sicilia y Campania –a la que pertenece Ischia–, la proporción de construcciones ilegales superaba ampliamente el 30%. A menudo las autoridades han hecho la vista gorda y se han aprobado, periódicamente, amnistías y regularizaciones. Sucedió varias veces siendo primer ministro Silvio Berlusconi. La severidad contra los infractores y las órdenes de derribo hubieran desencadenado mucha tensión social.

Las edificaciones ilegales son una plaga nacional, sobre todo en el sur

La organización ecologista Legamiente recordó que “Ischia siempre ha sido un símbolo de la construcción ilegal, sin control, y de la impunidad”.

Ischia, que cuenta hoy con unos 64.000 habitantes, sufrió un potente terremoto en 1883. Murieron más de 2.000 personas. Pese a estos precedentes, no se tomaron medidas. Hace unos años hubo casi una revuelta, con barricadas y enfrentamientos a pedradas con la policía, cuando se intentó derribar 600 viviendas construidas al margen de la ley. La mayoría de los propietarios se salió con la ­suya.

El jefe de Protección Civil, Angelo Borrelli, constató ayer, tras inspeccionar los edificios derrumbados, que los materiales usados en su construcción eran de baja calidad. Se trata de una experiencia habitual que hacen los técnicos después de los seísmos. Sucedió hace un año en Amatrice, Accumoli y otras localidades afectadas, y también en el 2009 en L’Aquila.

Esa desidia innata y al parecer insuperable en la prevención se trata de compensar luego, cuando se produce la catástrofe, con la solidaridad y el buen trabajo de los equipos de salvamento. Ayer, después de 16 horas de trabajo ininterrumpido, lograron salvar a una entera familia de cinco miembros cuya casa se vino abajo en la localidad de Casamicciola. El más pequeño era un bebé de apenas 7 meses, Pasquale. Antes habían sacado al padre y a la madre, que está embarazada. Uno de los pequeños, Mattias, de 7 años, probablemente debió la vida a que su hermano mayor, Ciro, de 11 años, lo arrastró debajo de una cama. Eso los protegió de los cascotes. Después Ciro usó el mango de una escoba para hacer ruido y que lo oyeran los socorristas. “Cuando se derrumbó todo, abracé a mi hermano y cuando llegaron los socorristas, lo empujé a él primero”, dijo Ciro tras salir de los escombros, el último de la familia, según la agencia Ansa. Entre los equipos de salvamento, por cierto, había una mujer que participó en las tareas de rescate del hotel Rigopiano, en los Abruzos, que fue sepultado por un alud en enero pasado.

La canciller alemana, Angela Merkel, que en los últimos años ha pasado varias vacaciones en Ischia –conocida por sus balnearios termales–, envió un mensaje de solidaridad a los habitantes de la isla y a los equipos de salvamento “que están dando lo mejor de sí mimos para ayudar”. En Ischia se agradeció el gesto de Merkel y confían en que el terremoto no ahuyente a los turistas.

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