Una decena de narcopisos resiste la presión policial en el Raval

En el barrio del Raval de Barcelona siguen activos una decena de narcopisos. Entre 8 y 10, para ser exactos, según fuentes policiales –consultadas por este diario– que combaten un fenómeno delincuencial complejo. Para frustración de los agentes, además, no son pisos de la droga nuevos. Sino que, en su mayoría, se trata de lugares que ya han sido objeto de operaciones policiales en el pasado. El aspecto más positivo del diagnóstico de este problema es que, según constatan los investigadores, la plaga está “identificada” y ya no se expande.

En total, en el distrito de Ciutat de Vella (que agrupa el RavalGóticoBorn y Barceloneta) se han detectado unos 60 domicilios. Pero operativos quedan aproximadamente solo un tercio de estos. La mitad, en el Raval.

Tras el cierre de la narcofinca ubicada en el número 22 de la calle de En Roig este pasado viernes, y su clausura por fases (primero lo intentó infructuosamente el Ayuntamiento de Barcelona, después lo lograron los vecinos por su cuenta este lunes y, finalmente, este martes el consistorio barcelonés ha rematado la faena colocando puertas ‘antiocupas’), los investigadores de los Mossos d’Esquadra y de la Guardia Urbana tiene “localizados” el resto de residencias convertidas en puntos de menudeo de droga.

Problema difícil de extirpar

En la finca de en Roig, por ejemplo, los policías ya habían entrado hace meses para registrar el 3º 1ª. Tras aquella operación, el piso no quedó tapiado por incomparecencia del propietario del inmueble, y poco después, los mismos traficantes, de origen paquistaní, reabrieron el negocio. También eran ellos los que un año antes habían sido expulsados de otro narcopiso ubicado en la calle de Robador. Escogieron mudarse a En Roig porque la nueva casa estaba cerca de la antigua y no suponía, para sus clientes habituales, un desplazamiento importante.

En la calle de Sant Gil, a mediados de agosto, otra intervención conjunta de Mossos y Urbana permitió desalojar y arrestar a los responsables de dos pisos de la droga situados en los bajos de los edificios número 1 y 11. En este caso, los dueños sí acompañaron a los policías y costearon el enladrillado de puertas y ventanas de sus inmuebles para impedir que fueran reocupados. Tal esfuerzo coordinado entre agentes, consistorio y propietarios no sirvió, sin embargo, para ‘limpiar’ sensiblemente Sant Gil, dado que en fincas aledañas existían también pisos abandonados en los que anidaron nuevamente los traficantes.

La lucha vecinal de Sant Gil se ha ido desgastando. Junto con la de Riereta y de En Roig, esta comunidad era una de las que llevaba a cabo caceroladas de protesta diariamente. Pero tal frecuencia se convirtió después en convocatorias de martes y jueves, que han durado hasta esta semana. Alba Tor, una de las vecinas, ha explicado que en asamblea han acordado suspenderlas. “La gente se ha ido cansando”, reconoce. Aunque esto no significa que se hayan “rendido”. Simplemente que buscarán “otras acciones” de denuncia más efectivas.

Focos estables

El resto de narcopisos que siguen activos están ubicados principalmente en la calle de Arc del Teatre, en Om, en Riereta, la LunaSant Erasme Sant Gil. Dos son los factores que no permiten extirpar este problema usando únicamente instrumentos policiales. El primero es que mientras existan pisos vacíos, la posibilidad de que en su interior aniden delincuentes para traficar, aprovechando el principio constitucional de inviolabilidad del domicilio, es enorme. El segundo es que la estrategia que siguen las organizaciones criminales que están detrás de los narcopisos consiste en dejar a cargo toxicómanos estos puntos de menudeo y abastecerlos únicamente con la mercancía que van a vender diariamente. Esto significa que cuando son intervenidos policialmente, solo son sorprendidos con pequeñas cantidades de droga que comportan penas de cárcel de entre 6 meses y un año. Unas condenas que no cumplen ingresando en la prisión. Las organizaciones, además, cuentan con más efectivos en sus filas para reemplazarlos. Y si lo que deben substituir es el emplazamiento y no los operadores, en el Raval, y a causa de la gentrificación de vecinos, domicilios vacíos sobran.

Puertas ‘antiocupas’

El Ayuntamiento ha instalado este martes dos puertas ‘antiocupas’ (conectadas a una central de alarmas) en el 1º 2ª y en el 3º 2ª de la calle En Roig. La medida llega después de que los vecinos se desesperaran -cuando los mismos traficantes que fueron expulsados el viernes intentaron reocupar el piso el domingo por la tarde- y tomaran la decisión de entrar por su cuenta en ambos domicilios para clausurar las ventanas y los balcones.

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