Una testigo señala a la agente detenida

La Fiscalía se guardaba un as en la manga el día en que los dos agentes de la Guardia Urbana detenidos por el crimen del urbano debían ir a declarar ante la juez. Hasta esa fecha los dos acusados habían dado versiones dispares y habían negado cualquier implicación en los hechos ante los Mossos d’Esquadra. Sin embargo, la gravedad de lo sucedido –un agente fue asesinado y posteriormente calcinado en las inmediaciones del pantano de Foix– empujó a la acusación a jugar fuerte desde el principio.

Antes de iniciar la comparecencia de los dos arrestados en el juzgado de Vilanova i la Geltrú, la Fiscalía citó a declarar a una testigo. Se trata de la actual pareja del exmarido de Rosa P., con quien la detenida tiene dos hijas pequeñas. La mujer se presentó ante la juez para relatar lo que le habían dicho las niñas el día que se cometió el crimen. Su madre “subió al piso de arriba con la ropa manchada de sangre, se oían ruidos abajo y vieron a alguien que no era Pedro”, el asesinado. Según esta mujer, las hijas relataron que estaban en su habitación en la planta de arriba del chalet cuando su madre, Rosa P., apareció para decirles que su novio Pedro estaba durmiendo y que no se movieran de allí. Rosa apareció manchada de sangre.

Hasta esa fecha los dos acusados habían dado versiones dispares y habían negado cualquier implicación en los hechos ante los Mossos d’Esquadra

La investigación sospecha que en ese momento ella, o bien el otro detenido, Albert L., acababan de matar a Pedro R., cuyo cuerpo fue trasladado posteriormente al maletero del coche hasta una pista forestal cercana al pantano de Foix. El testimonio de esta mujer es lo que se conoce como un testigo de referencia, que explica algo que le han contado pero que no ha presenciado direc­tamente. La testigo es la actual pareja de Rubén, el exmarido de Rosa, que es agente de los Mossos d’Esquadra. Estuvieron juntos durante quince años en los que tuvieron dos hijas. Se divorciaron hace seis meses. Ambos se encuentran inmersos en un proceso judicial con denuncias cruzadas.

Con la explicaciones de la testigo sobre las revelaciones de sus hijas, Rosa quedó en el punto de mira por el asesinato de su novio, pero también la otra persona que le acompañaba, Albert. Además, el testimonio permitió acotar ciertos elementos importantes para la investigación que hasta el momento se mantuvieron como meras hipótesis. En primer lugar, este testimonio situó la escena del crimen en la casa de Rosa, donde vivía con la víctima, Pedro R.

Los investigadores se centran en el lugar para buscar pruebas a pesar de que hasta la fecha no han encontrado indicios de relevancia. El domingo pasado, los Mossos, con Rosa P. ya detenida, practicaron un registro en su domicilio con el objetivo de encontrar algún vestigio, aunque el primer barrido fue infructuoso.

Con la explicaciones de la testigo sobre las revelaciones de sus hijas, Rosa quedó en el punto de mira por el asesinato de su novio

En segundo lugar, el testimonio de la mujer permitió circunscribir el día del crimen. Fue la noche del lunes al martes. El cadáver de Pedro apareció calcinado el jueves sobre las seis de la tarde cuando un excursionista avistó el coche en llamas. Esto apunta que el cuerpo debió ser trasladado esa misma noche hasta el maletero del coche que tres días más tarde sería calcinado. Al día siguiente, Rosa actuó con normalidad y llevó a sus hijas a la escuela.

Los abogados de los dos urbanos detenidos estuvieron presentes en la declaración de la testigo en el juzgado de Vilanova. Luego, la juez tomó declaración a los dos agentes, que dieron versiones compatibles con ese testimonio.

el testimonio permitió acotar ciertos elementos importantes para la investigación que hasta el momento se mantuvieron como meras hipótesis

En la exposición de los hechos que hizo Rosa P. ante la juez, reconoció que encubrió el crimen, pero que no lo cometió. Explicó que actuó movida por el miedo que le tenía al otro detenido, Albert L., que se presentó en su casa, acabó con la vida de Pedro R. y la amenazó con matar a sus hijas si no colaboraba en esconder el cadáver de su novio. Durante la declaración, Rosa reconoció que limpió la sangre de su piso tal y como el otro detenido le ordenó. Explicó que la presionó para que actuara con normalidad sin levantar sospechas, que no fuera a denunciarle ante los Mossos y que se enteraría si lo hacía. Durante esos días, Rosa solicitó protección a una unidad especializada de la Guardia Urbana que le fue concedida al sentirse amenazada tras el crimen de su novio, explicó. Se enteraría de cualquier movimiento y entonces sería peor.

La versión del otro agente arrestado, Albert L., se centró en presentar a Rosa como la ejecutora del crimen. Declaró ante la juez que recibió la llamada de la detenida suplicándole que la ayudara porque había matado a su novio. Relató que ambos mantenían una relación sentimental a escondidas y por eso la ayudó a encubrir el crimen. Este relato de los hechos sitúa a Rosa como la asesina de su novio, que también encajaría con la declaración de la testigo que apuntó a que la detenida iba manchada de sangre. Con todos estos indicios cobra fuerza la hipótesis del móvil pasional en este triángulo amoroso que acabó con la vida de un agente de la Guardia Urbana en un truculento crimen.

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