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El mundo progresa

El mundo está mejorando. Pero una importante mayoría en los llamados “países desarrollados” parece no estar enterada. Peor aún, esa importante mayoría tendría una visión errada de las trayectorias mundiales.

Factfulness (2018) es el libro póstumo del profesor sueco Hans Rosling (1948-2017), escrito con Ola Rosling y Anna Rosling Rönnlund, que sirve para corregir aquella falta de conocimiento. Médico y experto en salud pública, Rosling adquirió fama por sus empeños en divulgar datos sobre el progreso mundial en foros internacionales. Su libro es una especie de manual que cuestiona la visión apocalíptica de la humanidad, hoy dominante.

Arranca con preguntas básicas para probar la ignorancia del lector. Por ejemplo: “En los últimos 20 años, la proporción de la población mundial que vive en extrema pobreza: a) se ha duplicado; b) ha permanecido relativamente igual; c) se ha disminuido a la mitad”. La sencilla prueba incluye preguntas similares sobre cobertura de vacunación infantil, acceso a la electricidad, educación femenina, medioambiente…

Rosling cuestionaba a todos sus auditorios, y el resultado era siempre el mismo. En una y otra ocasión, hasta entre los públicos mejor educados, la inmensa mayoría se equivocaba en casi todas sus respuestas. ¡Acertaban más los chimpancés! Sus pruebas demostraban que la gente piensa que “el mundo es más aterrador, más violento (…), más dramático de lo que en realidad es”.

¿Cómo explicar que tanta gente viva tan equivocada? Es fácil responsabilizar a los medios de comunicación. Y es cierto. Pero Rosling va más allá y sugiere que parte de la respuesta se encuentra en nuestra forma de pensar, y ofrece unas sugerencias prácticas para ver las cosas de un modo distinto.

Considérese la tendencia de dividir el mundo en dos: países desarrollados y subdesarrollados; ricos y pobres; “Occidente” y el resto. Si el criterio para hacerlo es el ingreso, tan simple división no parece servir: la mayoría del mundo se encontraría en la mitad. Rosling sugiere una clasificación más compleja, que nos permita apreciar grados de mejoras. Sugiere también evitar ciertos “instintos”, como el de generalizar.

Quienes dudan de que el mundo progresa harían bien en repasar las estadísticas acumuladas por Rosling.

El porcentaje de niños que mueren antes de los cinco años es de 4 por ciento, un 88 por ciento de menores de un año han recibido por lo menos una vacuna, la extensión de parques naturales protegidos se ha multiplicado, el número de muertes en combate ha decaído, los servicios de agua y electricidad llegan a más del 80 por ciento de la población. Para las mujeres y las minorías, la transformación en las últimas décadas es revolucionaria.

Rosling y sus colaboradores no han producido un libro solo con áridas estadísticas. Estas sirven para dar sustento empírico a ricas anécdotas de sus experiencias como médico en zonas necesitadas del África, narradas con profundo calor humano, que se cruzan con lúcidas observaciones. Ni la cultura ni la religión sirven para explicar las diferencias entre niveles de progreso. El dominio “occidental” del mundo no es infinito. El mundo real está menos polarizado que lo que imaginamos.

Rosling se molesta cuando lo llaman “optimista”. Se reclama “posibilista” –su fundamento para creer que mayor progreso es posible, que hay esperanzas–. Su punto de partida: “esperar malas noticias”. El progreso no excluye la existencia de serios problemas. Precisamente, para resolverlos hay que apreciar las mejoras –una lección para los activistas–.

El libro de Rosling tiene además otro propósito: sirve de terapia frente a tanto derrotismo que solo produce desánimos y angustias.
Eduardo Posada Carbó

Fuente: https://www.eltiempo.com/opinion/columnistas/eduardo-posada-carbo/el-mun…