Goldman Sachs y los bonos del hambre

Hace apenas unos pocos días, la compañía Goldman Sachs, adquirió y pagó un paquete de bonos, por un valor de algo más de 2.800 millones de dólares a Venezuela. El punto fue que únicamente canceló la cantidad de 865 millones, gracias al importante descuento con el que se hizo del paquete (apenas un 40% de su valor), lo que ha disparado la reserva de divisas de Venezuela. Esta deuda vence en 2022 y si todo sale bien, esto es, si Venezuela paga, la rentabilidad de la inversión estará por encima del 40%, un tremendo negocio para la empresa, sin duda alguna.

En criollo y para entenderlo mejor, se trata de la venta de lo que se ha denominado como bonos basura, deuda exótica y en algunos casos chatarra, bonos del hambre, en ingles, hungerbonds. Nada menos y nada más estamos hablando del endeudamiento de países emergentes o empobrecidos, deuda ésta que es emitida por Estados que no tienen prácticamente ningún grado de inversión, esto es, países que no se consideran seguros para invertir.

La historia comienza hace un tiempo, cuando en algunos comunicados puntuales, la empresa pública estatal de petróleos de Venezuela (PDVSA), se da a la tarea empeñandose en la difusión de una campaña a través de la cual expresa y oferta estos bonos públicamente, ofreciendo que devuelve puntualmente lo adeudado, con intereses altísimos a sus acreedores internacionales. En el entendido que PDVSA es uno de los principales activos del país y ahora del Gobierno de Maduro, la deuda en esta situación de crisis económica de un país como Venezuela es extremadamente arriesgada y en consecuencia puede resultar muy rentable para quien la adquiere, porque lógicamente para acceder a dar financiación, reitero, los fondos esperan altísimas rentabilidades, muy superiores a la media del mercado.

El escándalo estalla en el país a raíz que los bonos a los que me refiero fueron emitidos por Petróleos de Venezuela S.A. (PDVSA), negociados a través del Banco Central de Venezuela (BCV), y vendidos con un descuento de casi un 70%, unos bonos valorados en $2800 millones, como ya dije anteriormente, a la empresa Norteamérica Goldman Sachs ubicada en Nueva York, quien resulta a todas luces la parte gananciosa de esta operación financiera.

La triste realidad es que todo apunta a que la mencionada operación significa un daño irreversible al patrimonio público de la Nación, ya que se comprometieron finanzas públicas y la ganancia obtenida por esa operación para el ente emisor fue de 760 millones de dólares. La misma, no beneficia en modo alguno a la República, porque ocasionó una pérdida de más de 200 millones de dólares al país, por lo que es, sin duda alguna, gravosa y desventajosa para los venezolanos.

A través de la adquisición de estos bonos, el régimen prioriza pagar la deuda a los fondos de inversión, en vez atender a las necesidades del país, que definitivamente atraviesa una grave crisis económica, social y política. Esto no se justifica en un país que tiene ya de por sí muy difícil cubrir las necesidades básicas en el momento actual, con un Gobierno que tiene una inmensa deuda con empresas farmacéuticas y de alimentos, todo lo cual han generado la escasez en el país, así es como Nicolás antepone el negociar y pagar a inversores internacionales, hipotecando el país, y dejando en un segundo plano la inyección de dinero a una economía que está en crisis y con graves problemas de abastecimiento.

Por su parte, Goldman Sachs se defiende, confirma la compra de bonos de PDVSA y dice que esos bonos fueron emitidos en 2014, a un corredor en el mercado secundario y que no interactuaron nunca con el gobierno venezolano, reconocen que Venezuela está en crisis, pero creen que la situación va a mejorar y esa es la razón de la inversión, así justifican la compran de estos bonos, en un tema de confianza en la recuperación económica del país.

Sin embargo, por más esfuerzos que haga Goldman Sachs y sus más altos ejecutivos en justificar lo injustificable, es lógico pensar que cortar la financiación internacional a Venezuela, estrangularía rápidamente al Gobierno de Nicolás Maduro, que se quedaría sin recursos para mantener las infraestructuras mínimas, esto lo saben de sobra, de tal modo que resulta prácticamente imposible maquillar el acuerdo, que representa a todas luces una inmoralidad para los venezolanos, a decir del Dip. Julio Borges este acuerdo significó “extenderle un salvavidas de 865 millones de dólares al Gobierno de Maduro”, quien desesperado por retener el poder a costa de lo que sea, sin escrúpulos de ninguna especie, está dispuesto a hipotecar el futuro de Venezuela.

La transacción financiera fue definitivamente un acto de usura, moralmente reprochable y simplemente es el resultado de un régimen profundamente impopular. Así, el régimen encontró en Goldman Sachs un aliado y un voluntario dispuesto a apretarle las tuercas al pueblo venezolano en una flagrante violación de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, convirtiéndose en cómplice de la dictadura, de la represión y de los abusos de que somos sujetos los venezolanos, ya que financiando al Gobierno, le da oxigeno y la liquidez necesaria a un régimen para subsistir, un régimen dicho sea de paso, acusado de actuar fuera de la Constitución y reprimir salvajemente a quienes protestan en su contra.

La operación de Goldman ha dado alas a las críticas de la oposición ante el papel de los fondos de inversión y ha sacudido el mundo de las finanzas, porque es que resulta inmoral comprar deuda en países que atraviesan crisis humanitarias. Este debate sobre la moralidad o no de estas estrategias de rentabilidad, llega sin duda, por el segmento más inesperado: empresarios, expertos y economistas liberales, así es como se abre el mismo a nivel internacional, dado que personas del mundo financiero defensoras en buena medida de la desregulación de los mercados, han abierto los ojos frente al problema de la falta de límites éticos en la inversión en un país en crisis como Venezuela.

La Asamblea Nacional aprobó iniciar una investigación sobre la operación que hizo Goldman Sachs a través del BCV y solicitarle al Congreso de Estados Unidos que abra una investigación a Goldman Sachs y a los intermediarios que han participado en la operación, para determinar la responsabilidad penal y administrativa que pudieran tener. Esperamos y confiamos los venezolanos que estas acciones finalmente rindan sus frutos, que los perros de las guerra sean duramente reprendidos por los organismos internacionales, que se imponga la conciencia, la sensibilidad y la solidaridad internacional frente a la grave crisis que enfrentamos los venezolanos. @mauxi1
María Auxiliadora Dubuc

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