!Hablamos de hambre!

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La afirmación la escuché en la plaza Bolívar de Los Salias, un municipio del Estado Miranda. Fue la respuesta que un hombre flaco y de barba descuidada le daba a quien trataba de convencerlo de la importancia de la Asamblea Nacional Constituyente, convocada e instalada “a lo macho”.

Y es que el tiempo pasa y la gran mayoría de los venezolanos no ve ni un destello de luz en el túnel. Es esa mayoría que votó por un referéndum que nunca se hizo; que atendió una consulta celebrada el 16 de julio, que fue prácticamente un plebiscito en contra del gobierno pero nada pasó. Es la misma que ahora ve con asombro que esa ANC se fijó un tiempo máximo de 2 años. ¡Dos años más!!

¡Es una pesadilla! En la medicatura del mismo municipio al que hicimos referencia, el pasado 3 de agosto había un reclamo: “Médico I: Bs. 25 mil quincenal. Médico II: Bs. 29 mil quincenal. Enfermera I: Bs. 16 mil quincenal. Enfermera II: Bs. 21 mil quincenal”. Finalizaba pidiendo: “Liberen los recursos ya”.

Y es que a los gobernadores de oposición los castigan inhabilitándolos, no enviándole recursos o metiéndolos en la cárcel. Al de Miranda, Henrique Capriles Radonski, sólo le falta que lo encierren.

El hombre flaco y de barba descuidada, agregó: “El problema no es sí Chávez tuvo o no buenas intenciones o de guerra económica. Hablamos de hambre compañero…”

Podría ser el mismo argumento de los médicos y enfermeras del ambulatorio y de la gran mayoría de los venezolanos… “No hay sueldo que aguante esto”.

Y es que un pollo de 2 kilos y medio cuesta 21 mil bolívares; un kilo de queso mozarela, 20 mil bolívares el kilo; 7 mil bolívares un kilo de zanahoria.

Son cifras de economía doméstica, de mercado municipal. Si nos vamos a las macroeconómicas, tenemos que la Canasta Alimentaria Familiar de julio se ubicó en 1 millón 443 mil 634 bolívares con 25 céntimos. El aumento, con respecto a junio, fue de 213 mil 935 bolívares ¡296,7%!

Según el mismo estudio, una familia de 5 miembros necesita un ingreso diario de 48 mil 121 bolívares diarios para comprar los productos de la canasta alimentaria.

“Estamos hablando de hambre compañero. Estamos hablando de que yo solo hago una comida diaria. Y esa comida, generalmente, es un o dos cambures que me regalan en la frutería de los gochos”.

Ese hombre flaco y de barba descuidada no aguanta seis meses esperando los milagros de la Asamblea Nacional Constituyente. Tampoco lo aguantan los médicos, ni los maestros. “No hay sueldo que aguante esto”, es el comentario común de los consumidores cuando ven los precios de los alimentos o cuando ven cómo se deprecian sus bienes como vehículos o vivienda por el costo de repuestos, de cemento. No se consiguen o el precio compite con el de la canasta alimentaria.

Estamos hablando de hambre y de la salud que se nos escapa día a día.
Enrique Rondón Nieto