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El catedrático que dirigió el proyecto de tesis de Ayuso desmiente las mentiras lanzadas en el acoso de la Complutense

Su nombre es José Luis Dader y es catedrático de Periodismo de la Universidad Complutense de Madrid y antiguo profesor de Isabel Díaz Ayuso. Pero, además de todo eso, tuvo que presenciar el acoso a la presidenta en su universidad en medio de una lluvia de mentiras sobre el CV de Ayuso y la tramitación de la distinción concedida a la líder del PP. Dader, que además dirigió el proyecto de tesis de la presidenta, ha decidido salir a la opinión pública para desmentir las falsedades lanzadas en pleno acoso.

El propio Dader ha remitido un texto en que destaca los siguientes puntos:

1. La permanencia de Isabel Díaz Ayuso durante 7 años en la Facultad no fue, como han insinuado entre bromas algunos contertulios, porque tardara mucho en completar la carrera, sino la estricta suma regular de los 5 años que duraba entonces la licenciatura más los dos años de los cursos de doctorado que entonces eran obligatorios para poder empezar después la tesis doctoral. Ni más ni menos que el mejor de los estudiantes de esa época que aspirara al grado de doctor.

2. El nombramiento como alumna ilustre de Isabel Díaz Ayuso ha sido realizado, en efecto, directamente por el Rectorado, conforme a la potestad que el Rector tiene reconocida para ello. Pero también hubo una propuesta de uno de los Departamentos de la Facultad –el mío, Periodismo y Comunicación Global–, en el que yo mismo propuse su nombre. Como consecuencia de la petición de nombres para otorgar dicha distinción, mi Departamento elevó el de Ayuso y otro más, pero en la Junta de Facultad no se incluyó el de Ayuso en el listado definitivo que reunía las propuestas de los diferentes departamentos con el argumento de que Ayuso estaba ya incluida directamente por la decisión del Rectorado. Por tanto, no es cierto que Ayuso haya sido nombrada con el único respaldo de Rectorado y que por ello se haya podido interpretar –como han hecho buena parte de los críticos a la designación–, que se tratara de un abuso e intromisión del mismo. Al revés, quienes desde un Departamento respaldamos su nombramiento podríamos reivindicar que la atribución exclusiva al Rectorado nos priva a los profesores de nuestro departamento del legítimo y mismo derecho reconocido al resto para proponer a los antiguos alumnos que considerásemos oportunos.

3. Tanto en esta edición de las distinciones como en los cursos anteriores, el procedimiento de designación ha consistido en que cada departamento propusiera varios nombres y se escogieran los que finalmente recibieran más votos. Jamás se ha entrado en ningún tipo de análisis de los méritos y currículo de los propuestos y, a lo que parece, sólo en el caso de Isabel Díaz Ayuso se considera necesario realizar análisis sobre su posible idoneidad.

4. La designación como antiguos alumnos ilustres siempre se ha atenido al significado genérico del término ilustre –alguien muy conocido por haber hecho algo importante o resultar sobresaliente en alguna actividad–, sin que necesariamente tuviera que tratarse de una actividad específica de la licenciatura universitaria que lo propone. Prueba de ello es, por ejemplo, el nombramiento del actor Antonio De la Torre, antiguo alumno también ilustre de nuestra Facultad, por la titulación de periodismo, cuya trayectoria destacada se produce en el ámbito de la representación cinematográfica y teatral, y no en el ejercicio del periodismo.

5. Tampoco es cierto que los políticos o cargos públicos en activo hayan quedado o deban quedar al margen de estas distinciones, tal y como han reclamado quienes han criticado de manera tan intensa la designación de Ayuso. Al menos si nos atenemos a los antecedentes: Hace ya un par de años fue declarada antigua alumna ilustre, con el añadido de «alumna de honor», la actual Reina de España, Letizia Ortiz, también egresada de nuestra Facultad. En aquel momento no hubo ningún tipo de críticas públicas ni oleadas de repulsa por el nombramiento de una persona que ostentaba y ostenta dicho cargo público. En aquel caso también, equiparable al de Ayuso, se trataba de una exalumna que aun habiendo desarrollado una inicial carrera periodística, se la nombraba en reconocimiento de su posición institucional, muy por encima de sus méritos profesionales. Y sin embargo ahora determinados sectores del profesorado y de los estudiantes consideran inaceptable que se nombre como antiguos alumnos ilustres a cargos públicos que además, cuenta en su haber con victorias abrumadoras en elecciones democráticas de máximo nivel y repercusión nacional, e incluso internacional, por su actividad política completamente alineada con los valores constitucionales.

A esos argumentos añado que, ante la queja de que se dio entrada en el recinto a estudiantes o jóvenes que no eran de Ciencias de la Información, hay que responder que también se le dio a estudiantes de, entre otros centros, Políticas, de los que me consta que llevaban más de una semana en la Facultad de Políticas preparando su lemas y su aterrizaje en nuestra Facultad.

Y a las quejas de intromisión del Rectorado hay que añadir que cuando en octubre estaba planificado el acto de Doctor Honoris Causa para una propuesta de nuestra Facultad y otra de Filología, el rector añadió el nombramiento del exrector de la Universidad de Buenos Aires. Si se hace con Ayuso es un abuso intolerable, si se hace con cualquier otro, silencio sepulcral por parte de quienes ahora protestan y me consta que alguno de ellos conocía perfectamente el caso de los honoris causa».

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