Inicio Actualidad El vigésimo aniversario del 11S y el riesgo de nuevos ataques terroristas

El vigésimo aniversario del 11S y el riesgo de nuevos ataques terroristas

OR.- Casi 3000 personas perdieron la vida por el ataque terrorista al World Trade Center el 11 de septiembre de 2001. Las imágenes recorrieron el mundo y hoy, tras 20 años, siguen siendo difíciles de olvidar. Las torres gemelas cayeron por el impacto de dos aviones, el Pentágono también sufrió daños por una tercera aeronave. Casi se suma el Capitolio, pero el cuarto avión se estrelló antes de llegar a su objetivo.

El pasado 13 de agosto, dos días antes que los talibanes tomaran Kabul, el secretario de seguridad nacional en Estados Unidos, Alejandro Mayorkas, advirtió sobre posibles nuevos ataques. En un comunicado indicó que el aniversario del 11 de septiembre y las fiestas religiosas podrían «servir como catalizador de actos de violencia selectiva» por parte de terroristas locales o «influencias extranjeras malignas».

Las alertas no han mermado. Por el contrario, se han agravado, aseguró el analista en política internacional, Hugo Acha. «En geopolítica las buenas intenciones no bastan», asegura haciendo referencia a la gestión de la política exterior del presidente de Estados Unidos, Joe Biden.

El mandatario nacional buscaba plantar posición y demostrar firmeza. Por ejemplo, cuando junto a otros países acusaron a Xi Jinping y Vladimir Putin de ciberataques, o cuando Biden extendió la invitación a Irán para conversar sobre el regreso al pacto nuclear, aún con la oposición de Israel. Sin embargo, un duro revés asestó a su administración y se trató de la retirada de tropas de Afganistán. Un paso en falso que mostró una imagen de «debilidad» que dio la vuelta al mundo. Algo que podrían aprovechar los enemigos de Estados Unidos.

«El problema con la crisis en Afganistán es que ha entregado la percepción, a los adversarios y aliados de EE. UU., de una debilidad manifiesta. En el escenario geopolítico y en la historia, cada vez que un poder dominante manifiesta debilidad, los poderes que compiten en la escala estratégica tienden a tomar decisiones peligrosas», analizó el experto.

Escalada de tensiones

Nueva York, el país y el resto del mundo se paralizaron aquel 11 de septiembre en la mañana. Un avión se había estrellado contra la torre norte, minutos después otro avión chocó contra la torre sur. El caos quedó registrado en documentales y testimonios. La organización terrorista Al Qaeda, con posible apoyo de los talibanes, había concretado un ataque terrorista. Muchos de los 25000 heridos sufrieron daños permanentes, mientras que en la memoria colectiva quedaron las imágenes y el temor de que algo similar pueda repetirse.

En el escenario actual, países que compiten contra EE. UU. son protagonistas de actitudes amenazantes para la Casa Blanca. Hace un día arrancaron en el mar Báltico ejercicios militares de Rusia y Bielorrusia, dos países ex soviéticos. Hasta el 15 de septiembre participarán 200.000 militares, 80 aeronaves y 15 buques de guerra, despertando incomodidades en la OTAN, reseñó EFE. A esto se suma China con su amenaza constante a la soberanía a Taiwán. Dentro de occidente, está el régimen cubano que sigue influenciando a la dictadura venezolana.

«Se ha dado la impresión de que EE. UU. está en un momento de extrema debilidad, donde sus aliados encuentran también una crisis de credibilidad», razona Acha. Esto podría precipitar decisiones equivocadas. Por ejemplo, que China decida ser «más audaz» en relación con Taiwán, que Irán decida cruzar el umbral en cuanto al tema nuclear u otras hipótesis que podrían «volverse más complejas». Si existe una manera de contrarrestar estas actitudes, es una duda que depende de la postura de Washington.

«La Administración Biden tiene que dar certezas lo más rápidamente posible a sus aliados y razones a sus adversarios para no cruzar líneas rojas».

El analista cita algunos casos donde se deben tomar medidas, por ejemplo, la de defender protección de derechos humanos en Venezuela, Cuba, Bielorrusia o Rusia. «Tiene que demostrar que lo de Afganistán, por grave que sea, no ha condicionado la capacidad de EE. UU. de reaccionar de forma coherente y firme». De lo contrario, algún adversario, incluyendo grupos terroristas radicales «pueden creer que pueden atacar impunemente a un objetivo en occidente».

El mundo cambió…

No solo EE. UU. cambió tanto política como socialmente. El resto del mundo también percibió las consecuencias del ataque terrorista del 11S. Hubo cambios en la dinámica de relaciones internacionales y en la manera en cómo los ciudadanos se desplazan al instalar nuevos niveles de seguridad en aeropuertos. Incluso hubo cambios en las transacciones financieras, recordó Acha.

«El 11S es uno de esos momentos —como lo fue el 7 de diciembre de 1941 en al ataque a Pearl Harbor, o septiembre de 1939 al iniciar la Segunda Guerra Mundial— en el que ninguna persona en el planeta puede decir que no ha sufrido un efecto directo de ese evento», declaró.

Los más afectados, fueron directamente las víctimas y sus familias. Pero la sociedad norteamericana también salió afectada. «Había la percepción, en esa época, de que estábamos listos para iniciar la construcción de un mundo mejor. De golpe descubrimos que habíamos regresado a un nivel de conflicto donde los enemigos ni siquiera vestían uniforme o se regían por el derecho internacional». Es un «shock» del que Estados Unidos tras 20 años «no se ha recuperado del todo».

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