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Podemos y la “no-dictadura” cubana

Con las declaraciones realizadas por Alejandra Jacinto queda claro que en Podemos el comunismo está mucho más presente que por el mero hecho de pertenecer a una coalición en la que está integrado el Partido Comunista de España

Siempre que se habla de Podemos se suele enfatizar sus relaciones con el socialismo del Siglo XXI y con los movimientos y gobiernos de izquierdas que capitanearon lo que se conoce como “década ganada” en América Latina.

Fue allí donde Pablo Iglesias y los suyos, se formaron intelectualmente y se atrevieron a replantear algunos de los principales dogmas del marxismo-leninismo en lo que a la toma y al mantenimiento del poder se refiere.

Por eso es importante destacar que lo que está sucediendo en Cuba (con una revolución en ciernes cuyo único fin es derrumbar la tiranía implantada por los hermanos Castro) ha retratado los vínculos de Podemos con el comunismo. ¿Por qué es importante enfatizarlo? En mi experiencia académica no es la primera vez que al vincular al partido morado a dicha tradición ideológica uno se tiene que enfrentar a los calificativos de “propagandista” o al descalificativo de “usted no hace análisis sino ideología”.

Los científicos políticos españoles, un mundo con unas conexiones gigantescas con el partido morado, han sido incapaces de ver y analizar por qué los orígenes de Podemos se situaban en una interpretación del marxismo postsesentayochista. Su máxima concesión pasó por considerarlos un partido populista que dividía el campo político entre el pueblo y el antipueblo (la casta, la trama, las élites), sin que ello hiciera ninguna referencia a la experiencia en los movimientos antiglobalización y en los contactos de muchos de sus líderes con los partidos del socialismo del siglo XXI.

Con las declaraciones realizadas por Alejandra Jacinto, actualmente portavoz del partido en la Asamblea de Madrid y uno de los últimos fichajes que realizó Pablo Iglesias antes de abandonar la formación, queda claro que en Podemos el comunismo está mucho más presente que por el mero hecho de pertenecer a una coalición en la que está integrado el Partido Comunista de España.

La diputada madrileña afirmó recientemente que no consideraba que Cuba era una dictadura. ¿Una democracia socialista, tal vez? ¿O mejor una democracia popular? En ese sentido, los miembros de la formación morada siguen manejando una de las principales lecciones que les dejó el actualmente diputado en el Congreso y líder de Más País, Íñigo Errejón, cuando afirmó que hay categorías que “son portadoras de una legitimidad universal” y que la obligación de todo movimiento populista (en su interpretación del teórico argentino Ernesto Laclau) era disputarlas y apostar por su resignificación.

Si Cuba no es una dictadura, tampoco tendría por qué serlo ni la Venezuela de Maduro ni la China de Xi Jinping. Poco importa que sí lo sean, que en esos regímenes no existan las libertades políticas puesto que, para los miembros de Podemos, opera una concepción “sustantiva” de la democracia, que desprecia los procedimientos y la ley y que procede de la crítica marxista a todo régimen liberal-democrático por considerarlo como un arma de la burguesía.

En definitiva y tal y como diseccionó el catedrático de Historia del Pensamiento de la Universidad Rey Juan Carlos, Manuel Álvarez Tardío, y a diferencia de lo planteado por algunos de los principales autores que apostaron por que Podemos se había constituido como un partido populista a raíz de la “crisis de fe” en la teleología marxista (por ejemplo, el profesor Ángel Rivero), los miembros del partido morado, emancipados ya de todo rastro de su antiguo líder, vuelven con Cuba a la tradición ideológica que siempre han defendido: el marxismo en su vertiente comunista.

Sin embargo, aquello que debiera preocupar a la sociedad española no es tanto que Podemos se haya convertido en un mero receptáculo para refundar Izquierda Unida, sino que el Partido Socialista, de la mano de ministros importantes como Nadia Calviño o Isabel Rodríguez, haya asumido un discurso cuyo eje principal sea que definir a Cuba como una dictadura “no es productivo”.

Por todo ello hay que apoyar al pueblo cubano en la verdadera revolución que está llevando a cabo: el intento de democratizar un régimen dictatorial que dura ya muchos años.


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