Inicio Argentina Chicas superpoderosas: reducen a golpes a un ladrón y lo entregan

Chicas superpoderosas: reducen a golpes a un ladrón y lo entregan

marisol debió atender el local ayer porque su madre y su hermana karol no se sentían bien / Roberto Acosta

Cajones de frutas, papas y golpes de puño fue el arsenal que desplegaron tres mujeres para defenderse y evitar un robo que un sujeto de 35 años intentó llevar adelante en un comercio de City Bell. La dramática situación, que tuvo lugar ayer por la mañana, expuso nuevamente el clima de inseguridad que impera en la Zona Norte y confirmó el análisis que vienen realizando los vecinos de los distintos barrios sobre las modalidades y características de los robos.

“No hay un horario específico. No hay un perfil de víctima predilecto. No importa si es casa o negocio. Ya no hay patrones. Puede tocarle a cualquiera y en cualquier momento. Hace poco robaron a un juez y a un diputado en esta zona. Si estos hombres, que uno considera que están más cerca del poder, pasan por esto, qué nos queda a nosotros”. La reflexión pertenece a un cliente de la verdulería ubicada en 489 y 28, en donde ayer por la mañana se vivieron momentos de furia y zozobra por un intento de robo que, según indicaron las propias víctimas, “de milagro no terminó en tragedia”.

El hecho ocurrió minutos después de las 7 de la mañana cuando la propietaria del local, quien prefirió mantener su identidad a resguardo, y su hija Karol de 20 años se encontraban descargando cajones de frutas y verduras del camión de su marido. Por el calor, el hombre no había podido pegar un ojo durante la noche por lo que tomó la decisión de recostarse un momento en el vehículo para sumar algunos minutos de sueño. Mientras las dos mujeres hacían un pasamanos de mercadería en la vereda, en el interior del local se encontraba una empleada acomodando y limpiando.

Excepto porque la propietaria había asumido el rol de su marido en lo que respecta a la descarga, hasta ese momento todo se venía desarrollando de forma normal. Nada hacía pensar que las tres mujeres protagonizarían instantes después una lucha cuerpo a cuerpo con un delincuente armado y que además de reducirlo con lo que tenían a mano iban a terminar entregándolo ellas mismas a la policía.

“Yo creo que si mi padrastro hubiese estado bajando los cajones otro sería el cuento. Estoy segura que el tipo no se hubiese metido”, estimó Karol, la víctima del robo y quien encabezó la contraofensiva.

Según explicó, a eso de las 7, el sujeto ingresó al local y le preguntó a su madre cuánto salía el kilo de tomates. Luego le consultó a cuánto estaban la papa y los huevos. Todo lo hizo observando detenidamente el local, por caso, intentando confirmar que no había presencia masculina en el lugar. Una vez que se aseguró que no había nadie más en el interior del comercio más que la dueña y la empleada, el ladrón lanzó su ataque.

“Sacó un revólver calibre 38 del pantalón, le apuntó a mi mamá y le exigió que entregara dinero y celulares. En ese momento, yo estaba en la vereda, acomodando la verdura. Lo había visto entrar a este hombre y presentí que algo malo iba a pasar”, contó Karol.

La joven decidió asomarse a ver qué estaba sucediendo y fue en ese momento que se topó con una escena que “no olvidará nunca más en su vida”.

“El tipo estaba apuntando a mi mamá. Fue terrible verlo. Y no lo dudé ni un segundo. Tenía dos opciones. Llamar a la Policía y esperar quizás a que mataran a mi mamá o actuar. Acababa de terminar de achicar un cajón así que lo agarré, tomé coraje y entré”, revivió.

Cuando la chica ingresó, el ladrón intentó apuntarla para intimidarla pero su suerte ya estaba echada. Más rápida de reflejos e inmersa en un torrente de adrenalina, la joven estrelló el cajón de madera en la cabeza del malviviente.

Cuando notaron que estaba “medio aturdido”, las tres mujeres se abalanzaron sobre el hombre y lo redujeron. “Teníamos miedo porque todavía tenía el arma en la mano. Soy consciente de que esto pudo haber sido una tragedia. Yo sé que está mal lo que hice pero estoy segura de que lo volvería a hacer si viera a algún familiar mío en la misma situación”, sentenció Karol.

En el piso se libró una lucha cuerpo a cuerpo. Producto del forcejeo, el arma fue a parar debajo de la góndola. Así, de un segundo a otro, la situación para este delincuente tuvo un giro de 180 grados. El objetivo de robar había pasado ahora a un segundo plano. Para este hombre lo primordial en ese momento pasó a ser intentar zafarse de sus víctimas para luego darse a la fuga con el único recurso que le quedaba: golpes de puño ya que la empleada se había tirado sobre sus piernas.

En su desesperación, el sujeto usó la única estrategia que tenía disponible. Lanzó algunas trompadas al aire y dos de ellas logró conectar en el pecho de la dueña y en la frente de Karol.

Las agresiones no hicieron más que acrecentar la furia de las víctimas que tomaron lo que tenían a su alcance para defenderse.

Con papas, restos de cajones y golpes de puño, las mujeres golpearon al sujeto y terminaron impidiendo la fuga. Minutos después, y alertado por los gritos que provenían del local, el marido de la víctima se encargó de retener al ladrón mientras llegaba la policía.

“Creyó que se le iba a ser fácil. Seguro pensó: ‘Tres mujeres solas, es mi oportunidad’. Al final se le complicó un poquito. Le dimos una lección. Seguramente cuando salga de la cárcel y vuelva a ver a tres o dos mujeres juntas, lo va a meditar bastante antes de querer hacerles algo”, cerró Karol.

Horas después, al revisar las cámaras de seguridad, en un comercio lindero, se dieron cuenta de que se trataba del mismo sujeto que el pasado sábado había intentado asaltarlos.

“Así como sucedió en la verdulería, el pibe llegó al local en bicicleta y cuando estábamos abriendo. Te diría que no entró de suerte. No me percaté de que venía. Yo estaba de espaldas a la puerta y cerré. El tipo venía con el arma en la mano. Mi jefa vio cuando la guardó, dio media vuelta se subió a la bici y se fue”, comentó una representante de la veterinaria ubicada al lado de la verdulería.

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“Creyó que le iba a ser fácil. Seguro pensó: ‘Tres mujeres solas, es mi oportunidad’. Creo que le dimos una lección” Karol,

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