Cinco de los policías asesinados en Antioquia eran de la Costa

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Al momento del ataque explosivo en el Urabá antioqueño, el pasado miércoles, que dejó 8 policías muertos, en Suan, municipio del Atlántico donde nació el patrullero Darrlin Rodrpiguez , sus  familiares  no sabían, si quiera, que este se encontraba en el sector El Tomate, en San Pedro de Urabá, donde custodiaba a un juez, dos fiscales y a funcionarios de la Unidad de Restitución de Tierras.

Estaban ahí brindando seguridad en el proceso de devolución de 21 hectáreas a campesinos que fueron despojados por grupos armados.

Rodríguez, de 29 años, es uno de los cinco uniformados de la Costa junto a José David Pérez, de 25 años, oriundo de Barranquilla; Alejandro Sade Ballesteros, de 23 años, del municipio El Retén, en Magdalena; Never Alfonso Sierra, de 32 años, de Sincelejo (Sucre) y Jorge Pacheco Solano, de 22 años, de Sabanalarga (Atlántico), que resultaron muertos tras el ataque.  

“Vivimos en un país en el que supuestamente estamos alcanzando la paz y todavía siguen pasando estas cosas. Desafortunadamente ayer le tocó a mi hermano, pero esos son los designios de Dios”, manifestó Keyla Rodríguez, hermana de la víctima, quien suponía que el patrullero Rodríguez se encontraba Morroa (Sucre), donde había sido trasladado.

Keyla describió a su hermano, quien tenía seis de servicio en la Policía, así como el mismo número de felicitaciones, como un hombre excepcional, buen hermano, e hijo que le gustaba estar siempre alegre.

“Era Amante del fútbol y del vallenato. Su sonrisa ya no está, pero sabemos que se fue haciendo lo que quería”, agregó la hermana del patrullero.

‘Quería retirarse de la Policía’

En el caso del patrullero José David Pérez Hernández, quien era en Barranquilla, su padre, David Alfonso Pérez Orozco, recordó este llevaba 7 años en la Policía y que llevaba apenas un mes de estar en Antioquia, trabajando en las zonas donde el conflicto armado más golpea.

De hecho, Pérez Hernández enfrentó un ataque en el que según narró, por poco pierde la vida, por lo que había manifestado que quería retirarse de la institución.

“El había tenido un atentado hace 20 días. Me llamó a las 4 de la tarde y me contó eso. Me dijo que no podía hablarme mucho porque estaba llorando”, dijo David Alfonso Pérez.

Contó que su hijo le reveló el suceso que vivió durante ese ataque armado perpetrado por 8 tipos que bajaron de una montaña.

En ese primer atentado narró que ocho sujetos que bajaron por una montaña le dispararon tanto al patrullero como a sus compañeros, lo que describió como una lluvia de balas que arrasó, incluso, con los vidrios de la patrulla, mientras tanto, ni él ni sus acompañantes pudieron responder del miedo que sintieron.

“Papi, nos levantaron a tiro desde 50 metros. Nos tuvimos que tirar al suelo, partieron todos los vidrios de la patrulla y los compañeros míos estaban asustados, no disparaba ninguno y nos llovían balas de todos lados”, narró el padre.

A raíz de esa experiencia el policía viajó a su casa del barrio El Bosque, donde residía en la capital del Atlántico.

“Me dijo ese día que venía porque quería verme porque se vio muerto ese día. Me dijo palabras que nunca me había dicho, como una despedida. Lo sentí extraño. Me decía que prácticamente él estaba en manos de Dios, sí el volvía a Barranquilla era por voluntad de Dios”, contó.

El patrullero José David Pérez Hernández, el mayor de cinco hermanos, dejó un hijo de cuatro años y contaba con nueve felicitaciones. Su padre, pidió al Gobierno intervenir en estos territorios.

El patrullero Jorge Pacheco Solano tenía dos felicitaciones en su hoja de vida, mientas que el patrullero Alejandro Sade llevaba cinco años en la institución y tenía cuatro felicitaciones. El patrullero Never Alfonso Sierra, nacido en Sincelejo (Sucre), tenía 12 años en la Policía Nacional con 21 felicitaciones.

Barranquilla.