Inicio Colombia Salud y minería, el doble desafío de las mujeres en Timbiquí

Salud y minería, el doble desafío de las mujeres en Timbiquí

“Me tocó un caso de una mujer con una infección vaginal tan fuerte que tuvo que irse a la ciudad. Son cosas íntimas, pero a mí también me puede pasar. A ella le dijeron que nada de agua sucia, nada de usar agua de río, y ella pensó: ‘Ya me estoy tomando los medicamentos’. Pero a veces uno se equivoca y tuvieron que cauterizarle ciertas partes”, cuenta Zully Sinisterra, exminera, enfermera y habitante de Timbiquí, Cauca.

Aunque el departamento del Cauca no es considerado territorio minero por la Agencia Nacional de Minería, allí se da esta práctica a baja escala (ancestral), y ahora también la minería ilegal. Lo que cuenta Sinisterra es tan solo una de las enfermedades a las que se exponen las mujeres de la zona.

En la minería ancestral las mujeres tienen un papel más protagónico que en otras modalidades: hacen labores de lavado, bareque y selección. Entre esas actividades, la que más realizan es la de barequear, una técnica de tradición cultural que consiste en obtener el mineral por medio de herramientas manuales; para ello, la persona debe adentrarse en el agua hasta más arriba de la cintura y permanecer allí por tiempos prolongados con la espalda arqueada para conseguir el material.

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El rol de la mujer en la minería, en términos de género, no ha sido muy explorado en Colombia, quizás porque durante años se consideró que era un trabajo exclusivo para hombres. Eso ha incidido en que, por ejemplo, en materia de salud se piense más en enfermedades respiratorias (como la neumoconiosis) o distrofias musculares (dolores lumbares) que afectan tanto a hombres como a mujeres de ese sector. Pero poco se habla de las enfermedades y los riesgos que enfrentan ellas de manera específica.

“A otras nos
ha ido muy mal
con las infecciones.
Eso implica equilibrar
si lo que se consigue
en la mina va a servir
o uno solo va a luchar con las enfermedades”.

Según el último informe publicado por la Gobernación del Cauca, en 2021, hubo 4.034 casos de vaginitis aguda en el departamento, lo que representa una tasa de prevalencia del 5,4 por ciento y, aunque es inferior a la nacional, se conoce el elevado subregistro de estas estadísticas que solo muestran los casos documentados en un territorio en el que el acceso a servicios es limitado, hay carencia de atención ginecológica y persiste una actitud de vergüenza ante este tipo de condiciones.

Si bien es cierto que la minería no es la única responsable de estas infecciones, el médico Carlos Federico Molina Castaño, especialista en toxicología y doctor en epidemiología, afirma que “la estancia en el agua, es decir estar en un ambiente húmedo, podría ser un caldo de cultivo para el crecimiento de diferentes bacterias que favorecen la aparición de infecciones vaginales y también infecciones urinarias en el contexto minero”.

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Permanecer en el agua durante varias horas seguidas, barequeando o cerca del socavón, es el día a día de las mujeres mineras: “A otras nos ha ido muy mal con el tema; de hecho, yo soy una de esas. Eso también implica equilibrar si lo que se consigue en la mina va a servir para algo o únicamente uno va a luchar con las consecuencias de las enfermedades”, cuenta Sandra, minera y miembro del Consejo Comunitario de Timbiquí, cuyo nombre fue cambiado por seguridad.

Juana Afanador, socióloga y feminista, también amplía la discusión sobre ello: “El contexto minero no es fácil porque es además un sector históricamente masculinizado. Normalmente, estas intersecciones de género, clase y salud son complicadas y difíciles para los hombres que trabajan en estos sectores; entonces lo son mucho más para una mujer y para poder acceder al cuidado y al trabajo diferencial de salud que debería tener”.

Pero no son solo las infecciones vaginales, sino también los casos de amenorrea (ausencia del período menstrual) y embarazos de riesgo que se producen en el territorio. Según el mismo informe de la Gobernación del Cauca, hubo 3.375 casos de amenorrea en el departamento en 2021 y 529 casos de supervisión de embarazo de alto riesgo en el mismo año solo en Timbiquí. 

“A mí me tocó durante el embarazo ir a buscar en la mina porque tú no me das un gramo de oro. No es que uno no quiera cuidarse, sino que, por A o por B, nos toca ir al monte».

El médico Molina afirma que uno de los efectos derivados de la minería aurífera “es que puede incidir en los niveles de ciertas hormonas implicadas en el ciclo menstrual. Esto puede producir variedad de síntomas como amenorreas o, por el contrario, hemorragias uterinas. Alteraciones a nivel hormonal en el sistema endocrino ocasionadas por el efecto del mercurio”.

El mayor foco de infección es el agua, no solo por practicar la actividad de barequear, sino también por los huecos que deja la minería ilegal en el territorio y, como ellas cuentan: “Lo primero que le dicen a uno (los médicos) es no meterse al agua, pero a mí me toca ir por el guacuco (pez de la región) o el sábalo”.

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Las mujeres también son las que van al río a pescar para sus familias. Esto, con el tiempo, se ha convertido en un sitio de riesgo, pues el agua, por el aumento de la minería ilegal, suele estar contaminada con mercurio o demás restos de minerales que inciden en su salud reproductiva.

Según María Kamila Gómez Colmenares, responsable de la estrategia de Género y Derechos humanos de Alianza por la Minería responsable, el mercurio “genera, entre muchas situaciones, daños al sistema nervioso e inmunitario, y en las mujeres problemas de salud reproductiva al causar riesgo latente de aborto o esterilidad”. Una situación de riesgo, pues en el territorio se comercializaba ese material y era muy común encontrarlo en el sector minero de túnel.

“A mí me tocó durante el embarazo ir a buscar en la mina porque tú no me das un gramo de oro. Yo necesito sobrevivir. Y acá esto es tradición. No es que uno no quiera cuidarse, sino que, por A o por B, nos toca ir al monte”, cuenta Sinisterra.
La necesidad hace que las mujeres en estado de embarazo también acudan al territorio minero, ya sea a barequear o a adentrarse en la mina (en el caso de la minería ilegal); esto, en términos de salud, debería asumirse como una alerta, pues los niños también se convierten en población vulnerable desde el vientre de sus madres.

La salud de las mujeres no parece ser una discusión crucial dentro del sector de la minería en el país. Esto, principalmente, porque la explotación que se realiza en el Cauca es a baja escala; pero también porque institucionalmente aún suele considerarse que la minería –en su mayoría– es un trabajo de hombres y, por lo tanto, los riesgos o problemas de salud femeninos quedan en un escenario secundario.

Gómez, desde la Alianza por la Minería Responsable, afirma que “sí existen vacíos y grandes retos aún en temas de política pública y acciones que impacten a la comunidad minera desde un enfoque de género. Se han dado grandes pasos, pero sí se requiere profundizar más en este enfoque desde una perspectiva interseccional”.

A los problemas de salud reproductiva se suma la malaria, una enfermedad común en el territorio. “A mí me dio malaria y aquí en la casa, a todos mis hijos. A uno de ellos también le dio dengue y casi casi se me va”, cuenta Nidia Loango desde la comunidad de San José, en Timbiquí. Ella, hoy representante de la Asociación de Mujeres en Pie, ha practicado por más de 10 años la minería ancestral.

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Según el último Boletín epidemiológico del Instituto Nacional de Salud (emitido con datos del año en curso), Colombia “se encuentra en situación de brote para malaria” y el Cauca reporta, de acuerdo con el Sistema Nacional de Vigilancia en Salud Pública, con 3.930 casos de esta enfermedad en lo que va de 2023.
Si bien es claro que no se le debe atribuir únicamente el brote de la malaria a la minería, según Dubán Jesús Quintero, líder del proceso de vigilancia en salud pública del Cauca, en estos municipios de la costa Pacífica “hemos observado un fenómeno que está muy ligado a la minería, sobre todo a la ilegal que se practica en el lecho de los ríos. Entonces, donde hay minería hay focos de malaria porque las personas tienen unas costumbres y permanecen sin los medios de protección adecuados”.

Además de las labores en la mina (sea legal, ilegal o artesanal), las mujeres también se dedican al hogar y al cuidado de sus familias. Afanador explica la magnitud de esta rutina: “Una doble jornada y un doble trabajo que no es reconocido, más los impactos que tienen en los cuerpos este tipo de recarga de labor física (la minería), y a eso se suma que el trabajo del cuidado también es un trabajo físico; esto hace que las mujeres tengan jornadas bastante pesadas y una de esas no sea reconocida, como la del trabajo del cuidado”.

Las mujeres no solo presentan problemas de salud, sino que sufren otro tipo de violencias como la económica y la sexual. No solo se enfrentan a las desigualdades de género, sino que también viven escenarios en los que las dolencias y los riesgos por su trabajo parecen mimetizarse con otras realidades paralelas propias del territorio en el que viven, como el conflicto y la pobreza. En esa medida, el contexto puede sepultar la discusión pública sobre su salud y los riesgos que asumen para sobrevivir.