El ‘caso Maristas’ llega al cine

Es imposible ver ‘Shootball’ sin revolverse en la butaca. Sin sentir un asco infinito. Una incomodidad insuperable. Joaquim Benítez, a cara descubierta, explica que “no era el típico pederasta” sino que tenía un “comportamiento distorsionado” con los chavales de los abusó durante años. “Les preguntaba con respeto si les importaba que les tocara”, admite. El exprofesor de educación física de Maristas Sants-Les Corts de Barcelona con el que arrancó el monumental escándalo de pederastia desvelado por EL PERIÓDICO se pone ahora de rodillas ante la cámara, asegura que está “arrepentido” y pide perdón a sus víctimas.

No es la primera vez que escuchamos a Benítez, que permanece libre y a la espera de juicio. María Jesús Ibáñez, redactora de EL PERIÓDICO, lo hizo en 2016 en una entrevista fundamental para el caso. Y Guillem Sànchez, responsable de sucesos del diario, el pasado mes de febrero. Ambos, junto con Jesús Albalat, especialista en Tribunales, conquistaron el Ortega y Gasset por la investigación del ‘caso Maristas’. Ahora, en el documental ‘Shootball’, vemos la cara de Benítez, la única persona que se sentará en el banquillo por una trama en la que están implicados, por lo menos, 13 presuntos pederastas denunciados por 43 víctimas (son muchas más, pero no han denunciado).

Emoción e indignación

‘Shootball’ es el trabajo del director y montador Fèlix Colomer (Sabadell, 1993), que acaba de estrenar el documental en la Semana Internacional de Cine de Valladolid, donde el público ha acogido la película -honesta, valiente y apasionante- entre aplausos. También con emoción e indignación. El objetivo de la cinta no es tanto entender qué le pasa por la cabeza a un pederasta sino dar voz a las víctimas, que muchas veces se sienten injustamente culpables. ‘Shootball’, de hecho, cuenta con el desgarrador testimonio de cuatro jóvenes abusados. Especialmente doloroso es el de uno de ellos, el primer alumno que denunció y que está tan traumatizado que es incapaz de llevar una vida normal. Su padre, Manuel Barbero, es todo un padre-coraje que empezó, de la mano de EL PERIÓDICO, la batalla contra los pederastas del colegio católico, en el que la policía, los jueces, los políticos y la dirección escolar no han estado a la altura.

El espectador de ‘Shootball’ ve cómo Colomer intenta, sin éxito, entrevistar a responsables políticos, policiales y escolares para buscar respuestas. “EL PERIÓDICO ha hecho una labor fundamental”, explica el realizador, que ha incluido en el metraje declaraciones de varios miembros de la redacción: María Jesús Ibáñez, Guillem Sànchez (autor de ‘Crónica del caso Maristas’ ) y el coordinador de la investigación, Luis Mauri. “Sin esa entrevista (en referencia a la que realizó Ibáñez en febrero del 2016 a Benítez) no estaríamos hablando del caso Maristas”, reflexiona Mauri ante las cámaras.

Un monstruo

Hace más de un año, Colomer -graduado en ESCAC y montador de profesión- sintió la necesidad de realizar un documental sobre los abusos en el colegio de Barcelona. Impresionado por ‘An open secret’ (filme sobre la pederastia en Hollywood), presentó la idea a su productora, Forest Film Studio, y se puso manos a la obra. Él mismo reconoce sus dudas ante la entrevista con Benítez. “No sé si es un monstruo. Lo que hizo no tiene perdón. Es un narcisista y un tipo inteligente. Le pedí estar en el documental. Le expliqué que no dejaría de ser un monstruo, pero que, a lo mejor, el espectador conseguía entender algo de su personalidad. Es un tipo que sufrió abusos en su infancia”, explica Colomer. También sufrió abusos Manuel Barbero, el padre-coraje que inició la investigación. ‘Shootball’ concluye que ambos tuvieron una infancia muy complicada y que, con el paso de los años, se han convertido en polos opuestos. Uno es un héroe (Barbero) y el otro, un villano (Benítez).

A Colomer lo que más le ha impactado de realizar ‘Shootball’ -que todavía no tiene fecha de estreno comercial y cuyo título hace referencia al juego de pelota inventado por Benítez- es la empatía con las víctimas. “No estamos hablando del franquismo sino de ahora. Esos chavales podían ser yo mismo”, concluye.

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