Inicio Chiiist! Así son y así se llevan las amigas royals de la Reina...

Así son y así se llevan las amigas royals de la Reina Sofía: de Noor de Jordania a Beatriz de Holanda

Muchas veces se ha dicho que la Reina Sofía no tiene amigas e incluso que no debería tenerlas. Y ciertamente, a diferencia de muchos de los bulos que circulan sobre ella, este podría ser un dato verídico a la luz de los hechos. Desde el primer momento que llegó a España sintió el vacío por parte de la aristocracia (plegada todavía ante la familia Franco) y se revistió de una dura coraza de la cual pocas veces desde entonces han salido las emociones. Su círculo íntimo se reduce a sus familiares directos y, de manera excepcional, a sus compañeras de profesión…

Noor de Jordania

Es de sobra conocida por todos la buena relación que desde siempre ha mantenido el Rey Juan Carlos con sus homólogos del mundo árabe, pero muy especialmente con el ya fallecido Rey Hussein de Jordania. Nacidos ambos con muy pocos años de diferencia, desde el primer momento la conexión entre ellos trascendió lo político y rozó casi lo fraterno. De hecho, se llamaban “hermanos” el uno al otro. Teniendo esto en cuenta, no resulta extraño que sus respectivas cónyuges tuviesen también una buena relación (aunque no pase siempre en estos casos).

La Reina Sofía tuvo oportunidad de compartir numerosos momentos con las cuatro esposas del monarca hachemita, aunque la conexión fue mayor con la última de ellas: la Reina Noor. La consorte de origen americano se había casado con el Rey Hussein en 1978, poco después de que Don Juan Carlos y Doña Sofía fueran proclamados Reyes de España; por lo que realmente ella fue la única de las cuatro reinas de Jordania a la que la española pudo tratar de tú a tú durante sus sucesivos viajes oficiales. Al fin y al cabo, en las visitas anteriores a 1978 Doña Sofía era únicamente Princesa de España.

El nexo de unión entre las dos mujeres eran indudablemente sus maridos, pero lo curioso es que esta relación no se rompió tras el fallecimiento del Rey Hussein el 7 de febrero de 1999. Todo lo contrario: salió reforzada. Ese mismo verano, los Reyes de España invitaron a Noor y a sus hijas a pasar con ellos las vacaciones estivales en el Palacio de Marivent (Mallorca) y durante su estancia en Palma se pudo ver a las dos reinas yendo juntas de compras y navegando a bordo del yate ‘Fortuna’. Sería la primera de las varias estancias de la viuda del Rey Hussein en la isla balear durante los años siguientes.

Las dos comparten además sus intereses filantrópicos y son de las royals más involucradas en causas humanitarias. Algo que se pudo comprobar durante la Conferencia Global Zero de París en 2010, en la que la Reina Noor confesó haber hablado con Doña Sofía para lanzar una campaña conjunta contra las armas nucleares: “La Reina Sofía es una luchadora apasionada que comprende y apoyaría cualquier modo de preservar la vida“. Dicho proyecto no llegaría a materializarse, pero solo un año después la madrastra del Rey Abdalá volvió a dedicar unas bonitas palabras a su amiga: “Creo que no hay país donde haya sentido más afecto que en España. La Reina Sofía ha sido una verdadera hermana y amiga durante todos estos años. La quiero mucho, de una manera entrañable”.

Debido a la discreción de la que ambas hacen gala, la prensa no tiene constancia de todos sus encuentros, pero sí se sabe que su relación todavía no tiene (y probablemente nunca tenga) fecha de caducidad. Es más, la Reina Noor fue una de las presencias más destacadas en el concierto que se celebró en 2018 con motivo del 80 cumpleaños de Doña Sofía. Lo que pocos saben es que antes había estado invitada también al almuerzo estrictamente familiar que se celebró en La Zarzuela. Al fin y al cabo, es una más de la familia para la Reina de España.

Beatriz de Holanda

La exsoberana de los Países Bajos nunca ha llegado a tener un trato tan íntimo con Doña Sofía como el de Noor de Jordania, pero al menos sí puede presumir de tener una relación de amistad más longeva y basada en unos mismos valores. Y es que tanto la española como la holandesa pertenecen a esa generación de princesas educadas para reinar y cuya infancia estuvo condicionada por la Segunda Guerra Mundial. En este caso, además, las dos tendrían que sufrir las consecuencias del exilio. Circunstancias que, sin duda, imprimen carácter.

A lo largo de su juventud coincidieron en numerosos eventos de la realeza europea (en el famoso crucero Agamenón organizado por la Reina Federica de Grecia y en numerosas bodas reales) y posteriormente, siendo ya las dos reinas, continuarían compartiendo actos. Por ejemplo, fueron juntas a la boda de Federico de Dinamarca y Mary Donaldson en 2004 y a la de la Princesa Victoria de Suecia y Daniel Westling en 2010. Se da el caso de que la Princesa Beatriz es viuda y que Don Juan Carlos no suele acude a bodas reales, por lo que el protocolo acaba convirtiéndola en la mejor acompañante para la Reina Sofía.

El acto sin duda más secreto de la agenda de ambas fue durante mucho tiempo la reunión anual del Club Bilderberg, en la que las personas más poderosas del mundo toman las decisiones que marcarán el rumbo de la sociedad durante el año en cuestión. Doña Sofía acudía en representación de España y como gran aficionada que es a la política, mientras que su homóloga holandesa lo hacía porque su padre fue uno de los promotores de la primera reunión celebrada en 1954.

Tras su abdicación en 2013, Beatriz de Holanda se ha convertido en una de las royals más trabajadoras: sigue acudiendo a numerosos actos oficiales y realizando visitas alrededor del mundo. Algo que contrasta con el también abdicado Rey Juan Carlos (aficionado a los viajes, pero no a los actos oficiales), pero no así con Doña Sofía: la Reina Emérita, al igual que su gran amiga, puede presumir de seguir siendo uno de los principales activos de la Familia Real y goza de una agenda llena de actividades. Al fin y al cabo, ambas fueron educadas para ello.

Ana María de Grecia

Primas, cuñadas y amigas. Los lazos que unen a la Reina Ana María de Grecia con la Reina Sofía son múltiples y se remontan a siglos atrás: ambas son primas terceras en calidad de descendientes tanto de la Reina Victoria de Inglaterra como del Rey Cristian IX de Dinamarca, pero también cuñadas desde que Ana María se casó en 1964 con el Rey Constantino de Grecia (hermano de Doña Sofía). Por si esto fuera poco, los lazos de amistad que las unen desde prácticamente su adolescencia han permanecido intactos durante todo este tiempo y, a pesar del carácter reservado de la madre de Felipe VI, es posible que en más de una ocasión haya recurrido a la Reina de Grecia como paño de lágrimas.

Las dos pertenecen por nacimiento a la Dinastía Schleswig-Holstein-Sonderburg-Glücksburg, por lo que desde muy pequeñas el contacto entre sus familias fue muy frecuente y cercano. Es más, una todavía soltera Ana María ejerció de dama de honor en la boda de Don Juan Carlos y Doña Sofía en 1962. Un par de años después será ella misma quien pase por el altar con el hermano de la novia, el Rey Constantino de Grecia. De este modo el destino de ambas quedó indiscutiblemente unido y nadie podía estar más feliz que ellas mismas: ahora eran amigas y familia.

Tras el Golpe de Estado que puso fin a la monarquía helena, los Reyes Constantino y Ana María tuvieron que exiliarse a Inglaterra y allí permanecerán hasta que en 2004 se les permita regresar tras casi cuatro décadas. No obstante, a pesar de que gran parte del año estaban en Londres, el hermano de Doña Sofía y su familia pasaban largas temporadas en España junto a sus parientes. En las fechas señaladas, como navidades y verano, era prácticamente una tradición que la Familia Real Española estuviese acompañada de la Familia Real Griega, con quien todos sus miembros tienen una buenísima relación: la Princesa Alexia es íntima de la Infanta Cristina y el Príncipe Pablo está dentro del reducido grupo de amigos del Rey Felipe.

Los problemas surgidos dentro del matrimonio de los Reyes Juan Carlos y Sofía alteraron enormemente la supuesta armonía familiar y poco a poco los parientes griegos prefirieron hacerse a un lado. Eso sí, Doña Sofía se negó desde el primer momento a perder el contacto con su familia y durante años sus visitas – primero a Londres y luego a Grecia – supusieron el mejor bálsamo para su tragedia. Allí no solo podía sentirse como en casa gracias al nexo de unión que siente con su hermano, sino que podía disfrutar del talante comprensivo de su cuñada.

Sus otras amigas coronadas

Las tres reinas citadas hasta el momento se merecen una mención aparte por ser tres de las mujeres que han tenido mayor acceso a la faceta más personal de la Reina Sofía. No obstante, por razones de protocolo o por cuestión afectiva, la esposa de Don Juan Carlos mantiene también una buena relación con el resto de consortes e incluso con aquellas pocas que son soberanas. Es decir, con Isabel II de Inglaterra y Margarita II de Dinamarca.

La monarca danesa es hermana de la Reina Ana María de Grecia, por lo que los lazos familiares que las unen son los anteriormente descritos: son primas terceras. Sin embargo, y a diferencia de lo que ocurre con la consorte helena, Doña Sofía no tiene una relación excesivamente íntima y estrecha con Margarita II. Se quieren y se respetan, como no podía ser de otro modo, pero por diversas circunstancias vitales nunca han tenido la oportunidad de profundizar más allá en sus inquietudes. Además, sus personalidades son muy diferentes.

No podría decirse lo mismo de Isabel II de Inglaterra, con quien la Reina Sofía comparte un parentesco todavía mayor: ambas son tataranietas de la Reina Victoria y, por otra parte, Felipe de Edimburgo es primo segundo de Doña Sofía. No podría decirse que sean amigas íntimas (de hecho su relación ha estado muy condicionada por las tensiones políticas entre sus respectivos países debido a Gibraltar), pero la Reina Isabel tuvo hacia la española un gesto de deferencia poco usual en ella: en 2016, con motivo de su 90 cumpleaños y coincidiendo con una visita de la Reina Sofía a Londres, organizó un almuerzo privado solo para ambas en el Castillo de Windsor.

Algo muy semejante fue lo que hizo Doña Sofía con la Reina Silvia de Suecia en 2014. Los soberanos suecos habían venido a España en visita privada y la consorte española no dudó ni un instante en preparar un encuentro privado con su homóloga en el Palacio de La Zarzuela. No estaban presentes sus maridos, cuyas trayectorias se han caracterizado por las infidelidades. Sin duda, un nexo de unión entre ambas reinas, quienes también comparten inquietudes sociales: la Reina Silvia está muy involucrada en la lucha contra la demencia senil y la Reina Sofía con la enfermedad de Alzheimer. Ambas coincidieron, de hecho, en un seminario sobre salud mental en Estocolmo en 2017.

En el caso de la Emperatriz Farah Diba de Irán, la amistad se remonta a los años previos a la Revolución Islámica que la condenó al exilio. Pocos son los datos que han trascendido desde entonces acerca del tipo de relación que ambas mantienen, pero resulta curioso que continúen siendo amigas a pesar de que el gobierno español le negase asilo al Sah Mohamed Reza Pahlavi tras su derrocamiento. La exemperatriz ha vuelto a coincidir, ya en el exilio, con la Reina Sofía en numerosas ocasiones (principalmente en eventos de la realeza) y sorprendió a todos acudiendo al concierto conmemorativo de los 80 años de la consorte española en 2018.

No cabe duda de que la Reina Emérita tiene un don innato para ganarse la simpatía y el cariño de los que la conocen. Su talante afable y su dedicación a los demás hacen que el hecho de tener su amistad sea todo un privilegio. Sin embargo, no se puede olvidar tampoco que ella pertenece a una generación en la que toda la realeza se relacionaba entre sí; por lo que el verdadero mérito reside en preservar la amistad con el paso del tiempo y saber elegir. Su nuera, la Reina Letizia, nunca sabrá lo que es esto porque son contadas las ocasiones en las que acude a algún evento de la realeza extranjera. Más le valdría seguir, también en este caso, el ejemplo de su suegra; porque ya se sabe: “Quien tiene un amigo, tiene un tesoro”.