Sesenta abriles de terrorismo “revolucionario” en Cuba Cubanet

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Comandantes y generales de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (AIN)

LA HABANA.- En algún momento de la historia, el 9 de abril será declarado día de duelo nacional. Se debe tener más de 60 años para haber vivido esa jornada de huelga general en 1958, convocada por el Movimiento 26 de Julio, a lo largo de toda la Isla, que en aquel momento se encontraba dividida en seis provincias. Aunque la huelga fue un fracaso porque no consiguió mover del poder a Fulgencio Batista, en aquel entonces presidente, sirvió para llenar de luto y destrucción al país, por todos los actos terroristas que se llevaron a cabo. Hoy, la dictadura no quiere rememorar los detalles de aquel día, porque la verdadera historia de cómo llegó al poder, nunca la ha querido contar.

Como tarea fundamental se proclamó llevar a cabo la “Huelga Nacional Revolucionaria”, apoyada por acciones armadas que debían dar el golpe decisivo a la dictadura. Debido a la mala organización, hubo grupos que estaban acuartelados con antelación y que nunca recibieron armas. Hay que destacar el hecho que no fue concebida como una huelga pacífica; por el contrario, el enfrentamiento armado estaría presente en varias ciudades y pueblos donde había células de Acción y Sabotaje del Movimiento 26 de julio.

Por ello, algunos que estaban mal armados fueron masacrados por la policía de Batista, que, además de obedecer órdenes, se defendía.  En la articulación de todas las partes, también les falló el paro en el sector del transporte urbano, porque no fue total y algunas terminales no secundaron la huelga.

Entre los organizadores de la actividad estaba Marcelo Salado, encargado de repartir armas entre los militantes del Movimiento y acuartelado en la capital, en el Estado Mayor, ubicado en el Edificio Chibás, en las calles 25 y G, en el Vedado. Cuentan que estaba molesto por los partes que les llegaban de compañeros muertos y salió a la calle, donde fue reconocido por oficiales de la policía y lo balearon.

Otro de los conocidos que intervino fue René Ramos Latour que se encontraba en Santiago de Cuba y dirigió el ataque al cuartel de Boniato. Se caracterizó durante la época de la Sierra Maestra, por ser el principal opositor a las ideas marxistas de Ernesto “Che” Guevara; no se llevaban bien dentro del movimiento guerrillero, por ser René un demócrata.

En el centro del país, Antonio Finalet Torres fue capturado y asesinado unos días después, la dictadura como un homenaje a su lucha, le puso su nombre a un central en Sagua la Grande, pero ya ni ese recuerdo queda, porque en el año 2005 fue desarmado y puesto en desuso.

Aunque no llegó a participar en la huelga, sí formó parte de su preparación. Concebía el sabotaje, la bomba, como un acto político, tiene un parque con su nombre en la Plaza del Vapor (Águila entre Dragones y Reina), era conocido como “El Curita”, su nombre Sergio González. El apodo le viene por haber ingresado en una escuela eclesiástica para hacerse sacerdote; pero al parecer Dios salió de su alma y se convirtió en el principal activista de las acciones terroristas en la capital.

El hoy general de Cuerpo de Ejército Joaquín Quintas Solá también participó en la huelga, en Santiago de Cuba que era entonces la capital del oriente del país. Obligó a cerrar los comercios en la zona que abarca dese la calle Trocha hasta el Parque Céspedes, llegó hasta poder desviar el tránsito.

El sonido de las bombas, los fuegos, los sabotajes, los asaltos a mano armada y las acciones combinadas entre la guerrilla y la clandestinidad, caracterizaron este fatídico día que llenó de sangre el suelo cubano, no solo la de los miembros del Movimiento 26 de Julio, también los policías de Batista y muchos ciudadanos inocentes que no tenían por qué haber muerto.

Ni siquiera los lugares que fueron objeto del terrorismo de estos “revolucionarios”, eran propiedad estatal. En la capital se asaltó la armería de La Habana Vieja; se hicieron sabotajes a la red eléctrica; paros de transporte. En Matanzas se irrumpió en la emisora provincial de radio y en el municipio de Jovellanos se descarrilaron trenes; también sabotearon la planta eléctrica de Ciego de Ávila.

En particular en Sagua la Grande, antigua provincia de Las Villas, tenían como meta paralizar toda la ciudad y mantener el comercio cerrado. En Tacajó, Holguín, se quiso provocar el paro del central y sus colonias, pero se cometió el error de considerar que acciones de milicias, mal armadas, podrían hacer detonar un movimiento de masas. Un destacamento de soldados que fue enviado desde Banes, quiso ser sorprendido al cruzar un puente de Entronque Rey que se iba a volar con dinamita; pero no les dio tiempo para ejecutar esta acción que hubiera dejado cientos de víctimas.

Con antelación en varios lugares de la zona, de gran afluencia de público, se produjeron apagones, se regaron puntillas y grampas para dificultar el tránsito de vehículos. Se ejecutó un sabotaje a la línea férrea de Madama que consistió en correr los carros -depositados allí- hasta la carretera para atravesarlos y de esta forma interrumpir la vía. Como tenía que suceder, la acción fracasó, el único central en huelga, el aparato represivo de la costa norte de oriente se hizo sentir en aquel momento.

Por otra parte, en la zona de Vueltas y Camajuaní, en el centro del país, se llevaron a cabo acciones de sabotaje, como la voladura del puente sobre el río Camajuaní.

Se podrían seguir relatando anécdotas y mencionando nombres de los involucrados en este lúgubre día que el “régimen” quiere hacer ver como una actividad necesaria para derrocar a la dictadura de Batista. Pero ni en las escuelas, ni por los noticieros cuenta la verdadera historia de lo que pasó durante esa jornada en el país. No hay una lista de las víctimas, pero algún día se podrá confeccionar la de los victimarios, algunos muertos que después fueron convertidos de “terroristas” a “mártires de la Revolución”.

Algunos padres tienen que pasar por el amargo momento de que sus hijos rindan homenaje en las escuelas a estas personas sin escrúpulos que pusieron en peligro la vida de tantos cubanos. A su favor cabría decir que la gran mayoría desconoce la verdad histórica. Los nombres con los que fueron designados algunos centros educacionales y otros lugares, deberán ser cambiados, en un país democrático no se le rendirán honores a los terroristas.

Como tenía que suceder, la huelga fracasó, el aparato represivo del gobierno de Batista, se movilizó de forma rápida y la neutralizó; pero dejó grandes lecciones para la historia, que alguna vez podrán ser escritas y estudiadas por los niños y adolescentes cubanos en sus colegios, fuera del adoctrinamiento que convierte a estos asesinos en nobles ciudadanos.