Sombras nada más en la violencia de género Cubanet

(Foto: sumedico.com)

LA HABANA, Cuba.- La violencia de género es hoy uno de los temas más publicitados en este país, aún marcado por el machismo acuartelado en su herencia cultural, pese a la equidad de roles en la sociedad. Insultos y humillaciones contra la mujer son vistos, en muchas ocasiones, como un comportamiento normal en una relación.

Los diversos medios de comunicación, todos bajo control estatal, visualizan y abordan este fenómeno desde el comportamiento individual de retrógrados, abusadores y trogloditas anclados en un pasado patriarcal, y no a partir de los desniveles sociales y las carencias colectivas que origina este modelo de país.

Además, el sesgo selectivo que se impone a la hora de atacar el problema de la violencia de género se ve bastante similar a las decisiones que se toman frente a otras problemáticas del escenario nacional, como suele suceder con las preferencias ideológicas, las orientaciones sexuales y el tema de la racialidad.

Sombras nada más

Golpizas y otros actos de violencia de género expuestos en sus diversas manifestaciones, constituyeron el leitmotiv para que 36 escritoras cubanas, a través de diferente tonos, estilos y formas narrativas, escribieran el similar número de textos compilados por Laidi Fernández de Juan, que integran la antología Sombras nada más, (Ediciones Unión, 2015)

Escrito por autoras de varias generaciones, nacidas entre el los años 1932 y 1985, el libro transita por una amplia gama de actos de violencia contra la mujer, cometidos en diversas épocas y escenarios del país, y se convierte, por su diversidad conceptual y de matices, en una contundente denuncia contra un flagelo que aumenta cada día el número de víctimas en nuestra sociedad.

En una definición del argumento del libro, Zaida Capote escribe en la presentación: “la violencia es real, y a menudo mata; y antes de matar, ocasiona mucho dolor y genera tristeza, infelicidad y desazón continuas”.

Por su parte, Helen Hernández señala en la contraportada: “Cada vida de mujer parece estar marcada por una agresividad que, ya sea explícita o encubierta en urdimbre simbólica, el orden social de los géneros nos impone (…) mostrándonos como víctimas o victimarias, desde complejos puntos de vista, sobre el cielo de la violencia y develando espinosos matices para las emociones humanas”.

Sin embargo, ninguna de las escritoras nacidas entre los años 50 y 80 abordan en su relato la violencia sufridas por cientos de mujeres a manos de otras féminas convertidas en meros instrumentos de actos de repudio, sin averiguar quiénes eran o son, qué hacían o hacen para ser ultrajadas por quienes, aun siendo de igual género y comprometidas a defenderlas, las excluyen o atacan.

Otras miradas selectivas

No parece casual que en un contexto donde se diversifican y multiplican los proyectos encaminados a llamar la atención y poner fin a la violencia contra la mujer, exista un sesgado sector femenino al que no llegan las voces y miradas que asumen desde las instituciones estatales o la individualidad, estos promotores del respeto ajeno que dicen defender la igualdad de género.

Rochy Ameneiro, quien lidera [email protected], proyecto musical pensado para fortalecer una cultura de paz a través de una campaña constante contra la violencia de género, ¿desconoce que cada domingo un grupo de mujeres son injuriadas, golpeadas y detenidas en calles u hogares de Holguín, Bayamo; o Colón, Lawton, el Diezmero y Luyanó, en la capital?

¿No sabe que quienes gritan, arrastran y tiran del pelo a estas mujeres son otras que, bajo el mando de la policía, la Seguridad del Estado y las organizaciones de masas del país ―supuestas defensoras de la igualdad para todos―, tal vez sean parte de [email protected] u otro proyecto similar?

¿O es que acaso el escarnio, las detenciones arbitrarias y los golpes propinados por autoridades del régimen y sus seguidores a un grupo de mujeres que disienten de la ideología oficial e integran el grupo pacifista Damas de Blanco, no califican como actos de violencia de género?

¿No son madres, hermanas, esposas, quienes cada domingo exigen y ejercen su derecho a marchar, pedir reformas y libertad para presos políticos, o cambios en el país? ¿No dijo Rochy Ameneiro “tenemos que ser valientes”, en una entrevista concedida a la revista feminista digital Alas Tensas?

Y qué decir de las prostitutas, vendedoras ambulantes y otras buscavidas de otras provincias y de la capital, quienes son maltratadas, zaheridas en su condición de mujer en desventaja social, ante las amenazas de deportación, el chantaje y otras coerciones que les prodigan por igual los proxenetas, policías, inspectores y empleadores ante la indiferencia de las autoridades del país.

Por eso resulta poco creíble que no haya confabulación política, hipocresía y selectividad a la hora de realizar denuncias contra la violencia de género en Cuba, cuando quedan fuera de los spots televisivos, los programas de la FMC, o de otras campañas o libros, la presencia de estas mujeres, que a la posible violencia de un esposo celoso o borracho deben sufrir la del Estado también.

Programas radiales y televisivos, campañas publicitarias, espectáculos artísticos y libros, creados, diseñados o escritos con el propósito de denunciar y detener la violencia contra la mujer, terminarán en fracaso si persisten en atribuir este comportamiento a una herencia histórica o genética y no se resuelven las insatisfacciones de todo tipo que generan este sistema social.

La violencia de género no tiene ideología, raza ni religión, por lo que cada enfoque debe ser inclusivo y abordado desde una mirada colectiva, donde las sombras de todas las mujeres victimizadas, queden iluminadas por la denuncia y la comprensión, para que, “nada más”, sean un mal recuerdo en Cuba

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